Rural, el turismo que viene

Tiempo estimado de lectura: 4 minutos Tres empresarios de turismo rural explican cómo los afectó la pandemia y por qué esta opción ya se impone como una de las más elegidas para escapadas.

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Tiempo estimado de lectura: 4 minutos

Por Lola López Quai (otrascarasotragente@gmail.com)

El turismo rural tiene un futuro prometedor. A su desarrollo de los últimos tiempos, ahora se le suma la fortaleza de ser un refugio seguro para quienes quieren reconectarse con la naturaleza en lugares aireados, lejos de las grandes urbes y de los riesgos del COVID-19. Aunque, hay que saber que también en las zonas rurales hay protocolos de seguridad que se deben cumplir.

El plus de la vida sana

Lautaro Luppi, emprendedor de turismo en Gualeguaychú, Entre Ríos, y docente de Sirirí Instituto de Turismo Rural, afirma que «el plus que podemos ofrecer desde el turismo rural es la vida sana y el contacto con la naturaleza en un entorno controlado».

Como especialista en comunicación visual, Luppi acompaña a otros emprendedores turísticos en el armado de su estrategia de venta y comercialización, y dice que «una vez surfeada esta ola, el crecimiento del turismo rural va a ser muy importante, está todo por hacerse».

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Lautaro Luppi.

«Muchas veces queremos comunicar qué hacemos y no sabemos cómo ni por dónde empezar», grafica Luppi. «Por eso, una de las capacitaciones que doy consiste en reconocer y analizar cuál es nuestra esencia, nuestra identidad, e identificar cuáles son esos valores que tenemos para ofrecer. Luego, la idea es mirar hacia afuera e identificar cuál es nuestro público, a quiénes podemos y queremos seducir con nuestros valores y propuesta. Por último, se piensa en equipo la forma y la estrategia para comunicar mejor y poder vender lo que somos y tenemos para ofrecer. Así, paso a paso armamos nuestros mensajes y conocemos las herramientas online para utilizar en este proceso», añade.

Chocolates y el efecto COVID-19

Y si hay alguien que se tomó muy en serio lo de la propia identidad ese es Javier Graff, cocinero de profesión, quien ostenta el orgullo de haber puesto en valor la comida de sus ancestros, los alemanes del Volga que se radicaron en Coronel Suárez, provincia de Buenos Aires.

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Javier Graff.

Después de vivir en la CABA, Graff volvió a Colonia Santa María y puso un restaurante en el que se dedica a recuperar recetas tradicionales y, en algunos casos, fusionarlas con la cocina moderna. Un placer para el paladar y para el patrimonio de una comunidad. Además, desde hace varios años, Javier pertenece al grupo de turismo INTA Cambio Rural Las Cortaderas 2 y en el camino fue incursionando en otros terrenos culinarios como la chocolatería y los alfajores.«Cuando arrancó la cuarentena yo no sabía qué hacer, así que me detuve a pensar cómo seguía todo esto, para qué lado agarrar», cuenta Javier.

Y agrega que «decidí ahondar en mi emprendimiento de chocolates y alfajores porque supuse que el turismo estaría detenido. Así comencé y el 1° de julio abrí la chocolatería con una variedad amplia de productos, que ha sido todo un éxito. Es evidente que todos necesitaban una inyección de optimismo y el chocolate se los da. Me siento muy apoyado por la gente. Tuvimos tanta demanda que a la semana tuve que contratar a una persona. Ese fue para mí el efecto COVID-19″.

Cambiar un paradigma

Fernando Brys vive en Alem, Misiones, y se dedica a algo muy especial: produce hidromiel, una bebida gourmet muy consumida en Europa y que acá va ganando cada vez más adeptos. Lo interesante de lo que hace Fernando en su chacra es que su producción se basa en cuidar la biodiversidad, es decir, regenerar la flora nativa para incrementar la oferta de flores y así tener variedad, cantidad y calidad de néctar y polen para las abejas.

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Fernando Brys.

«Tenemos que rediseñar nuestra provincia y buscar alternativas mejores para preservar la selva», explica Fernando, que también tiene una pata en el turismo rural. «Erradicar desmontes y agrotóxicos requiere un enfoque, conocimientos y tecnología completamente diferentes de lo convencional, y a eso apuntamos», añade.

Brys dice que el COVID-19 paralizó todo pero que “afortunadamente, las abejas nunca dejaron de trabajar”, lo que hizo que la producción de hidromiel siguiera su curso normal mientras el turismo se quedaba en stand by. “Nosotros seguimos trabajando a puertas cerradas elaborando, diseñando y mejorando nuestros productos; también hemos usado este tiempo para capacitarnos: estamos trabajando con una red de emprendedores presente en veinte países y tomamos una capacitación en línea sobre metodologías de negocios y cómo reinventarnos”, afirma el empresario de la miel.

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Hidromiel, producción de Fernando Brys en Misiones.

Y agrega que “además, en las últimas semanas nuestro trabajo fue elegido para un MBA de economía en Uruguay con alumnos en su última instancia de evaluación, así que estuvimos trabajando con toda la gente que nos tomó como caso de estudio. Mientras tanto, acá estamos en un monte comestible lleno de flores y de abejas”.

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