Scaloni, entre contradicciones, interrogantes y desafíos

Tiempo estimado de lectura: 4 minutos El regreso de Angel Di María no disipa las dudas e incógnitas de Lionel Scaloni sobre la construcción de identidad de equipo de la selección.

Tiempo estimado de lectura: 4 minutos

Por Julio Jerusewich (jjerusewich@hotmail.com)

Angel Di María pegó dos gritos, golpeó la mesa y logró el efecto de la convocatoria por parte de Lionel Scaloni. Nos recordó a cómo Tévez  invadió el consentimiento de Sergio Batista previo a la Copa América de 2011. Al menos, esta vez no intervino la política, cómo en aquella oportunidad cuando Daniel Scioli, referente del Partido Justicialista, le sugirió a Alejandro Sabella la convocatoria del Apache para el mundial de Brasil 2014.

Después de declarar en el programa que conduce Martín Liberman por Radio Rivadavia que el equipo funcionaba bien sin Di María, Lionel Scaloni resolvió convocar al volante del PSG para la próxima ventana de eliminatorias. La duda que queda flotando es si lo hizo a instancias del ruido de las declaraciones del mediocampista y a contramano de sus convicciones, o porque todavía busca soluciones del centro del campo hacia delante.

La evolución de Di María

Di María se ha destacado en los últimos meses. Final de UEFA Champions League incluida, con el conjunto parisino. Dato incontrastable. También es cierto que Thomas Tuchel es un entrenador de carácter y evolución sostenida en los últimos años, características que le han puesto de relieve en la marquesina europea.

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El posteo de Di María cuando Scaloni lo dejó afuera de la selección.

Consiguió lo que Unai Emeri no había podido lograr: gestionar egos, lubricar las relaciones humanas, y optimizar las posiciones de algunos jugadores (por caso, una versión superadora de Neymar) al servicio del andamiaje colectivo. Ese es un elemento insoslayable muchas veces ignorado por el cotillón mediático local que pide, elige una mirada ligera y procede a descartar.

El patrón es el mismo, los que varían son los nombres. ¿La lógica? El que quedó fuera de la lista lo hubiera cambiado todo. Scaloni asumió la transición con jugadores que sin duda refrescan el espíritu y buscan renovar el escenario deteriorado que había enmarcado las últimas composiciones de la selección nacional.

El capital de Scaloni

Tal como Sebastián Domínguez lo retrató con lucidez en la pantalla de ESPN tras la victoria frente a Ecuador, la confianza también queda al desnudo cuando un equipo prefiere lateralizar aún más de la cuenta, antes que arriesgar con el pase filtrado. Quizá el capital más importante de Scaloni, por el momento, resida en la comunión anímica con sus dirigidos. Esa entrega innegociable que fermenta con las ganas propias de los nuevos por confirmar la transición.

Mientras tanto, si el análisis se posa sobre el juego, el equipo como tal, está en obras. Consolidar un funcionamiento que permita plasticidad para adaptarse a lo que pide cada partido aparece como uno de los ítems prioritarios. Se observa que desde las pequeñas sociedades el tejido se expande y alumbra noticias positivas (Palacios tuvo buen diálogo con Messi; Lautaro, de espaldas, es capaz de pivotear para los atropellos de Ocampos).

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El técnico Lionel Scaloni.

Pero también hay que tener cuidado con bordear los extremos: los días de entrenamiento son escasos y obligan a pensar en las etapas y los momentos necesarios que un equipo precisa para mecanizar acciones y naturalizar movimientos. Se precisa aprovechar el tiempo y tomar nota de otros tiempos, como cuando Carlos Salvador Bilardo era capaz hasta de aprovechar el casamiento de Diego Armando Maradona para observar la altura de jugadores invitados a la ceremonia, que unos meses después, en Italia ’90, iban a ser rivales de la selección durante el Mundial.

Ojos de desconfianza

Se supone que Di María está en condiciones de aportar la claridad del último pase o también para la finalización. Se supone que la dupla Paredes y De Paul, superpuesta ante Ecuador, merece ser revisada. En la zaga es difícil determinar si la firmeza de Martínez Quarta fue tanta que exhibió ciertas flaquezas de Otamendi, o tal vez sea exagerado. Pero son todas suposiciones. En definitiva, la selección se acostumbró a ser mirada por ojos de desconfianza. Algo que la platea con micrófono alimenta.

Los gritos que salen desde los principales programas deportivos ignoran los análisis sobre los avances de selecciones de segundo orden europeo, por ejemplo.  Embanderados en el exitismo u operaciones mediáticas, el apetito por el ráting nubla el análisis y corre el eje. Los mismos que dicen que el VAR no sirve como herramienta, en lugar de hacer foco en su uso tan sudamericano, tan bajo sospecha.

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Ángel Di María.

Rumbo a Qatar 2022

Esta selección debería atravesar su madurez para llegar con altas aspiraciones de títulos de aquí a 3 o 4 años. Es decir, no deberíamos mirar más allá de cada fecha de eliminatorias y, llegado el caso, ir con mesura a Qatar 2022. Aunque mesura rima con proyecto… Esa palabra más mencionada que ejercida en estas latitudes.

Mientras tanto, de cara a la semana que se inicia, hay que convivir con la incertidumbre. ¿Es compatible la intención de Scaloni con esta versión renovada de Di María? No parecen coincidir, entre la búsqueda por afuera que parece imponerse como variante necesaria según los juegos de septiembre, y la posición desde donde se mueve en la actualidad el rosarino en el PSG. Es decir, ¿desde qué posición es llamado para brindar soluciones? La respuesta, en breve.  

El último partido oficial de Ángel Di María en la selección argentina fue el 6 de julio de 2019, en la victoria frente a Chile por 2 a 1. Se jugaba el partido por el tercer puesto de la Copa América en Brasil.

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