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Vestir el pie izquierdo, el desafío de la inclusión en la moda

Tiempo estimado de lectura: 5 minutos

Por Bárbara Guerschman (barbara.guerschman@gmail.com)

Había muchas cosas que Christy Brown podía hacer con su pie izquierdo para crear moda: pintar sus obras, colocar un disco de ópera en el tocadiscos y hasta patear una pelota para hacer un gol, en un partido improvisado en su barrio natal de Dublín, Irlanda.

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Daniel Day-Lewis como Christy Brown en la multipremiada ‘Mi pie izquierdo’.

Todo, las limitaciones -consecuencia de su parálisis cerebral- y las potencialidades, son encarnadas magistralmente por el actor Daniel Day Lewis en la película ‘Mi pie izquierdo’ (1989 – Director: Jim Sheridan), papel por el que ganó el Oscar a Mejor Actor en 1990.

¿De qué forma un diseñador podría conceptualizar y confeccionar una prenda para que Christy pudiera seguir realizando sus actividades, tuviera movilidad en ese pie tan especial y a la vez le proporcionara abrigo? Todo un desafío para la labor proyectual que es estudiada por la economista Selediana Godinho.

Esta investigadora, doctora en sociología, forma parte de un proyecto interdisciplinario que se desarrolla en la Universidad de Flores (UFLO): ‘Experiencia en el comportamiento del consumidor’.

Godinho, quien proviene del campo de la Economía, se adentró a la temática de la ropa inclusiva a partir de una situación personal: «mi intención siempre fue estudiar el comportamiento en las empresas, pero cuando empecé la maestría, justo mi hermano se hizo una cirugía bariátrica, el cinturón gástrico (también llamado bypass gástrico) porque tenía obesidad mórbida. En ese entonces, estaba haciendo esta investigación tanto en Brasil como en Argentina. Uno de los temas más comentados por las personas en las entrevistas era sobre las prendas: el no poder vestirse ni poder entrar a un comercio, que no les entrara ni una pollera o camisa. Fedra Mauri, mi directora de tesis, quien trabajó la acondroplasia, también trató la temática de la vestimenta en su propio trabajo».

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Selediana Godhino.

En Argentina, las personas con algún tipo de discapacidad representan el 12,9% de la población total pero, según la investigadora, el mercado de la indumentaria deja de lado este subgrupo, con la falsa creencia de que el diseño para ese segmento no es económicamente viable. Como ella señala, las personas con discapacidad en definitiva «no van desnudas por la calle» y precisan vestirse como todos los demás.

«Vestíamos bolsas de papas»

Esta era una de las frases repetidas por el hermano de Godinho para referirse a la experiencia de ingresar a un negocio y tratar con los vendedores, quienes recurrían a la repetida frase «no hay talles para vos», que tanto han escuchado aquellos que no se adecuan al cuerpo hegemónico. Frente a las limitaciones en la oferta de prendas, las personas con discapacidad buscan generar soluciones. De esto habla con El Café Diario.

¿Qué significa esto?

Nosotros hablamos de una indumentaria adaptada, porque las personas con discapacidad ya adaptan las prendas todo el tiempo. La realidad es que no es común encontrar un negocio frente a la falta de marcas. En Argentina están Handy, para la discapacidad física, y Sonar, para la discapacidad visual. En Brasil, la indumentaria adaptada se convirtió en parte de la política pública y el gobierno de Sao Paulo organiza un concurso de moda inclusiva.

Ha comentado que las personas buscan soluciones respecto a las limitaciones en la oferta. ¿Cuáles son esas soluciones y limitaciones?

Por ejemplo, para la discapacidad física, las personas compran un pantalón y le colocan un elástico o le sacan los volados a las camisas. En el caso de una persona con autismo, está la cuestión de la sensibilidad, al punto que no pueden usar determinadas camperas por el roce y el ruido que pueden provocar ciertos tejidos en las personas. Después, y respecto a la discapacidad intelectual, la oferta de ropa se limita a los joggins.

La tecnología al servicio de la inclusión

En la actualidad, la llamada tecnología inteligente puede contribuir a brindar soluciones a las limitaciones señaladas, así como la inclusión a partir del uso de sensores, materiales biométricos y textiles electrónicos implementados en la rehabilitación.  

Al respecto, Selediana Godinho afirma que «las personas que tienen problemas de circulación en las piernas suelen experimentar mucho frío. Por lo tanto, precisan una prenda que genere calor y esa tecnología que se utiliza en los lugares más fríos. La computación vestible es uno de los términos que se utilizan para hablar de esa tecnología que está más presente en el campo médico para la rehabilitación y los tratamientos médicos, aunque menos para la vida cotidiana. Están las medias para las personas con diabetes«.

Son muchos los prejuicios y los errores al hablar de la discapacidad. La entrevistada lo sabe: «es preciso señalar que la discapacidad es una condición; no implica que la persona esté enferma. Recuerdo que entrevisté a un hombre que asistía a clases que se dictaban a la noche, que tenía mucho frío, y señalaba que no quería ir con mantas. «Quiero un pantalón que me genere calor y sea confortable», decía. Las calzas térmicas le apretaban mucho, quería algo que fuera funcional y que tuviera estética».

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Selediana Godhino: «La discapacidad es una condición, no implica que la persona esté enferma».

Soy linda porque soy linda

Más allá de la tecnología, hay una cuestión humana a considerar que es la autopercepción. Más precisamente, cómo las personas con discapacidad se ven a sí mismas y cuáles son sus pretensiones respecto a la forma en la cual quieren vestirse. «He hecho entrevistas en centros de día, con personas con discapacidad intelectual, y me mostraban sus manos «mirá, yo me pinto las uñas», como diciendo «a mí me interesa la estética». Les preguntaba para qué se pintaban las uñas y respondían «porque tengo novio y me gusta vestirme bien para él». Entonces es una creencia que a las personas con discapacidad no les interesa la ropa, que no puedan ser bonitas o no se consideren así«.

Además, entra en juego el concepto de belleza. Cuenta Godinho que «una mujer me dijo «soy una mujer tan linda», pero la gente le dice «lástima que está en una silla de ruedas», y ella replicaba «¿qué cambia? ¿soy yo o soy la silla? Yo soy linda porque soy linda, no soy mi silla, soy yo». Otra cuestión para señalar es que las personas entran a los negocios pero no se pueden probar las prendas y tienen que llevárselas a la casa. Quiero comprar en una determinada marca que me gusta pero no hay ropa para mí y no me las puedo probar ahí».

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Es un prejuicio pensar que a las personas con discapacidad no les interesa la ropa.

Son las creencias, sumadas a los estigmas y estereotipos, las que llevan a pensar que las personas con discapacidad no forman parte de la economía, lo cual supone asumir consecuentemente que no trabajan, viajan o salen a la calle. Godinho acota que es estigmatizante y discriminatorio suponer que habitan un planeta diferente, como si Christy Brown nunca hubiese vivido en Irlanda ni escrito su relato autobiográfico titulado ‘Mi pie izquierdo’.

No se trata, concluye ella, de realizar un diseño enteramente diferente, sino de incorporar ciertos elementos como un velcro o botones con imanes para concretar, finalmente, la inclusión.

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