Septiembre, el mes de las hormonas, la primavera y el amor

Tiempo estimado de lectura: 3 minutos Más allá del folklore, razones científicas identifican a la primavera con el amor, ya que las temperaturas altas y la exposición al sol provocan una explosión hormonal, con aumento del deseo sexual.

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Por Federico Esteban (federicoeest@gmail.com)

Llega septiembre, se acerca la primavera. Mes y estación que van de la mano, como el mate y una tarde de sol. Y con ellos, llega el amor. Tal es la creencia de muchas personas que, no obstante, no se limita a una mera cuestión de fe sino que tiene su respaldo científico.

La primavera, que engendra septiembre, acoge octubre y consolida noviembre, trae consigo la posibilidad robusta de enamorarse. O, al menos, libera una serie de hormonas que propician el desencadenamiento, con mayor intensidad, del deseo sexual.

Más calor, más hormonas

Y el argumento esgrimido por los científicos es más o menos el siguiente. La tercera estación del año, caracterizada por temperaturas ambientales más elevadas y agradables, regala con mayor asiduidad días donde el sol le gana a la noche, es decir, la luz solar gana mayor exposición durante el día y la tarde se vuelve, imperceptiblemente, cada vez más duradera. Así las cosas, con el incremento del calor y la menor cantidad de ropa que utilizamos, la piel queda más expuesta a los rayos solares, por lo cual, aumenta la secreción de la vitamina D.

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Así lo indican los especialistas de la Universidad Médica de Graz, ubicada en Austria, quienes realizaron un estudio que demostró que la mayoría de los voluntarios con altos niveles de vitamina D presentaron mayor cantidad de hormonas. Algunas de las que tienden a aumentar sus niveles son la dopamina (regula el placer y la motivación), la oxitocina (amor), la serotonina (estado de ánimo) y las feromonas (atracción). De este modo y en estas condiciones, la atracción sexual y la sensación de enamoramiento tienden a volverse más proclives en primavera.

La explicación de la ciencia

Walter Ghedin, médico psiquiatra y sexólogo dice que «las emociones placenteras y el deseo sexual se encienden en las estaciones estivales. Motivación, hedonismo, entusiasmo, intensidad y una reducción del estrés son algunas de sus condiciones favorables. Ya se ha probado que el sol activa la secreción de neurotransmisores como la serotonina y la dopamina, que resultan proclives para el encuentro amoroso; y otras investigaciones recientes comprobaron que los niveles de testosterona aumentan considerablemente en estas épocas».

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Por lo tanto, la estación de las flores no promueve los encuentros íntimos o las ganas de dar rienda suelta al amor mágicamente. Las nuevas características climatológicas que trae consigo septiembre propician estímulos sensoriales recibidos por el ser humano que, en consecuencia, actúa o siente de una forma diferente a estaciones como el otoño y el invierno. La clave, como se mencionó, está en la producción de hormonas que, favorecidas por las características primaverales, activan sexualmente al organismo.

Qué es la dopamina

La dopamina es, entre todos los neurotransmisores (sustancias químicas que transmiten información de neurona a neurona), el más importante para desencadenar el deseo y las ganas de enamorarse. Producida en el cerebro, participa en varias funciones como el aprendizaje, la memoria, la motivación y la recompensa ante estímulos placenteros.

De esta forma, puede incitar a la repetición de conductas que nos dan placer como la alimentación, el sexo y las drogas. Dicha hormona, al incrementarse su producción en primavera, genera un aumento de la motivación y la energía, y por tanto, una entrega más liberal hacia el amor. Pero la base de todo ello es, como se dijo, la transformación de las condiciones ambientales impulsada por la estación de las flores.

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Primavera y cuarentena

En medio de delicadas circunstancias sanitarias, con la pandemia aún vigente en nuestro país produciendo sin cansancio malas noticias, llegó septiembre. Y con él, hace su arribo la primavera, lista para arrancar un día después de que venza la nueva extensión de la cuarentena establecida por el Gobierno.

Quizás, en una de esas, después de haber atravesado el otoño y el invierno, después de hibernar con el propósito expreso de cuidarnos, ese día, el 21 de septiembre, no sólo arranque la primavera. Puede que también empiece una nueva etapa, en la que las buenas noticias comiencen a florecer. Un día en que el umbral de la situación sanitaria del país varíe a tal punto que, mediante un encuentro social, debajo del sol o delante de un río, el pico del que tanto hablamos deje paso al protagonismo de un beso hacia esa persona que queremos.

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