«Te sigo, luego existo», la búsqueda incesante de la aceptación

Tiempo estimado de lectura: 3 minutos «Te sigo, luego existo». Miles de personas obsesionadas con ser aceptadas en tiempos de relaciones virtuales. El pulso constante entre megusteo y frustración.

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Por Bárbara Guerschman (barbara.guerschman@gmail.com)

Lacie es una mujer que vive en un mundo donde las personas son puntuadas de acuerdo a su reputación, basándose en un sistema en el cual la máxima calificación consiste en cinco estrellas y la menor es una estrella. Mediante una aplicación instalada en el celular conectada, a su vez, a un implante ocular, Lacie puede puntuar a otros a la vez que ser puntuada y este sistema de calificación ejerce efectos decisivos en su vida: conseguir un trabajo, un determinado bien, una ubicación en un avión o un tratamiento médico.

Con su sonrisa cuidada, su peinado prolijo acompañada de una vestimenta impecable, la existencia de Lacie gira en torno a las puntuaciones obtenidas y las que pretende conseguir. Ella vive en un barrio residencial pulcro, que hace recordar al vecindario artificial construido para la película ‘Truman Show’.

En este barrio, exhibir una actitud servicial y amable al interactuar con otros, aunque sea fingida, incrementa las estrellas y el prestigio mientras que los exabruptos y ataques de furia contribuyen a restarlas hasta llegar a un nivel tal que convierte a las personas en parias sociales. El objetivo principal de Lacie consiste en adquirir un departamento de lujo y, puesto que su calificación no le alcanza para hacerlo, un consultor le aconseja interactuar con personas que incrementen su calificación asigándoles las ansiadas estrellas.

El mundo de esta mujer, que se caracteriza por una pulcritud exasperante, corresponde a un capítulo de la serie futurista británica ‘Black Mirror’. Tras concluir el episodio, el espectador puede suspirar alivado, confiado que se trata de una ficción. No hemos llegado todavía al extremo de vivir obsesionados con las puntuaciones, alertas del efecto que puede generar en nuestra cotidianeidad. El alivio, sin embargo, no es total.

Las apps y el control de la apariencia

Cuando se habla actualmente de “seguir” a alguien, es preciso remitirnos a una conocida aplicación a la vez que red social. Instagram que se caracteriza por la exhibición continua de fotografías y videos, combinados con textos. Respecto a las imágenes, su aspecto puede ser alterado utlizando diferentes tipos de filtros. Cada usuario cuenta con un número variable de “seguidores” quienes, ante una determinada fotografía o historia, tienen la opción de manifestar su agrado u aprobación con la función “like”. En relación a las múltiples funciones de Whatsapp, un servicio de mensajería instantánea para teléfonos celulares inteligentes, el usuario puede ser testigo de los cambios de estado de otros individuos o “bloquearlos” obstaculizando el intercambio de mensajes.

En estrecha vinculación con Instagram, las aplicaciones Instafollow y Xprofile ofrecen al usuario una serie de datos numéricos que se actualizan constantemente. Cantidad de personas que lo siguen o dejaron de hacerlo, el número de seguidores mutuos, las personas que lo bloquearon e ingresaron a su perfil o vieron las historias, etcétera. Abonando un plus, es posible saber además quienes son testigos de sus historias. Asimismo y en relación a Whatsapp, la aplicación ServeRap ofrece las siguientes funciones: avisar cuando un contacto está -o no- en línea, saber si un determinado contacto bloqueó a otro o cambió su fotografía de perfil.

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Me sigue, no me sigue, me obsesiono

En el curso del capítulo titulado “Nosedive” ya señalado, Lacie experimenta una creciente ansiedad al ver que ciertas acciones suyas generan un franco desagrado entre sus conocidos y contribuyen consecuentemente a restarle puntuación. Su pulcra apariencia, combinada con una auto contención en la conducta, se desvirtúa progresivamente hasta llegar a una situación trágica.

¿En qué medida se puede alterar nuestra vida si alguien nos bloquea o deja de seguirnos? ¿Es un escenario posible el descalabro que transcurre en el capítulo? Lo es si tenemos en cuenta la ansiedad que les genera a algunas personas verificar el ansiado “like” en sus perfiles.

De acuerdo a tres psicólogas entrevistadas en un artículo de la revista ‘Vogue’, en su edición española, son varios los indicadores que pueden evidenciar una adicción a las redes. Observar de modo constante y obsesivo los cambios de estado en los perfiles de las redes sociales como la cantidad de likes o lo que publican los conocidos u otorgar compulsivamente un “me gusta” a todas las publicaciones de conocidos.

El capítulo de la serie retrata, quizas de forma exagerada, lo que sucede en el comienzo del presente milenio. La obtención del prestigio y la visibilidad social a través del predominio de la imagen. En nuestro tiempo, la influencia de las aplicaciones en general -y las redes sociales en particular- es tan marcada que la cotidianeidad se ha vuelto definitivamente virtual, articulada con los encuentros cara a cara. Todos los individuos son pasibles de llegar a ser como Lacie, alterada a la vez que atrapada por la búsqueda y pérdida de las estrellas, por la prosecución de aprobación ajena.

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