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Postales de Buenos Aires en tiempos de cuarentena

Tiempo estimado de lectura: 3 minutos El aislamiento y la cuarentena por la pandemia de coronavirus tiñen Buenos Aires de calles desiertas y de un silencio irreconocible.

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Tiempo estimado de lectura: 3 minutos

Por Julio Jerusewich (jjerusewich@hotmail.com)

Desde el minuto cero del viernes 20 de marzo, se sabía que no habría agencias de juegos en el país. Amantes de la quiniela, debieron abstenerse. La apuesta pasaba por otro lado. Y como nunca, la victoria se anhela con emociones paralelas a una copa del mundo. Comenzaban en Buenos Aires y el resto de la nación los tiempos de la cuarentena.

Así como una derrota se teme a través de las noticias, pero sobre todo, de estremecedores videos que viajan desde Italia por Whatsapp. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS) la cifra de fallecidos por coronavirus alcanzó el nivel de una pandemia el 11 de marzo, tal como lo manifestó Tedros Adhanom, director del organismo.  Evitar imágenes susceptibles aparece como una cláusula moral. Y a cada hora que pasa, el tema emerge como un elemento indispensable para concientizar de forma más agresiva.

Sólo sonido de chicharras

Qué rara avis el argentino. Todo, absolutamente todo, incluso la ley, está sujeto a justificaciones, reclamos, tretas, gambetas, ventajeadas. Mientras, la mañana del viernes retrató una imagen desnuda de la Ciudad de Buenos Aires en pleno aislamiento obligatorio. Apenas el viento movía lo que lucía como una foto. Los espacios callados, taciturnos. Con semejante silencio las ausencias gritaban. El sol alumbraba la plaza alemana sobre Avenida del Libertador.

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La ciudad vacía en cuarentena. (Foto: Facebook del presidente Alberto Fernández)

Y se oían ellas, las que por fin recibían el protagonismo desde las copas de los árboles. Las chicharras dieron un concierto que por lo general está en mute un día normal de bocinas, frenadas y motores. Sobre Scalabrini Ortiz al 3.200 la mansedumbre auditiva de la naturaleza se quebró.

El edificio de la esquina tosió la voz aguda de un niño que cantaba un feliz cumple de atildada sincronía con sus aplausos. A los metros, los gritos ofuscados de un oficinista sin oficina resaltaron en un llamado telefónico. El home office también puede resultar muy pesado.

El miedo como protagonista

En la cadena líder de supermercado ubicada en la zona del Botánico habilitaron 100 clientes como tope. En la sucursal de la calle French, unas 30 personas. No hay criterios uniformes. Se trata de más o menos mantener cierto orden y el disimulo por el hambre de vil metal. Hay una famosa percepción japonesa que habla de leer el aire (tener tacto).

Entre los repositores externos se lee preocupación, incertidumbre. Hay miedo de esta pandemia de coronavirus, pero hay más miedo de perder el trabajo. Las bajadas de líneas son dispares. A algunos los autorizan a trabajar hasta mediodía. Otros pueden seleccionar según la cantidad de gente que haya en el mercado. Y otros no dan tregua, es más, presionan con un néctar que parece dulce pero que en realidad, es coercitivo.

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Controles a los automovilistas en época de aislamiento obligatorio.
(Foto: Facebook del presidente Alberto Fernández)

Las horas extras. Rechazarlas podría marcar un camino de salida. Así que hay que trabajar. Algunos con barbijos, pero sin guantes. Otros viceversa. Todos trabajando. En lo único que convergen las grandes empresas, sobre todo, es en la meta: vender, vender y vender. Pero a la olla a presión cada vez le será más difícil contener el vapor.

La alegría de los perros

Vibra el celular. Es Claudia, enfermera. Cuenta que le robaron a una enfermera de terapia que iba a tomar una guardia en el hospital Evita Pueblo de Berazategui. También recalca que sí se están preparando. Que ojalá que no pase a mayores porque si esto se prende fuego va ser un desastre.

Afuera, los que gozan de anarquía son los perros. Rebosan de alegría y para sus dueños es la coartada perfecta para salir, para escapar de las reglas. Scott es un golden cachorro y su cola que no para de moverse, es la prueba más palmaria. Mientras, en el aire flota el aroma a alcohol en gel y sólo se difumina ante la portentosa fuerza del olor a lavandina que sale de la puerta de un edificio, llegando a Avenida Santa Fe. En eso suena el celular… Otro meme sobre el coronavirus.

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4 comentarios en “Postales de Buenos Aires en tiempos de cuarentena

  1. Queda al descubierto la opresión cotidiana que ejercemos lxs seres humanos sobre la naturaleza. Cuando callamos, cuando obligatoriamente paramos, la naturaleza se expresa, se agita y canta. A su vez, se devela la opresión cotidiana de las relaciones de poder, que se expresan con su rostro feroz.

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