Tribus de crianza, una revolución silenciosa

Tiempo estimado de lectura: 3 minutos La maternidad se ha vuelto solitaria para las mujeres modernas. Frente a esto, las tribus de crianza ofrecen sostén y son un espacio para derribar falsos mitos.

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Por la Dra. Carina Krasnoff (carinakrasnoff@live.com.ar)

La maternidad se relaciona íntimamente con aspectos instintivos de nuestra naturaleza mamífera. Así, el puerperio es una etapa meramente emocional. Cuando se le otorga tan poco espacio, cuando se lo convierte en un tiempo sin tiempo, pueden aparecer dificultades en la crianza.

Si bien vivimos en sociedades que priorizan el intelecto, la productividad laboral y el reloj por sobre nuestra naturaleza, es la fusión emocional con nuestro bebé lo que nos invita a criar en salud. Y el intelecto poco importa.

Mitos, prejuicios e imposiciones

Si hablamos de que la maternidad es disponibilidad física y emocional, hablamos de altruismo sin medida. Y claro, el ego no es bienvenido.

Al comprendernos en este estado particular, tan diferente a nuestra vida anterior, encontramos la necesidad de ser acompañadas por otras mujeres. Acá es donde cobran importancia vital los grupos o tribus de crianza.

En ellos se trabaja sobre los prejuicios impuestos, los mitos erróneos sobre crianza y las imposiciones de la sociedad e incluso de los profesionales de la salud, que exigen por sobre la naturaleza mamífera.

Allí las madres nos damos permiso para reconocernos en este estado primal y particular que es el puerperio, y para bailar sus ritmos internos, tan propios como su huella digital. Compartir esa danza entre mujeres nos brinda alivio y nos despoja de los mandatos imposibles de cumplir, al menos hoy.

Maternar en soledad

Madre y autora de diferentes estudios dedicados a la sociología de la maternidad y la crianza, Carolina del Olmo es una reconocida filósofa madrileña y directora de cultura en el Círculo de Bellas Artes de Madrid. Uno de los temas que pone sobre el tapete en su libro ‘¿Dónde está mi tribu?, editado por Capital Intelectual, es la angustia que nos trae a las madres cuidar a un recién nacido. Lo describe como una situación en la que generalmente nos sentimos muy solas.

Las mujeres modernas pasamos horas y horas maternando en soledad. Una soledad impuesta por algo creado por nosotros, los profesionales de la salud, hace ya casi un siglo. La maternidad científica, que está repleta de falsas creencias sobre la crianza, y que ha alejado corporalmente a las madres de sus bebés y de sus ciclos naturales de maternaje.

La crianza en soledad es alienante. Se corre el riesgo de desconectar emocionalmente en forma temprana con los bebés y, como consecuencia, desestimar la lactancia.

La realidad es que las mujeres no estamos diseñadas para criar en soledad.  Por ese motivo, desde épocas remotas lo hemos hecho entre mujeres y en tribu. Como dice un antiguo proverbio africano, «para criar un niño se necesita una tribu entera».

En los llamados grupos de crianza o tribus, se compensa esa soledad impuesta por la sociedad y funcionan como sostén. Madres reunidas compartiendo sus situaciones de vida, se acompañan y sostienen, se estimulan y arman en red. Se brindan confianza unas a otras.

Un espacio para normalizar la crianza

Actualmente, y en varias partes del país, las rondas de crianza se están haciendo online para que las madres no pierdan su tribu y se sientan acompañadas. Lo hacen de una manera diferente pero posible, porque se necesitan.

«Ya no sé cómo calmar a mi bebé». «Mi compañero/a no me entiende». «Estoy muy sola». «No sé por qué lloro, debería estar feliz». «Nadie me dijo que ser mamá iba a ser así». Compartir estas emociones con otras mujeres brinda el alivio de normalizar la crianza. Quienes participan de estos grupos se cuidan entre sí, generan un nuevo paradigma, una revolución silenciosa.

El programa provincial ‘Crianza en tribu comenzó en Rio Gallegos en 2015 como una ayuda para la preparación integral hacia la maternidad y paternidad. Allí se trabaja con la modalidad de taller/grupo, generando espacios de reflexión y encuentro. Según describe el medio digital TiempoSur, estos grupos tienen gran aceptación por parte de la comunidad.

En la actualidad, este proyecto de acompañamiento y fortalecimiento en el maternar y paternar de las familias también se realiza en Puerto Deseado, Río Turbio, Caleta Olivia, Puerto Santa Cruz y Los Antiguos. Está a cargo de la licenciada en nutrición Gisela Barragán, la licenciada en obstetricia Nelly Herrera, y las licenciadas en psicología Julia Arias y Noelia Sanz.

Acunar y ser acunadas

En una sociedad que permanentemente prioriza las necesidades de los adultos, las madres mantenemos a nuestras crías cerca de nuestros cuerpos, brindando calor, sostén, alimento, confort y bienestar permanente a nuestros hijos. Priorizamos sus necesidades básicas y nos concentramos en el hoy, aquí y ahora. Interpretamos los ritmos de sus naturalezas salvajes.

«Para sostener y acunar al niño, necesitamos indefectiblemente ser sostenidas y acunadas», dice con mucha razón la terapeuta y escritora argentina Laura Gutman.

El puerperio representa una magnífica oportunidad para bucear dentro de nosotras mismas. Confrontar los dolores, miedos, fantasmas y el deseo de escapar corriendo. Un camino valiente que es mucho más fácil de transitar abrazadas entre mujeres, en tribu.

El tiempo de crianza es tiempo sagrado. Es inversión a largo plazo en salud para nuestras familias y para la sociedad entera.

La Dra. Carina Krasnoff es médica pediatra de la Universidad de Buenos Aires (MN 90.954), Consultora Internacional en Lactancia Certificada ( IBCLC – International Board Certified Lactation Consultant) y doula de Puerperio y Crianza.

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