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La lucha por la igualdad de género dejó al desnudo el conflicto de las palabras.

¿Qué es el lenguaje inclusivo?

Tiempo estimado de lectura: 4 minutos En los últimos años tomó fuerza el “lenguaje inclusivo”. ¿Su objetivo? terminar con la masculinización, en el marco de la lucha por la igualdad de género.

Tiempo estimado de lectura: 4 minutos

Por Kevin Kupferberg (kevinkup95@gmail.com)

Para muchos, decir que el lenguaje es desigual es exagerado. Sin embargo, las palabras son importantes porque son el resultado de la construcción de una sociedad. También la sociedad se va moldeando a su propio lenguaje. 

La lucha por la igualdad de género dejó al desnudo el conflicto de las palabras, de nuestro lenguaje social. En los últimos años tomó fuerza el “lenguaje inclusivo”. ¿Su objetivo? terminar con la masculinización en el marco de un lenguaje considerado desigual por el hecho de referirse a un grupo o conjunto de personas a través del género: los alumnos, los políticos, los profesionales.

Es que la sociedad en general padece una importante desigualdad entre el hombre y la mujer, por lo que la lucha para reducir esa grieta es incesante y lo que sucede con el idioma no es una excepción, sino todo lo contrario.

El genérico masculino es visto como una demostración de la rivalidad histórica que siempre existió entre varones y mujeres y el lenguaje que se viene utilizando desde hace siglos es, de algún modo, el legajo que dicho conflicto dejó.

Como si fuese poco, la masculinización del lenguaje les brinda a los hombres mayor poder, lo que implica el rechazo por parte de muchos sectores en tiempos en los que el público femenino empieza a frecuentar altos cargos.

En tanto, otro gran repudio referido al lenguaje actual es que un término masculino genérico, por ejemplo, “los médicos” se utiliza también para mencionar a un grupo compuesto por una mitad de hombres y otra de mujeres, incluso cuando estas últimas son mayoría. Al mismo tiempo, al otorgarle masculino o femenino a cada palabra implica referirse sí o sí a uno o a otro, una cuestión que, por defecto, excluye a los individuos que no se sienten parte de ninguno, como el caso de los trans.

Hace algunos años una (posible) solución fue la de reemplazar la letra O y la letra A por una X o un @ (arroba) pasando así de chicos/as a chicxs o chic@s, de todos/as a todxs o tod@s y de amigos/as a amigxs o amig@s, entre tantos otros ejemplos. El problema encontrado es que el inconveniente no podría ser solucionado así por una cuestión de logística: tanto la X como el @ se pueden leer e interpretar, pero nunca pronunciarse.

Fue por esto que un tiempo más tarde surgió la tan polémica (y universal) letra E que parecía ser la que resolvía el problema, transformando las palabras en chiques, todes, tuyes, amigues y un montón de ejemplos más. Muchos decidieron incorporarla y aplicarla a diario, pero otros no.

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Los buzos de “egresades”, uno de los primeros campos de expresión de los adolescentes.

Concretamente el funcionamiento de esa E consta de su utilización para reemplazar a la O o la A que le dan el género a la palabra. Una de las pocas excepciones es la de nenes y nenas. La primera queda como está y, la segunda, puede modificarse por una X.

Por su parte, la adopción del lenguaje inclusivo es padecida también por los pronombres. Así, ellos se convierte en elles y tuyos, en tuyes. Las que sí se conservan son las indefinidas como valiente, visitante, inmigrante y cantante, entre otras. La explicación o regla oficial establece que debe haber mutua coincidencia entre el género y el número. Esto es por los sustantivos que, pese a terminar con A u O, su artículo queda igual; por ejemplo, les chiques, les estudiantes y las mesas.

Claro está que todo se trata de un movimiento global que genera una gran grieta entre las personas. Además, en casos como estos la única opción es usar una u otra porque, en caso contrario, queda muy mal que algunos hablen con la E y otros continúen con la O y la A.

Cabe destacar que países como España y Francia apoyan el lenguaje inclusivo principalmente para grandes instituciones y universidades. Con ello dan el visto bueno para la enseñanza sobre la inclusión y la lucha por acabar con la rivalidad entre el hombre y la mujer.

Sin embargo, la Real Academia Española rechaza y desalienta por completo la utilización de la E como reemplazo de la A y la O ya que sostiene que no forma parte del sistema morfológico de la lengua española y que el género masculino siempre predominó en la misma. Este es justamente el argumento de muchos sujetos que se oponen al lenguaje inclusivo tan promovido en el último tiempo, incluso en colegios donde los alumnos sustituyen en sus buzos o camperas de egresados esta última palabra por egresades.

No obstante, el español es prácticamente el único idioma que contiene tanta distinción de género en cada uno de sus términos, lo que, además, le dificulta mucho a un extranjero para aprenderlo y aplicarlo en el día a día.

Países como España y Francia apoyan el lenguaje inclusivo principalmente para grandes instituciones y universidades

Es que más allá de tiempos verbales y reglas únicas de cada lengua que sí o sí se deben incorporar, resulta muy complejo explicarle a una persona cuya lengua nativa es otra cuándo y por qué se pone y o se pronuncia una O o una A.

A su vez se encuentran quienes aseguran que debe cambiarse por completo el idioma para lograr un verdadero lenguaje inclusivo, aludiendo el claro ejemplo de que inclusivo no puede ser inclusive porque esta última palabra significa otra cosa.

Con una gran grieta que divide a la población tanto joven como adulta, todo evoluciona; incluso la sociedad y el propio lenguaje con nuevos términos y expresiones para referirse a cosas o momentos cotidianos de cada día.

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