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Roxana Mazzola tiene un doctorado en Ciencias Sociales, es Magíster en Administración y Políticas Públicas y Licenciada en Ciencia Política.

Roxana Mazzola: “El próximo gobierno tiene que recuperar el Ministerio de Trabajo”

Tiempo estimado de lectura: 7 minutos Especialista en Ciencias Sociales, Roxana Mazzola asegura que el financiamiento externo debió haberse utilizado para centralizar trabajo y crecimiento económico

Tiempo estimado de lectura: 7 minutos

Por Gabriel Túñez (lahorasinsombra@gmail.com)

Roxana Mazzola tiene un doctorado en Ciencias Sociales (UBA), es Magíster en Administración y Políticas Públicas (Universidad de San Andrés) y Licenciada en Ciencia Política (UBA). También es profesora en la Maestría de Políticas Públicas para el Desarrollo con Inclusión Social y coordinadora Académica del Diploma Superior en Desarrollo Local, Territorial y Economía Social (FLACSO). Con su amplia experiencia en el tema, en diálogo con El Café Diario, Mazzola analiza la situación actual del país, del rol del Estado y expresa lo que, a su juicio, deberían ser las primeras medidas que el próximo gobierno tiene que implementar para estimular la actividad económica.

Ser pobre aunque se tenga trabajo

Entre sus temas de estudio se encuentra la desigualdad económica en la sociedad. ¿Cómo analiza desde esa óptica la situación de Argentina durante el gobierno de Mauricio Macri?

Lo que pasó en el ultimo tiempo es que toda la dimensión laboral y de ingreso se desarmó. Y eso ocurrió porque el ideario de trabajador está en transformación. En función de eso es que se va ensamblando el sistema de políticas públicas en cada período histórico. En los últimos 30 años hubo diferentes tipos de trabajadores. En 2001, por ejemplo, era el trabajador desocupado, al que solo lo llamaban “desocupado” porque ni siquiera había logrado la conquista de ser “trabajador”. Antes, en los ‘90, habían sido los trabajadores flexibles.

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Según Mazzola, actualmente el Estado genera desigualdades.

Durante el proceso del kirchnerismo tuvimos la idea de que había un trabajador empleado decentemente bajo los postulados de la Organización Internacional del Trabajo (OIT). Hoy, con la revolución tecnológica que vivimos, la pregunta que surge es si un trabajador va a seguir teniendo un empleo en blanco, con todas las prestaciones de servicios sociales, y que eso se extienda a toda la población. Porque el formato de trabajador de hoy está orientado a ser emprendedor, autónomo y con prestaciones de seguridad social rebajadas.

Todas estas transformaciones las vimos reflejadas en las estadísticas, que hoy muestran que una persona en Argentina puede ser pobre aún siendo trabajador. En este contexto es que en el último tiempo tuvimos un esquema de políticas públicas que fue hacia el asistencialismo y en el que está muy marcado cómo eso no sólo pasa a un nivel del Ministerio de Desarrollo Social, sino en todos los sectores del Estado. Cuando analizás la desigualdad en Argentina no sólo hay que contemplar la medición del ingreso, que es lo primero que nosotros vemos, sino también que el Estado puede generar desigualdad en su accionar y hasta aumentar esa condición en la sociedad.

Estado que genera desigualdades

¿Cómo se explica esa situación?

Estamos viendo un Estado que actúa generando nuevos tipos de desigualdades y profundizándolas porque, sobre todo, la dimensión más vapuleada en el ultimo tiempo tuvo que ver con el ingreso y el trabajo. Y no veo que haya una perspectiva de cambios en eso, porque todos los cambios que se implementan tienen que ver con esta lógica de que uno es una persona autosuficiente y puede resolver su desarrollo. Es por eso que el Estado no les da a esas personas una transferencia de ingresos sino un crédito para pagar sus servicios públicos o gastos corrientes.

Hoy una persona en Argentina puede ser pobre aún siendo trabajador, y el Estado puede generar desigualdad en su accionar, e incluso hasta aumentar esa condición en la sociedad”

El sistema de políticas públicas está funcionando bajo un esquema asistencial, que piensa sólo en contener los márgenes, pero que degrada las políticas de derechos. Quiero decir, de todas formas, que el kirchnerismo no te había llevado a conquistar todos los derechos sociales que una persona podía tener pero, en algunos casos, los había reparado. Si uno trata de mirar qué luchas se dan en cada momento, las luchas que se dieron en el proceso previo a este gobierno fueron de reparación de derechos.

Hoy por hoy son luchas para mantener políticas públicas pobres. Eso después se manifiesta en las estadísticas, no hay muchas vueltas. Los niveles de pobreza podrían ser por ingresos aún más altos de los que vemos, sino fueran porque han implementado algunos programas como el de Salario Complementario. Argentina tiene una historia institucional de programas sociales, y sólo cito algunos como el Plan Trabajar, en plena época de crisis del Tequila en 1996 o el Jefas y Jefes de Hogares después de 2001. Debemos recordar estas cosas porque después se va perdiendo la historia institucional de los programas y no terminás de entender si los beneficiarios subieron o bajaron, si las prestaciones mejoraron o no.

Si uno trata de mirar qué luchas se dan en cada momento, las luchas que se dieron en el proceso previo a este gobierno fueron de reparación de derechos”

Un salario que cada vez vale menos

¿En Argentina hay un seguimiento de las políticas públicas en materia social?

Hay una idea refundacional con cada gobierno, que cree que viene a inventar el nuevo programa, pero nunca son nuevos. Los programas sociales tienen una base institucional que se fue desarrollando y que un gobierno la puede amplificar o reformular, pero son siempre cambios parecidos. No es que vas a inventar la pólvora. Lo que cambian son los nombres. En el macrismo se incrementaron las personas abarcadas por los planes porque, de lo contrario, los indicadores de pobreza todavía serían mucho más altos.

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“El próximo gobierno debe fortalecer todo lo que tiene que ver con la seguridad social”, afirma la especialista en ciencias sociales.

Ahora bien, si uno se pone a mirar la implementación del salario complementario, viene de una propuesta de los movimientos populares y desde la época del piquete. Es un mecanismo que trata de ver cómo se organizan los trabajadores de la economía popular. Pero el Gobierno dispone un salario complementario con un monto que es equiparable a los 250 pesos que percibían los beneficiarios del Jefas y Jefes de Hogar hace más de 15 años. Todo ese tipo de cuestiones denigran las condiciones laborales y sociales, que es el panorama que se ve hoy. Todo en un contexto de un proceso inflacionario altísimo, más los procesos devaluatorios vividos en el último año y medio, sumado al incremento de las tarifas. El resultado es que el salario de los argentinos cada vez vale menos.

En un país con políticas de inequidad, la nación siempre tiene que estar en un territorio. No podés dejar a un municipio en el ‘sálvese quien pueda’ cuando quizá no se puede sostener solo”

Y también se mezclan una desigualdad que no es sólo la del ingreso sino la territorial, porque el Gobierno tendió a correrse como el administrador de un país federal y estableció ese rol en los gobiernos subnacionales. En un país con políticas de inequidad, la Nación siempre tiene que estar en un territorio. No podés dejar a un municipio en el ‘sálvese quien pueda’ cuando quizá no se puede sostener solo. La acción del Estado siempre tiene que garantizar los equilibrios entre provincias, porque las hay muy ricas y muy pobres. Eso hace que haya diferentes tipos de desigualdades.

¿Eso se refleja en un indicador concreto?

No se va a ver en el corto plazo porque lo que está pasando es que se siente en la sensibilidad de la gente, en el humor social, pero no se refleja en los indicadores y menos de forma tan abrupta.

Agenda latinoamericana

¿Alcanza con crecer económicamente para reducir la desigualdad?

Siempre es necesario crecer económicamente, pero eso es insuficiente si yo tengo más plata pero no la distribuyo. Así no van a mejorar los indicadores de desigualdades. Para reducir la desigualdad tienen que estar las dos cosas juntas: políticas activas y crecimiento económico. Si tenés sólo una cosa, te puede pasar como a Chile, que crece económicamente y hasta baja la pobreza, pero no reduce la desigualdad.

La agenda latinoamericana tendría que trabajar sobre políticas que traten de mejorar los niveles de equidad territorial y las transferencias. Ahí tenés para dar reformas gigantes, pero lo que sucede en el último tiempo es que nos quedamos anclados en una agenda muy chiquita, casi mínima, ligada a lo alimentario. No se están discutiendo reformas como la fiscal, cuestiones de las heterogeneidades territoriales, qué tipo de seguridad social hace falta, etcétera.

Siempre es necesario crecer económicamente, pero eso es insuficiente si yo tengo más plata pero no la distribuyo. Así no van a mejorar los indicadores de desigualdades. Para reducir la desigualdad tienen que haber políticas activas y crecimiento económico”

Hay un sistema que está interpelado por todos lados. Están en juego las cuestiones ligadas a los niveles de desempleo entre los jóvenes, la situación de los jubilados y el sistema de seguridad social, y las mejoras en educación y salud. Al fin de cuentas todo eso nos va traccionando en el capital humano que tenemos como país para generar productividad.

Hincapié en la distribución institucional

¿Observa a alguien que esté analizando la agenda a futuro? A grandes rasgos, las reformas que plantea parecen casi fundacionales.

Nunca se va a arrancar desde cero porque la historia institucional de los Estados está y nos precede. No se pueden hacer cambios fundacionales de un día para el otro. Una de las cosas que critico, precisamente, es que cuando se quieren encarar procesos fundacionales, es probable que se haga desde supuestos errados. Hay un Estado que viene gestionando ciertos temas, personas que saben de eso y de las que uno puede nutrirse. Los datos estadísticos, de alguna manera, están construidos con historias institucionales. Yo hago mucho hincapié en la distribución institucional porque ahí hay que poner más el foco. En cómo el Estado está regulando diferentes ámbitos de distribución.

Hay un sistema que está interpelado por todos lados. Están en juego las cuestiones ligadas a los niveles de desempleo entre los jóvenes, la situación de los jubilados y el sistema de seguridad social, y las mejoras en educación y salud. Al fin de cuentas todo eso nos va traccionando en el capital humano que tenemos como país para generar productividad”

¿Qué medida de emergencia debería tomar, entonces, un futuro gobierno de un nuevo signo político para reducir la desigualdad?

Recuperar el Ministerio de Trabajo y fortalecer todo lo que tiene que ver con la seguridad social. Decíamos que hay algunas cosas que uno puede solucionar desde el Gobierno nacional y otras desde los gobiernos subnacionales. Hablo de ese juego de equilibrios de espacios que, de algún modo u otro, están conectados para que no pase que se plantee una agenda de políticas que están a años luz de las capacidades que se tienen para desarrollarla e implementarla en los territorios.

Es necesario volver a recuperar la centralidad del trabajo con la política económica. Ese es el primer paso. Después, hay agendas que tienen que ver con desplegar el trabajo en obras de infraestructura y viviendas en el largo plazo. Hubiera sido bueno no haber pedido financiamiento externo para pagar gastos corrientes y sí para destinarlo a ese tipo de cosas. De lo contrario volvemos siempre a la pregunta de “deuda, ¿para qué?”. Por eso, el diagnóstico de hacia dónde va la Argentina en términos de endeudamiento externo es peligroso, como también en la inflación y en el ingreso.

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