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El balcón sobre la aldea, el río y el lago. (Foto de Nora Mazzini)

Villa Meliquina, donde los “no” hacen la diferencia

Tiempo estimado de lectura: 3 minutos Villa Meliquina es una aldea patagónica generosa con el turista. Agreste, en lugar de comodidades típicas ofrece naturaleza en su esplendor.

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Tiempo estimado de lectura: 3 minutos

Por Nora Mazzini (mazzini.press@gmail.com)

A 40 km de la bella ciudad de San Martín de los Andes se encuentra una joya patagónica: Villa Meliquina. Un pequeño caserío que se acuesta entre los cerros, la desembocadura del lago homónimo y su río de descarga. Villa, lago y río, todos con el mismo nombre: Meliquina, que en lengua mapuche significa «cuatro puntas».

Villa Meliquina tiene una particularidad que comienza con el «no tiene» que espanta a muchos, pero que atrae a otros tantos. No tiene asfalto ni electricidad. Tampoco gas, agua o teléfono. No tiene televisión (ni por cable, aire o TDA), no tiene supermercado ni shopping, las calles no tienen nombre, no hay alumbrado público ni estaciones de servicio.

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Relax a orillas del río. (Foto: Nora Mazzini)

Los primeros pobladores se establecieron por los años ochenta, cuando la familia Steverlynck, decidió lotear una parte de su estancia. Sin prisa, pero sin pausa, se empezaron a vender los lotes que miden un mínimo de 1.000 metros cuadrados y no cuentan con ningún servicio. Y ese fue el gran atractivo: familias que llegaron de toda la Argentina en busca de silencio, seguridad, naturaleza.

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Sin una fecha iniciática, el pueblo ya cuenta con 50 familias estables, con niños nacidos en el poblado y unas 400 casas desperdigadas, muchas de fin de semana.

Hoy los pobladores y los turistas se abastecen de energía eléctrica con pantallas solares, molinos de viento y generadores. El agua llega en mangueras desde el arroyo que nace en medio de la montaña para algunos, otros consiguen hacer un pozo venciendo las resistencias del terreno pedregoso. Con la basura cada vecino hace selección, compost y disposición y le pide encarecidamente al visitante que se lleve sus desperdicios. El gas es en garrafas o chanchas. Se puede conseguir TV por satélite e Internet en los alojamientos. Pero recuerde el turista: no hay teléfono… o sólo un par de públicos en los dos almacenes más antiguos: la Proveeduría de Daniela y El Panal de Meliquina. Y también, muy importante, cargar combustible.

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Meliquina es una palabra de origen mapuche que significa «cuatro rincones». (Foto: Nora Mazzini)

¿Qué hacer en Villa Meliquina?

Pese a los tantos no, creció una aldea generosa para sus pobladores y para el turista: existen variadas posibilidades de alojamiento, desde un hotel de 4 estrellas hasta cabañas y lodges. Escondidos restaurantes y casas de té halagan los paladares más exigentes. 

Las cristalinas aguas del lago y del río son increíbles proveedores de diversión y experiencia. Actividades náuticas, paseos en kayak, windsurf y kitesurf se practican en la costa del lago, mientras que el río permite largas jornadas de pesca con mosca de bellos ejemplares de truchas (con devolución obligatoria) en todo su recorrido. Trekking en los bosques de pinos, cabalgatas y, para los más osados, el ascenso al Cerro Ventana, la vedette que separa las aguas entre los que subieron y los que no. 

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El Cerro Ventana reina sobre la aldea. (Foto de Nora Mazzini)

Como si fuera poco, los alrededores reclaman otros paseos: el lago Filo Hua Hum, que cuenta con un cómo camping organizado, los rápidos del Caleufú y Casa de Piedra, con sus sobrecogedores paisajes rocosos.

Y para el happy hour, Cervecería Nuske, la cerveza más premiada de Neuquén que ostenta también premios nacionales e internacionales.

¿Cómo llegar?

Una de las alternativas es por la Ruta Nacional Nº 40, saliendo de San San Martín de los Andes, por la Ruta de los 7 Lagos; a unos 25 kilómetros se toma la Ruta Provincial 63 para recorrer unos 15 kilómetros de ripio. La otra alternativa es tomar la misma Ruta 63 desde Confluencia, recorriendo unos 53 kilómetros, siempre de ripio, y pasando por el bellísimo Paso del Córdoba. Esta ruta en invierno es muy complicada y de poco mantenimiento, por lo que es importante consultar antes su estado, ya que la nieve suele ocasionar inconvenientes en la transitabilidad.

Villa Meliquina es un pueblo inmerso en la montaña y en armonía con la naturaleza que reclama mucho esfuerzo, trabajo, paciencia y amor. Pero devuelve ese amor en paisajes de ensueño, noches estrelladas e invaluables experiencias.

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