Historia de los ‘Halcones en Libertad’

Tiempo estimado de lectura: 10 minutos ‘Halcones en Libertad’, la historia del equipo de rugby que nació en una cárcel del sur de Buenos Aires buscando transformar conductas y llenar corazones.

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Tiempo estimado de lectura: 10 minutos

Por Julio Jerusewich (jjerusewich@hotmail.com)

Las buenas decisiones no hacen la vida fácil, hacen a un corazón bueno… De eso se trata el juego.

La siesta todavía conserva su aura sagrada en muchos sitios del conurbano. El sol, colgado en las alturas, es parcialmente obstruido por las nubes. Para algunos, una oportunidad que no se desaprovecha. Tras el almuerzo, el cansancio es capaz de aumentar el doble de su peso para caer sobre los párpados curtidos de quienes salen de madrugada a laburar. Sin embargo, para ellos, oportunidad es otra cosa. La tierra se levanta con el viento y juega en remolinos zigzagueando, anárquica, sin rumbo, sin nortes, como buena parte de los que habitan estas manzanas privadas… Pero hay otros que sí le encontraron motivos al ser, al estar.

Son las 2 de la tarde en el barrio El Olimpo, uno de los pedazos de Lomas de Zamora que mucha política rompió, y redujo a un pueblo en el que todavía funcionan comercios que reparan televisores a tubo y donde existen locales que venden cassettes y cds. Allí, como en una cascada, los bafles Aiwa liberan canciones de Leo Mattioli, Gilda, Dyango y una polca paraguaya. El óxido ha trabado una palanca de pausa, en plena década noventosa y nadie quiso cambiarla por la tecla del progreso. Aquí progreso es antónimo de tierra, que es vecina de todos. Menos del lugar común que asocia la tierra con lo fértil.

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La entrada de la Unidad Penitenciaria 40 de Lomas de Zamora

Siguen siendo las 2 de la tarde cuando el silbato del profe Dario Gómez quiebra el zumbido del viento para que distintos internos de los diez pabellones de la cárcel 40 salten a la cancha de fútbol, reconvertida en una de rugby. Una cancha, también de tierra, rústica, como muchas de las personalidades que la pisan, pero prolijamente nivelada. Son los ‘Halcones en Libertad’, el equipo de la Unidad Penitenciaria 40 de Lomas de Zamora, que está transformando conductas. La semilla fue plantada en 2011 y el fruto refiere al presente.

Mientras en el Eden Park de Auckland, en Nueva Zelanda, la ceremonia de apertura de la séptima edición del Mundial de Rugby se encendía con la luz que separaba el cielo de la tierra -el hechizo Maorí-, por este lado del mismo hemisferio los internos empezaban a inquietarse por un deporte que nada tenía que ver con el fútbol. Y que si bien se jugaba en equipo, la dinámica de las acciones (sobre todo con el avance con pases hacia atrás) requería de mucha práctica, paciencia y sobre todo de un buen comportamiento, todo un desafío.

Estar con el otro, con su desahogo

Se acumulan los ademanes, sincronizados con los gestos en el rostro. El lenguaje no gestual expresa lo que dice en palabras.

El profe Darío no nos cuenta sus primeros pasos en la unidad, los evoca con la pasión de quien abraza lo que ama: “El proyecto de pabellón de deportistas lo culminó Juan Etchepare, juez defensor oficial. A fines de 2015 estaba la vacante para entrenar rugby, me ofrecieron la chance de hacerme cargo desde febrero del año siguiente. Entonces me metí a trabajar en conjunto con Juan, quien al poco tiempo no pudo venir más. A partir de allí tomé la posta aún con pocos conocimientos de la disciplina. No sólo que me empapé sino que me zambullí, lo empecé a ver con otro paradigma. Le metí mucho ímpetu, el cuerpo y sobre todo el vínculo, que por ahí vos decís vínculo entre un penitenciario y un detenido y parece incompatible. Sucede que si vos tenés un capital intelectual, y generás confianza como para provocar empatía, ya se puede hablar de planificación, de objetivos. De poder transformar esa realidad de los pibes que están detenidos, pero para eso se precisa un laburo de hormiga, en el día a día. Van a ser 4 años que estoy y aunque pareciera algo implícito como cualquiera que podría observar ‘eh profe, pero yo siempre te veo charlando con los internos’, eso para mí ya es tratamiento. Escuchar es parte del tratamiento, no es sólo venir y tirar la pelota para que jueguen, hay que romper con eso”.

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El piso de tierra de la cancha del penal.

Darío, además, dicta dos cátedras en el Instituto Superior 49 de Brandsen, hacia donde viaja desde en Claypole, donde vive, durante la semana. El contraste emerge inevitable. Él les dice a sus alumnos que todos son iguales, la diferencia es que los presos están pagando por errores que cometieron, de los que nadie está exento. “Vos por ahí no pasaste hambre, no pasaste frío, no pasaste necesidad», dice. Y continúa: «Cuando logro entender su detrás de escena, se construye una empatía. Allí hay carne. Lo que hablo con ellos y con la gente en general es que ninguno de los que estánen el penal, quiso terminar acá. Ni yo estoy acá porque quise. ¿Por qué estoy entonces? Por una situación, acá laburaba otra persona. Esa persona se fue y luego me sumé. ¿Vos? Estas acá por una oportunidad que se abrió para venir a conocer las historias. Siempre uno hace las cosas movilizados por su historia, en una búsqueda. Es una consecuencia de un camino. Bueno, los detenidos lo mismo, no están porque quieren, están porque pasó algo antes. Es más, no van a robar porque quieren, sino que antes pasan mil cosas”.

Un embrión con forma ovalada

Ante el desconocimiento inicial de las reglas y sobre todo del juego, la piedra basal se partió en tres: respeto, valores y ganas. Esas ganas iban aumentando a medida que transcurrían los entrenamientos. Se percibía una energía tan envolvente que la fruta cayó de madura: un día, más de dos horas. Y casi de manera natural llegó al poco tiempo un tercer día.

El dique había cedido ante la incontenible voluntad de pibes que más sabían y más querían. 2018 significó pasar de pantalla, el trampolín definitivo. En abril los invitaron desde la unidad 48 de San Martín, se trataba de los famosos ‘Espartanos’.

El partido con ‘Espartanos’ rozó la categoría de test match por el desafío: ser caballeros, bajo esa impronta se encargaron de llevar el tercer tiempo con bandejas de pizzetas y empanadas.

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La historia de Halcones comenzó en 2011.

El profe rescata elementos que distinguen las formas, como cuando Mahoma va a la montaña: “recuerdo que durante ese tercer tiempo, charlando con Coco Oderigo y Santi Serrano, supe de la colaboración voluntaria que reciben de civiles, gente que se mete en la cárcel e inculca valores aunque después se van. Ojo, yo también me voy, pero convivo con ellos en el día a día. Les conté de otra realidad, ellos no entran a los pabellones a buscar a los pibes. Yo estoy carne con carne. Vos lo ves al interno que te dice detrás de la puerta ‘profe, ¿puedo salir a jugar rugby?’. Y yo no lo tengo anotado pero decodifico la emoción de la persona. El pibe quiere salir a desahogarse. Me la juego y lo autorizo. Se me eriza la piel cuando te cuento esto”.

Ese efecto conmovedor también se desprende de las palabras de Fernando Ceballos, subdirector de asistencia y tratamiento de la unidad: “Durante mis primeros años como oficial esperaba durante toda la semana jugar una sola hora al fútbol el fin de semana. Veo a estas personas que por ahí antes podían jugar todos los días porque tenían más tiempo de ocio, y hoy están desesperados por salir a la cancha. Me hace valorar mucho aquellos tiempos”.

Aquellos tiempos en donde una lluvia dejaba impracticable el estado del piso. Imposible. Una laguna enorme que potenciaba el riesgo de lesiones, y como efecto dominó, el compromiso de una incomodidad burocrática que demandaría trámites con el juzgado. Allí se registró otro punto de inflexión: el año pasado varios internos conformaron una cuadrilla y emparejaron el suelo.

Después de doce años de ser inaugurada, ya no hay que esperar más de dos o tres días para que desagote y quede en condiciones. Pero Ceballos sale un poco de la ruta de la ovalada y echa una mirada a la colectora del resto de los deportes: “A través del hockey y el boxeo, el sector femenino no registra incidentes desde hace cinco meses. Le ponen tanta energía que acá después de las cinco de las tarde no vuela una mosca”.

Es Gómez quien interviene para afirmar que ya hay intenciones de derramar la disciplina hacia las mujeres: “Estamos tratando de provocar el contagio sobre todo por los principios que tiene y los resultados que vemos en los varones. Sucede que se precisa de un contexto organizado porque muchas manos en un plato hacen garabato. Nosotros tenemos alrededor de 800 presos, entonces sobran para hacer actividades, en cambio en el área femenina son 80, por ende tienen más opciones. Tal panorama, sumado a las charlas de narcóticos, si se superponen, genera cierta deserción que no es nuestro objetivo”.

“Ahora pienso en armar jugadas”

Dice el escritor y pintor norteamericano Henry Miller que nuestro destino nunca es un lugar, sino una nueva forma de ver las cosas.

Los ojos de Gaby O., recluso, lucen autoritarios, con su mirada aprueba alguna maniobra de juego. Está a punto de decir algo que no dice. No hace falta. Lo hace con acciones, esas que hubo entre lo que era y lo que es hoy. Gaby deja ver la parte de abajo del iceberg, la transformación. Una vez que hilvana sus primeros argumentos, éstos llaman a otros. Exuda la responsabilidad de los líderes.

Hablamos del actual capitán de los Halcones en Libertad. “Hoy en día cambió mi manera de ver las cosas. Por ejemplo cuando hay una orden del capitán, hay que callarse y hacerle caso. Y hace mucho yo no lo hacía”. Ese «hace mucho» es un vistazo que sube por los muros, muy alto, como buscando el pasado, y ve al otro Gaby: “Antes me pasaba que siempre formaba parte del equipo que ganaba, entonces me aburría, salía de la cancha y me ponía a correr. De repente entraba de prepo a jugar para el otro equipo. Esas son cosas que estaban mal, pero nadie me las remarcaba, las fui aprendiendo cada vez que bajaba a la clase. Yo era medio rebelde. La ronda nos enseñó mucho”.

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La cancha de rugby dentro del penal.

La técnica, los posicionamientos, las coordinaciones. Aspectos específicos que el equipo va absorbiendo. “Hace poco Jamaica (Mauricio Rodríguez alias Jamaica, árbitro profesional), nos recalcó que el juego es para inteligentes», dice Gaby. Y continúa: «Al principio no entendía por qué el balón tenía esa forma y se me complicaba mucho dar un pase. Eso terminó siendo un desafío porque desde chico siempre tuve empeño en el deporte, pero no sabía las reglas del rugby. Me fue atrapando por el hecho de estar siempre de un lado o cubrir a un compañero, el tema de la unión y el compañerismo. Todo eso se traslada a lo cotidiano, porque después compartimos unas galletitas, unas milanesas, unas gaseosas, lo que sea con el equipo rival. Me estimuló un montón porque se me hacía difícil, un día de entrenamiento tiene tareas distintas del día anterior. El hecho de cómo levantar la pelota y defender ante gente que viene en velocidad, o sea, si la voy a levantar agachándome en cuclillas con los pies a la misma altura, me voy a comer un buen tackle, en cambio si me posiciono con un hombro rígido y con una de las rodillas al suelo es otra cosa. Gracias a Darío y a toda la gente del servicio porque el día de mañana me podré juntar con otros muchachos y armar un partidito. En la celda donde estoy, somos cuatro los que jugamos así que mientras hacemos físico, hablamos de cuestiones del juego”.

Japón 2019 ya tiene definidos los choques de cuartos de final (Inglaterra vs. Australia / Nueva Zelanda vs. Irlanda / Gales vs. Francia / Japón vs. Sudáfrica) y como nunca antes, tanto ésta como muchas cárceles del país tendrán sus pantallas activas durante la madrugada. Y por supuesto, Gaby estará, como lo viene haciendo con sus compañeros: “Estamos siguiendo toda la previa y el parado de las formaciones al detalle, todo lo que nos dé mayor conocimiento del juego para seguir creciendo como equipo”.

Su obstinación no es capricho, es el apetito por seguir mejorando desde el juego e inevitablemente en los hábitos. Su mirada es a largo plazo: “El objetivo que tenemos con Darío es que nos den un pabellón para así poder estar más compenetrados. Y lo que vaya surgiendo lo podremos hablar y resolver como equipo, como grupo. Hoy estamos con mayor noción del juego y de las reglas. Nos dimos cuenta cuando vino Jamaica y nos pidió que le dijéramos el nombre de la acción que se cobró. Es una satisfacción que conseguimos con esmero y exigencia. Por suerte aunque hubo alejamientos y otros que salieron, siempre pudimos formar dos equipos. Este deporte me hace bien porque ahora pienso en generar jugadas para ganar y no en salir para causar problemas”.

La tendencia es expandirse

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El Café Diario en la Unidad Penitenciaria 40 de Lomas de Zamora.

En diciembre de 2018 fueron invitados a jugar un cuadrangular en el penal de San Martín, con la presencia de los Espartanos y se quedaron con el primer puesto. Dos meses antes, y con la presencia del Club San Albano había sido inaugurada la cancha. “Habíamos entrado por la ventana y le terminamos ganando a los mejores”, dice Christian Rodríguez, director del servicio penitenciario, quien estuvo presente allí y también lo hará el próximo 18 de octubre cuando el plantel viaje a Florencio Varela para otro reto.

Por su parte, Gómez retrata la curva en pleno ascenso, que ramifica la adhesión de la ovalada en el penal: “En abril de este año volvimos a participar de un torneo y fuimos terceros entre cinco equipos. Hasta ese momento los permisos para salir a la cancha a entrenar eran de tres días, pero desde hace dos meses, tanto empuje acompañado de disciplina gestó la escuelita de rugby que hoy cuenta con 60 internos. Se llevan a cabo los entrenamientos los martes y miércoles por la mañana. Quienes instruyen a los novatos son los propios internos que forman parte del plantel superior. Los lunes, miércoles y viernes entrena el primer equipo. Lo reconfortante es que los principios que se transmiten se van propagando entre los referentes que les enseñan a los novatos. La verdad es que es un proyecto hermoso que el día de mañana ojalá termine en una fundación, como es nuestra meta. Para eso realizamos continuos relevamientos individuales con el fin de saber si el interno que juega está estudiando, trabaja o es parte de alguna otra actividad. Con esa información yo les propongo a mis superiores la necesidad de estudio que tiene tal o cual persona. Yo creo en esto, o sea, antes que deporte a la gente hay que proveerle educación. Ya hay un primer paso, hoy en día tenemos cinco halcones en libertad”.

Esto no es rugby, es sobre jóvenes, esto no es sobre hacer equipos campeones, es sobre hacer jóvenes campeones… Siempre fuertes”. Extracto de la película ‘Forever Strong’, Ryan Little, 2008.

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1 comentario

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Gracias Julio por la tremenda nota. Como lector y tratando de abstraerme de mi subjetividad como entrevistado, siento que trasmitistes el mensaje y la pasión por este proyecto.

Gracias al cafediario por difundir estos sentimientos y sentido de pertenencia del equipo de la unidad 40.

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