Trabajadoras domésticas, víctimas invisibles de la pandemia

Tiempo estimado de lectura: 6 minutos Por la cuarentena, 20 mil trabajadoras domésticas registradas y unas 30 mil que permanecen en negro, se quedaron sin empleo. Cómo será la recuperación de un sector invisibilizado.

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Por Federico Esteban (federicoeest@gmail.com)

Uno de los tantos sectores afectados por el confinamiento decretado por el Gobierno para contener el avance de la pandemia de coronavirus, ha sido el de las trabajadoras domésticas. Y más aun, aquellas que no se encuentran registradas, las cuales representan alrededor del 70 por ciento del total de mujeres que hacen esas tareas.

Pese a la sanción de la Ley de Trabajo en Casas Particulares (N° 26.844), reglamentada el 3 de abril de 2013, la alta informalidad del sector se ha mantenido de modo tal que, en medio de la emergencia sanitaria en la que se ve envuelto el país, la mayor parte de las empleadas domésticas padece el abuso de autoridad por parte de sus empleadores, que se traduce en la falta de remuneración a pesar de no poder asistir al lugar de trabajo.

Golpeadas por la pandemia

Según la normativa aprobada durante la presidencia de Cristina Fernández de Kirchner, toda trabajadora de casas particulares debe estar registrada ya que antes de la ley, solo se exigía que lo estén aquellas que realizaban actividad más de cuatro días a la semana. No obstante, como otras tantas disposiciones, el cumplimiento total está lejos de lograrse.

«La pandemia golpea mucho a las empleadas domésticas. Desde que se estableció la emergencia sanitaria en Argentina y con la imposibilidad de circular e ir a trabajar, eso afecta a un montón de trabajadoras que todos los días iban a trabajar y a cumplir con su tarea», dice Carlos Brassesco, apoderado del sindicato Unión del Personal Auxiliar de Casas Particulares (UPACP).

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En ese sentido, el abogado relata cómo la cuarentena repercute principalmente en las empleadas no registradas. “A muchas las suspendieron o les quisieron trastocar las vacaciones por el período de aislamiento. A otras les quisieron compensar el pago con el cobro del IFE, es decir, en vez de pagarle 20 mil pesos, les querían pagar 10 mil para que eso se sumara al cobro del IFE. Todas esas argucias fraudulentas se viven en esta realidad”, explica.

Sin trabajo por la cuarentena

Como consecuencia de las condiciones sanitarias que imperan en el país, el Ministerio de Trabajo de la Nación ha comunicado que alrededor de 20 mil trabajadoras domésticas registradas se han visto afectadas en los primeros cuatro meses del año. Al respecto, Brassesco indica que «eso no significa que las despidieron, sino que en muchos casos no presentan aportes porque el cálculo lo hicieron según el nivel de aportantes».

En esa línea, el abogado analiza el dato y sostiene que «ahora, si proyectamos esos datos con las trabajadoras en negro, podría decirse que hay hasta 50 mil trabajadoras en total privadas de su empleo. Hay que tener en cuenta que de las trabajadoras en negro no se tiene un índice estadístico tan preciso, entonces bajo ciertas pautas, se puede estimar eso».

El impacto causado por la restricción de actividades en las empleadas de casas particulares ha quedado reflejado en el estudio realizado por el Programa Salud, Subjetividad y Trabajo de la Universidad de Lanús y por el Centro de Estudios e Investigaciones Laborales (CEIL) del Conicet.

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El informe da cuenta que sólo el 33,1% de las 635 trabajadoras consultadas en todo el país entre abril y mayo, ha recibido el salario correspondiente por parte de sus empleadores. Asimismo, 5 de cada 10 personas de este sector vio empeorada su situación laboral desde que se inició la pandemia en el país. Mientras que un 55% de las consultadas respondió que no tiene un segundo ingreso.

Testimonios de trabajadoras

María tiene 58 años y vive en Caseros, partido bonaerense de Tres de Febrero. Ella es una de las tantas empleadas domésticas perjudicadas por el parate de actividades. «Desde que empezó la cuarentena, directamente no pude ir más a trabajar porque suelo ir a casas de adultos mayores y me dijeron que no vaya. Estuve muchos meses sin trabajar. Algunos de ellos me pudieron pagar, otros me pagaron la mitad y otros directamente no se hicieron cargo de nada», comenta.

La falta de ingresos ha afectado su nivel de vida, el cual ya era apremiante antes de la emergencia sanitaria, de tal manera que tuvo que cambiar ciertos hábitos alimentarios. «En mi familia tuvimos que cambiar la manera de acomodarnos con las comidas. Antes de la cuarentena, a la noche siempre cocinaba de más para comer al día siguiente en el almuerzo, pero eso ahora lo volvemos a comer a la noche. Y al mediodía nos arreglamos con unos mates, y algo menos elaborado», precisa María.

Empleadores abusivos

«Una mayoría de los empleadores, no todos porque hay algunos que han cumplido como corresponde, han abusado de sus derechos», asegura Brassesco sobre el rol de los encargados de contratar al personal doméstico. «Los empleadores indudablemente se consideran como si tuviesen una superioridad sobre las trabajadoras, a quienes de alguna manera disminuyen e incluso no las valoran como seres humanos», añade. De este modo, la informalidad supone condiciones desfavorables para dichas empleadas, como la remuneración injusta y la falta de derechos tales como aguinaldo, días por enfermedad y vacaciones pagas.

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María relata que tras más de cuatro meses de cuarentena, ha recibido el llamado de algunos de sus empleadores para ofrecerle volver a trabajar con el argumento de que «debemos aprender a convivir con el virus». Sobre el reinicio de la rutina, expresa que «en algunos casos me propusieron si quería volver y por supuesto les dije que sí. La verdad no aguantaba más estar adentro. La venía pasando muy mal, no dormía bien, a la madrugada me despertaba. El encierro y la falta de dinero me bajoneaban».

Empleada y «en blanco»

Por su parte, Gladys, vecina del barrio porteño de Villa Lugano, es otra de las trabajadoras de casas particulares que vio interrumpida su situación laboral por la pandemia. No obstante, no ha sufrido el recorte de su salario ya que las familias que la emplean le pagaron el sueldo durante la cuarentena. «Trabajo en tres casas donde me tienen en blanco, es decir, tengo todos los aportes al día. Después trabajo en lo de una amiga, donde estoy en negro pero me paga bien», detalla.

«Estoy en contacto permanente con mis empleadores pero no quieren que vuelva hasta que se permita. Prefieren cuidarse y me piden que me cuide. Yo no tenía ningún problema, he hablado con ellos y les dije que tendría que pedir un permiso de circulación para viajar en colectivo, pero me han dicho que me quedara tranquila, que hasta que no pase todo esto, no hay problema en que no vaya», añade.

Y agrega que «me dicen que disfrute, que haga las cosas que tenga que hacer, que ellos se arreglan igual y que no voy a perder el trabajo. Lo lamento por aquellas que sí perdieron el empleo o no les pueden pagar».

«Otras la están pasando mal»

Gladys se percibe como una privilegiada en medio de la situación padecida por muchas mujeres que se dedican al mismo quehacer que ella. «Gracias a Dios, no la estoy pasando mal, pero lo que sí me preocupa es que me estén pagando sin trabajar porque me parece que no es justo, pero ellos insisten en que me tienen que pagar y lo acepto. Sé que otras mujeres la están pasando mal pero yo no me puedo quejar», señala, haciendo referencia a la preferencia de trabajar en vez de quedarse en su casa.

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Coincide María, que afirma que «me hizo muy bien volver a tener una rutina y también en la parte económica. Después de que pasamos tantos días de encierro, ahora uno se da cuenta de lo importante que es levantarse y salir a trabajar. Prefiero mil veces salir a trabajar que recibir un plan social». Mientras que Gladys dice que «no tendría ningún problema en salir a trabajar tomando todos los recaudos necesarios. Quisiera salir y dejar de estar encerrada porque no hace bien para nada».

El cobro del IFE

Tras más de 150 días de cuarentena pero con el virus todavía generando miles de contagios y decenas de muertos, no se vislumbra una posible solución para esta porción grande de personas tan desprotegida históricamente por los funcionarios gubernamentales y, en términos generales, también por los empleadores.

Pese a la decisión del Gobierno de implementar el Ingreso Familiar de Emergencia (IFE) para todos aquellos trabajadores informales entre los cuales se encuentra el personal doméstico (cabe indicar que sólo el 55,7% de las trabajadoras cobró el bono de 10 mil pesos, según el estudio del Conicet), la habilitación para este sector con el fin de retomar la actividad aun se hace esperar. «Hemos hecho un protocolo de retorno al trabajo seguro y lo presentamos en el Ministerio. Otras alternativas no se han presentado. Hoy en día, como todos los contactos son virtuales y no presenciales, se complica un poco más la cosa», reconoce Brassesco.

Respecto del protocolo, María ya lo ha puesto en marcha. «Cuando trabajo, tengo mi barbijo, me la paso poniéndome alcohol en gel, me ponen alcohol en las zapatillas, y mantenemos la distancia que se debe», describe. Consultada sobre si tiene miedo de contagiarse, su respuesta es categórica. «No tengo miedo porque me cuido, y también las otras personas. Aparte no estoy en contacto porque a veces estoy sola en las casas donde trabajo», asegura.

Después de tantísimo tiempo, antes y durante la cuarentena, este sector merece ser visibilizado de una vez por todas y sin la ayuda de declaraciones desafortunadas de ningún personaje mediático.

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