¿Quién necesita una heladera con wifi?

La innovación tecnológica se filtra por todos los rincones, llenando la casa de puertos usb, routers, cargadores y hasta heladeras con wifi. ¿Es necesario llegar a tanto? Lo analizamos en esta nota

Por Toto Plibersek (totopliber@gmail.com)

Así como suena: una heladera con wifi. Hace un par de años lo pensaríamos como un chiste, una idea de algún guionista de ciencia ficción o un proyecto loco de un par de estudiantes en una brainstorm. Pero no: las heladeras con wifi ya se están pensando como una alternativa seria y sustentable para el mundo del mañana. Entre otras tantas cosas más.

La pregunta obligada es la siguiente: ¿para qué queremos una heladera con wifi? Una heladera es una heladera. A fin de cuentas, sirve para conservar los alimentos y abrirla a cada rato en noches de gula. Pero lo que hay que saber no es tanto para qué, sino por qué, y la respuesta es porque se puede. Todo gracias a esa maravilla –¿maravilla?– que es el internet de las cosas.

¿De qué estamos hablando?

Así como suena: es internet en las cosas. El Internet Of Things (IOT) es un concepto que ya tiene algunos años de desarrollo y que se refiere a la conexión de las cosas de la vida cotidiana (como la heladera, el smartphone, el aire acondicionado, el televisor y hasta la correa del perro) a través de internet. Cosas que son de uso común en la vida cotidiana pueden tener una conexión entre sí y, combinando esos dispositivos con una red, las cosas pueden hablar entre ellas en una suerte de comunicación a través de datos.

Tecnología
A través de una red hogareña, los electrodomésticos podrían armar un algoritmo de comportamientos, usando inteligencia artificial (Foto Flickr)

Suena raro, pero no lo es. En el mundo, cada vez son más los dispositivos que son capaces de recopilar información de su entorno. Cientos de miles de bytes de datos son enviados por dichos artefactos a bancos de datos que son analizados por expertos en data analysis, una de esas profesiones nuevas del futuro que hoy nadie sabe bien para qué sirven, pero que entre otras cosas se encargan de encontrar patrones en esos datos. Con esos patrones se pueden hacer muchas cosas.

Una de ellas es, a través de un sistema, la posibilidad de predecir comportamientos. El desarrollo de ese sistema se hace de forma tal que el propio sistema aprende a través de la información que recibe y no necesita ya de intervención humana. Eso es lo que se conoce como machine learning.

Algoritmo de comportamiento hogareño

Literalmente ese sistema aprende, de manera autónoma y automática, de la información que le dan los elementos conectadas a él. Cada vez que utilicemos uno de esos objetos conectados le estaremos brindando datos para que los procese de forma tal, que logre predecir nuestro comportamiento. Algo así como funcionan los algoritmos de plataformas como Netflix, Spotify o Youtube, cuyo muestreo de contenidos se adapta a lo que cada usuario consume.

La idea sería entonces que nuestras cosas más banales estén en comunicación entre ellas y nos predigan y decidan sin que nosotros participemos. Por ejemplo, en el caso de la heladera: nos puede avisar cuándo tenemos que ir a comprar tal o cual cosa porque ya se nos acabó o se nos va a terminar.

La aplicación de esta tecnología en la vida cotidiana es virtualmente infinita. Sólo para mencionar un par de ejemplos de cosas que ya se están haciendo: un termostato que se coloca automáticamente a la temperatura que prefiere cada usuario (fabricado nada más y nada menos que por Nest, una empresa de Google creada en 2010 y que se dedica a éstos desarrollos); espejos que muestran datos del clima, el día, la hora y analizan los rostros con sensores biométricos; cestos de basura que muestran información sobre los desechos; cepillos de pelo que dan información sobre el ratio de crecimiento de tu pelo; tostadoras que avisan cuando hay que sacar el pan; saleros que regulan la cantidad de sal por día; etcétera. Hasta hay termómetros rectales –leíste bien, ¡termómetros rectales!– que permiten la lectura en una app de celular.

inteligencia artificial
¿Sirven para algo los electrodomésticos con wifi, interconectados entre sí? (Foto Flickr)

Pero hay problemas

Estos adelantos también representan un dilema de ciberseguridad. Hoy las redes en las que se encuentran conectados esos dispositivos son poco seguras. Seamos francos, casi ninguno de nosotros se preocupa concienzudamente por su seguridad en internet. Todos tenemos un mínimo de dos dispositivos que se conectan a la red (smartphone y computadora). Imaginate si eso lo multiplicamos por dos, por tres o por cuatro. Un hacker se hace una panzada.

De hecho, ya pasó. El 20 de octubre de 2016 los servidores de la empresa DYN -que se dedica a gestionar direcciones de internet y de correo–, fueron hackeados y casi todo el país estuvo por varias horas sin conexión. El ataque lo hicieron tres nerds estadounidenses utilizando dispositivos de internet de las cosas, como routers y cámaras de seguridad. Encontraron una brecha y filtraron a la red un botnet que ejecutó los ataques que trajeron el caos y la desolación en las empresas de informática estadounidenses.

Esto ya marca un precedente. Los dispositivos de internet de las cosas son hackeables porque la mayoría de los usuarios no tienen conciencia de lo que pueden hacer tres nerds con mucho cerebro y ganas de joder. Y se olvidan de pasar antivirus y cambiar las contraseñas de sus dispositivos. El daño que se puede hacer es grave, porque cambiando la programación de esos dispositivos su desempeño se puede alterar de forma maliciosa. Por ejemplo, un detector de incendios que no prenda, o una cámara que se apague, o una cerradura que se abra. Fuera bromas, esto es peligroso.

¿Y todo esto para qué?

La pregunta del millón. ¿Necesitamos realmente todo esto en nuestra vida? ¿Es necesario un termostato automático, o es que no podemos levantarnos del sillón para configurarlo a nuestro gusto? ¿Para qué queremos una app en el smartphone que nos diga cómo varió nuestra temperatura en los últimos meses?

Pero –siempre tiene que haber un pero–, lo que es cierto es que parece que algunas zonas del mundo están yendo hacia ese camino. Si ellos van hacia allá, es porque hay un grupo considerable de sujetos que están dispuestos a pagar por estos dispositivos. Puede parecernos raro, ¿pero a quién no le gustaría que la heladera le avise a su celular qué tiene que comprar, o que el aire acondicionado esté prendido cuando llega a casa del trabajo, o que una app te avise si hay alguien en la puerta de tu casa?

Recapitulando. El internet de las cosas es peligroso (por ahora), y parece poco útil para la vida misma. ¿Lo necesitamos? La apreciación puede llegar a ser muy subjetiva. Por ahora los desarrollos son muy incipientes y van a pasar años para que estas cosas se vuelvan costumbre, si es que algún día lo logran. Para tener heladeras con wifi por ahora vamos a tener que esperar.

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