Robert Aular: «Buenos Aires es la Ciudad de la Furia, te enseña a ser fuerte»

Tiempo estimado de lectura: 6 minutos Robert Aular es un estilista y drag queen venezolano que triunfa en Buenos Aires. La historia singular de todo un personaje que ha elegido Argentina para vivir.

Tiempo estimado de lectura: 6 minutos

Por Bridget Valdiviezo (bridget.valdiviezo@hotmail.com)

Roberto ‘Robert’ Aular trabaja hace 25 años en el mundo artístico como estilista y es reconocido en Venezuela por haber sobrevivido a dos tratamientos contra el cáncer. Casi doce mil seguidores siguen sus andanzas en la red social Instagram. Tiene 43 años y en el camino en busca de hacer realidad sus sueños, tras haber recorrido gran parte de Sudamérica, ha anclado en Argentina. Protagonista de una historia singular, la cuenta en diálogo con El Café Diario.

¿Cuál fue su motivo para emigrar de Venezuela?

Salí de Venezuela hace cuatro años porque me secuestraron dentro mi casa. Nunca me había pasado algo así. No tenía problemas con nadie y verme en esa situación, ser privado de mi libertad en mi propia casa, ver cómo me robaban todo, me dejó secuelas. Surgió una propuesta de L’Oréal desde Colombia, pero en ese momento había tanta inmigración venezolana que comenzó la xenofobia. Entonces, o te adaptabas al habla colombiano y te colabas como uno más, o tenías que aguantar malos tratos y malas caras. Gracias a Dios, si bien me topé con personas muy buenas, vi que Colombia no era lo que yo estaba buscando.

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Robert Aular, estilista, drag queen, un entusiasta de la vida.

Adiós Venezuela, hola Argentina

¿Qué era lo que buscaba?

Estabilidad, tranquilidad, ser yo y no ser «el que trabaja en la peluquería» o «el chico venezolano que trabaja para…», Yo venía de ser mi propio jefe en Venezuela, tenía dos negocios de peluquería. Además tenía un negocio de venta de comida en la calle, un auto trabajando de taxi, trabajaba de forma nocturna porque soy ‘drag queen, también tenía mi casa, y viajaba.

Lo que yo necesitaba era estar en un país donde mis cuatro puntos cardinales -que para mí son cinco porque siempre tengo un extra- se me encaminaran y dijeran: «este es el lugar y aquí vas a ser». Pasé por Ecuador, donde vendía arepas y empanadas en una playa. Luego fui a Perú, ahí duré sólo diez días, pero conocí a una persona de Uruguay y fui para ahí. En Uruguay estuve casi tres meses, estable, fui mejorando, ampliando mis técnicas, salí en la revista ‘Caras’ de Uruguay, y empecé a ayudar a una Institución de niños de la calle.

¿Cuándo se le pasó por la cabeza venir a la Argentina?

Nunca, mi mente siempre pensó en México, pero ese era el Robert inmaduro. Yo tenía una madurez de edad con 39 años pero no estaba maduro de mente. Cuando en Uruguay, ya embarcado en el ferry, dijeron que en una hora ya estaríamos en Argentina, no lo podía creer. Había empezado a trabajar con los hashtags de todas mis redes sociales y cuando tuve 20 personas que me dijeron «te esperamos», me vine.

Recuerdo que llegué el 22 de enero de hace casi 3 años, me bajé en Puerto Madero y me dije: «llegaste adonde tenías que llegar». Además, aquí también llegué contratado por una peluquería, porque gracias a Dios me dieron trabajo y el 23 de enero empecé a trabajar. Unos amigos me alojaron en su casa pero sólo les pedí ayuda por dos semanas, porque no me gusta ser una carga. Sí me gusta cargar con los demás, porque me nace ayudar.

Rey y reina de la noche porteña

¿Cómo fueron sus primeros meses de estadía aquí?

Salía de la peluquería y buscaba en el celular sitios para ir a caminar. Lo primero que conocí fue el cementerio de Recoleta, y cuando vi dos o tres cosas que me sacaban el aire, dije: «es aquí donde me tengo que quedar». Conocí los sitios nocturnos, empecé a abrir todas las puertas de lo que a mí me gustaba y me gusta. Al mes ya estaba trabajando de noche, conseguí mis dos primeros contratos. A los tres meses gané mi primer concurso y a los seis meses gané el de ‘Talento Internacional’ de la avenida Corrientes, después el de Drag Queen del año y me catapulté a la noche porteña.

¿Y qué pasaba con su trabajo de día?

Con la parte diurna yo mismo me encargaba por todas las redes sociales de estar las veinticuatro horas los siete días de la semana para poder tener al menos cinco personas por día para atender. A las dos semanas me mudé porque mi jefe de la peluquería me alquiló una habitación, y me acuerdo que esa fue la primera vez que me hicieron una viveza. Ese departamento lo alquilaban a 11 mil pesos y a mí la habitación me la cobraban 8 mil pesos. Yo me enteré cuando una vez vi llegar el recibo del dueño. Además, en el trabajo me tenían en negro, porque yo no sabía lo que era estar en blanco o en negro.

‘ForeverRob’ y el espíritu emprendedor

Inquieto, curioso, siempre optimista, Robert se animó a crear una línea de productos de belleza capilar, ‘ForeverRob’, con gran aceptación entre sus clientas.

¿En qué consiste su marca?

Mientras estuve en Ecuador hice un curso de bioquímica capilar y eso me permitió crear mi línea de productos aquí en Argentina. ‘ForeverRob’ nació hace más de un año ya. Tuve un lanzamiento de prueba antes de la cuarentena, porque ya venía probando desde hacía un año. Son cinco productos, totalmente naturales, basados en la biotermia capilar. El más vendido es el champú de cebolla. Hay una línea de hidratantes, de matizadores y otra de hidrolizado a base de arroz. El nombre me surgió porque creo que el trabajo que se hace en una mujer tiene que ser para siempre.   

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Aular volcó todo su conocimiento y experiencia en su línea de productos Forever Rob.

¿Cómo ha vivido la cuarentena?

Yo viví muchas cosas: la gripe aviar, la gripe porcina, el cólera, la fiebre amarilla, y sobreviví a todas. Mientras algunos pensaban en si iban a poder viajar o no, yo me planteaba cómo iba a hacer para sobrevivir, que me quedara ganancia para ahorrar, y que cuando todo pasara, viniera recargado a trabajar y con ganas de seguir haciéndolo. Lo primero que hice fue vigilia en mi cuarto. Duré 24 horas sin comer ni tomar agua, sólo pidiéndole una plegaria a Dios.

Después de eso, pasó un poco el tiempo y los clientes me empezaron a preguntar si había posibilidad de que yo trabajara en la casa de cada uno. Y empecé a hacerlo a un precio menor. Con un taxista que también lo necesitaba, él me llevaba. Las clientas me hacían pasar como electricista, plomero. Yo iba siempre con los zapatos forrados con film, llevaba alcohol, guantes, ¡caja de guantes!, me había hecho todo un protocolo.

La herencia del COVID-19

¿Qué protocolo aplicó en su peluquería?

Tuve que hacer reducción de personal y de implementos también. Por ejemplo, aquí había nueve asientos y tuve que quitar tres por el tema de la distancia social. En la puerta de entrada puse una alfombra y cada vez que entra alguien le tomamos la temperatura, le pasamos el sanitizante y le echamos alcohol en gel. Tuvimos que trabajar desde las 6 de la mañana hasta las 11 de la noche porque la gente estaba desesperada, ¡se habían hecho cualquier locura en la cabeza!

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La pared donde sus clientas y amigos le dejan mensajes cariñosos y de reconocimiento.

¿Qué aprendió en estos meses?

He pasado muchas cosas, pero creo que nada en la vida te enseña más que seguir creciendo en vez de quedarte como semilla. Creo que en mi país duré mucho tiempo como semilla, pero no me enseñó nada en la vida como sí he aprendido en Argentina. Buenos Aires para mí es nomás ‘La ciudad de la furia y me ha enseñado a ser fuerte.

Aquí tienes que ser centrado, saber hacia dónde vas, tener tu norte y guiarte por la línea del centro. Uno tiene que valorar no al que está contigo en los buenos momentos, sino al que está contigo cuando tú menos te lo imaginas. Hoy por hoy puedo decir que soy una persona feliz, sana. Si me tocara irme de este mundo, me iría completo, aunque hay dos cositas que me gustaría hacer: ir a un crucero y subirme a un globo aerostático. Pero te puedo decir que todos estos mensajes que las clientas me dejan en la pared, no tienen precio: son lo que más me reconforta.

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