Ser universitario en tiempos de cuarentena

Tiempo estimado de lectura: 7 minutos 5 universitarios relatan cómo atraviesan estos tiempos de cuarentena. Clases virtuales y conexiones a distancia para no perder el cuatrimestre.

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Tiempo estimado de lectura: 7 minutos

Por Federico Esteban (federicoeest@gmail.com)

Incertidumbre es, quizá, la sensación que comparten todos los estudiantes de las diferentes universidades, públicas y privadas, en cuanto al inicio de clases. Lo mismo sucede con el nivel secundario y también, por qué no, con el primario. La irrupción del coronavirus, la pandemia y la cuarentena han trastocado los planes de todo universitario que se preparaba para volver a comenzar el ciclo lectivo. O continuarlo.

Y ahora, mientras el período de aislamiento social, preventivo y obligatorio rompe con la rutina de chicas y chicos, produciendo una alteración en la noción del tiempo percibido, mayor o menor, por toda psiquis humana, las autoridades intentan restablecer el equilibrio perdido. Porque el dictado de clases -presenciales, como el sistema indica y reivindica-, sufrió un parate que es necesario dejar atrás. Así, la tecnología, en sus diferentes vertientes, se presenta como la solución inmediata, o el camino ideal, al menos en el nivel universitario, para que se garantice la educación.

Amoldarse a la distancia

“El inicio de clases me tomó un poco perdida porque con la cuarentena perdés la noción del tiempo”, dice Belén Amici, de 24 años, que estudia Psicomotricidad en la Universidad de Tres de Febrero (UNTREF) y Licenciatura en Artes Escénicas en la Universidad Nacional de San Martín (UNSAM). “Me tuve que amoldar bastante al estudio a distancia porque no es lo mismo, y tuve que acomodar mi cabeza porque mi cuerpo estaba en mi casa pero mi cabeza tenía que estar en la cursada”, expresa sobre la nueva situación en la que se ven inmersos la mayoría de los estudiantes a partir de la suspensión de clases presenciales. 

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Belén Amici estudia Psicomotricidad en la UNTREF.

Ante tal problema, las autoridades de las distintas universidades del país decidieron poner manos a la obra. Imposibilitada la cursada tradicional vía cara a cara, gran parte de los profesores y profesoras comenzaron a comunicarse online con los alumnos y alumnas para dar inicio por medios alternativos al cuatrimestre trastocado. “En el caso de la UNSAM, el director de la carrera y toda la institución estuvieron haciendo cosas para que las clases siguieran adelante. De hecho, nos llegó un mail del rectorado de la facultad dándonos la bienvenida. Eso es muy gratificante porque te hace sentir parte y te dice que hay gente preocupándose para que uno continúe con sus estudios”, indica Belén sobre su arranque de año lectivo. 

Sentimientos encontrados

Matías Martínez, por su parte, es estudiante de Periodismo de la Universidad Nacional de Avellaneda (UNDAV). Como tantos, se vio perjudicado por la pandemia y la cuarentena. Sin embargo, también como otros tantos, pudo, de alguna manera, recomenzar su cuatrimestre. “El contacto que tuve hasta ahora es escaso y raro porque uno se imagina las clases de manera presencial. Igual, me gusta seguir la carrera virtualmente, pero llega un punto en que querés ver al profesor y a tus compañeros”, afirma sobre los sentimientos encontrados que genera la actual situación. 

“Yo me anoté en materias que son para leer. Lo único que no voy a poder hacer es ir al lugar donde ponemos a prueba lo que nos enseña la cátedra. Pero por suerte, una parte de la teoría nos la adelantan y eso es positivo”, continúa Matías, de 30 años, quien también tiene un programa de radio en ‘Radio de Salón’.

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Matías Martínez estudia Periodismo en la UNDAV.

El testimonio del joven introduce una segunda problemática para los estudiantes de carreras con un alto componente práctico. Alumnos de Arquitectura o de Diseño Gráfico, por ejemplo, se ven doblemente afectados por el momento caótico que atraviesa el mundo. En este sentido, Matías reflexiona: “está bueno que vayamos ganando tiempo en cuanto a contenidos teóricos. No me imagino como será el caso de los estudiantes que se anotaron en materias prácticas, porque ahí hay una parte que no se puede evaluar «. 

Julián Rodini es uno de ellos. Estudia Diseño Gráfico en la Facultad de Arquitectura, Diseño y Urbanismo (FADU), de la Universidad de Buenos Aires (UBA). “El titular de la carrera nos envió un comunicado contando la situación actual y sobre cómo todo esto repercute en las carreras prácticas. Todos están de acuerdo en que no se puede dar una clase virtual”, relata sobre el obstáculo que padecen estos alumnos que necesitan del contacto presencial para corregir trabajos y entregas. “Al ser una carrera de diseño, no van a mandar solamente cosas para leer. Seguramente manden cosas para ver como películas, documentales o fotografías”, agrega Julián. 

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Julián Rodini cursa Diseño Gráfico en la FADU.

La facultad en el living

“Mi living se convirtió en el aula de la facultad”. La frase la emite Belén, quien admite que, después de la primera semana, se amoldó a la cursada a distancia, de manera virtual. “El vínculo en la mayor parte de las materias es a través de la plataforma Zoom. Está bueno, porque es una videollamada y podés hablar e interactuar con los demás; pero a la vez, lo que tiene de negativo es que es una plataforma paga pasados los 40 minutos”, cuenta la joven estudiante de Psicomotricidad. Así, pone de manifiesto la doble cara de la tecnología, realmente útil para acercar a personas lejanas, pero con ciertas limitaciones.

Belén explica que por estas limitantes el tiempo de las clases se ha reducido indefectiblemente, además de volverse “tediosa la conexión cuando no anda la plataforma”. Matías, se suma a la discusión sobre la tecnología, cuyo uso se ha potenciado durante la cuarentena con el desarrollo de videollamadas, videos vistos y juegos online. “Cómo resiste la tecnología. Ese es el problema acá. Si se satura o no. Si las videollamadas son buenas, o si son malas”, analiza el estudiante amante de la radio. Y en ese sentido, Belén detalla: “lo que sucede con las videollamadas es que cuando participan más de 40 personas se empieza a tildar”.

Instagram, YouTube y WhatsApp son otras herramientas virtuales que ha utilizado toda la comunidad educativa para hacer frente a la suspensión de clases. Nahir del Buey, estudiante de 27 años de la carrera de Comunicación Social de la Facultad de Ciencias Sociales (FSOC) perteneciente a la UBA, dice al respecto que “el primer contacto con el profesor fue a través de un mail. Nos pidió que ingresáramos al campus virtual y que a partir de ahí íbamos a tener algunos ejercicios para desarrollar” . Y agrega que “con los compañeros decidimos hacer un grupo de WhatsApp para que todo sea un poco más interactivo”.

Preocupa cómo será la calificación

Belén, por su parte, continúa contando su experiencia sobre el uso de plataformas digitales: “Algunos profesores deciden mandar clases grabadas a través de links de YouTube. Me pareció lo más práctico porque uno se toma el tiempo para ver el video y hacer las cosas de la facultad con el tiempo personal de cada uno”.

“Lo que me preocupa a mí es cómo nos van a calificar”, piensa en voz alta Matías. Al margen de las carreras prácticas que necesitan de la clase presencial para evaluar los contenidos y las entregas, estudios como Periodismo y Comunicación Social, es decir, licenciaturas con fuerte carga teórica, también se ven en la encrucijada de la evaluación. “De la carrera dijeron que no van hacer evaluaciones virtuales y que nada de lo que se haga a distancia virtualmente quita el peso que tiene lo presencial”, cuenta Nahir, quien se encuentra a una materia y una tesina para recibirse como comunicóloga. 

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Nahir del Buey estudia Comunicación Social en la UBA.

Por otro lado, el caso inverso a la experiencia general de los estudiantes por estos inciertos tiempos lo constituye Lucila Benito, de 31 años. Viviendo en la Ciudad de Buenos Aires, estudia a distancia la Maestría en Comunicación Digital Interactiva en la Universidad Nacional de Rosario. “Es una facilidad porque, al ritmo que manejo habitualmente, me costaría un montón si me tuviera que desplazar a un lugar para cursar”, sostiene sobre la educación virtual y a distancia.

“Si bien tiene alguna dificultad porque a veces las clases no son tan fluidas, está todo súper ordenado. Tenemos un horario en el que nos tenemos que conectar todos, las clases tienen un cronograma establecido desde principios de año, estamos todos en vivo y hay que cumplir asistencia igual que en una modalidad presencial”, describe. Y aclara que “es virtual y a distancia, pero no es libre ‘de hago lo que quiero cuando quiero’”.

Belén se suma al debate sobre el tiempo de dedicación a la cursada y al juego de relaciones que se entablan entre los estudiantes, y las obligaciones dictaminadas por las autoridades. “Pareciera ser que la cuarentena te da espacio y tiempo para todo pero al final no es así. Uno tiene que acomodarse a los momentos de conexión y a los momentos de estudio”

Adaptarse a las circunstancias

Así como la vida de los estudiantes se ha visto trastocada por la postergación de las clases hasta nuevo aviso -el rectorado de la UBA, por ejemplo, ya emitió la orden de comienzo de cuatrimestre para el 1° de junio, aunque no se sabe lo que harán las diferentes facultades pertenecientes a la institución-, la vida de Lucila se vería afectada si tuviera que cursar de manera presencial. “Me mataría”, sentencia sobre dicha posibilidad, y agrega: “La clave de todo esto está en pensar cuándo es algo que está armado para esa modalidad y cuándo no. Acá está todo organizado para que sea así”.

La decisión de implementar las clases virtuales y la educación a distancia en instituciones que se caracterizan por las clases presenciales y la educación cara a cara, constituye un parche que busca solucionar en lo inmediato un problema. A saber, la pérdida del cuatrimestre. “Uno se tiene que adaptar a las condiciones actuales y los tiempos virtuales que no son los mismos que los presenciales”, detalla Belén, mientras que Lucila afirma que “lo que está pasando ahora es que no están preparadas las cosas para cambiar de una modalidad a otra con tanta flexibilidad”.

Sin embargo, desde su punto de vista, la estudiante de la UNTREF y la UNSAM asevera: “Sin la tecnología, no podría estar atravesando esta cuarentena. Hay que saber estar disponible y adaptarse con flexibilidad a las cosas a pesar de las circunstancias”.

Circunstancias marcadas por el aislamiento social, preventivo y obligatorio, decretado por el gobierno nacional de cara a evitar la propagación del coronavirus. Circunstancias que marcan la vida universitaria de una gran parte de estudiantes, caracterizada por sobre todas las cosas por una sensación: la de la incertidumbre de lo que pasará mañana.

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1 comentario

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Si siempre va a ver miradas distintas. lo que si creo que nuestra sociedad no esta preparada para este sistema tando alumnos como docentes la gran mayoría vivimos en la incertidumbre lo que si no me parece justo que muchos quieran hacer patria considerandose los cerebritos salvadores del sistema educativo no teniendo en cuenta la realidad que vive cada familia no nos olvidemos que hay muchos estudiantes padres y madres incluso abuelos .me parece un acto de exclusión que no concuerda con el tiempo real que vivimos creyendonos solidarios. como lo ofrecen las pautas publicitarias

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