Pornografía digital, sitios web al borde del delito

Tiempo estimado de lectura: 5 minutos La pornografía digital exhibe un alto número de sitios web que operan al borde del delito. El Caso Rose Kalemba, y más.

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Tiempo estimado de lectura: 5 minutos

Por Pablo Kulcar (pablokulcar@hotmail.com)

Existe un sitio en internet que rompió su propio récord de videos en red. Registró un tráfico de dos horas y media de contenido por minuto. No se trata de un tutorial de comidas o de aprendizaje de guitarra. Es Pornhub, un sitio de pornografía paga, que lanzó su ‘Combo COVID-19‘ gratis para todas las personas que quisieran descubrirlo. Otro de esos sitios web que operan al borde del delito.

En tiempos de cuarentena, los administradores leyeron en las conductas sociales cierto riesgo a tener una bucólica temporada de soledad social, y gracias a su expansión por países como Italia y España, donde este síntoma tiene un costo muy alto, pudo anclar sus servicios. También en Argentina.

Desde su creación hace 12 años, Pornhub distribuye material pornográfico de manera profesional o amateur. La página tuvo 42 mil millones de visitas en 2019, lo que habla de un público cautivo fascinado, que redescubre constantemente la variedad de las propuestas. Con 115 millones de entusiastas e incansables seguidores por día, el portal mostró haber estado a la altura de lo que le demandaban.

Uno de sus ítems es el de los llamados videos amateurs, que no son otra cosa, que los que sube el propio público. Para esto, sólo se exige tener más de 18 años, una dirección de correo y subir una foto del interesado o de la interesada, con ropa puesta, sosteniendo un papel donde se lea su nombre.

La laxitud de los controles para quienes desean constituirse en productores de videos, permite un entramado de adherentes impreciso y a veces al borde del delito. Los requisitos exigen a personas mayores de dieciocho años y situaciones consensuadas, pero ambas cuestiones aparentan ser tan fáciles de alterar, que parecen apuntar a un segmento social que no cumple ni una ni la otra.

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Hay que remitirse a las pruebas. Hace unos meses se encontraron 58 videos de una adolescente de 15 años que era buscada por su familia en el estado de Florida, en Estados Unidos, violada frente a una cámara por un sujeto detestable de 30 años. El sitio se excusó diciendo que la menor era una modelo afectada a dichas actuaciones de cinematografía casera. Pero en ningún momento dio de baja de la plataforma dichos videos.

Esta ha sido la punta del ovillo. La mecánica es siempre la misma. Avisos clasificados solicitando jóvenes para un set fotográfico publicitario o videos institucionales, para luego violentarlas y arrástralas bajo amenazas a producir ese otro material que alimenta la voracidad de un público apasionado pero sin escrúpulos.

Otro caso famoso es el del sitio gemelo y socio, llamado Girls Do Porn, cerrado en 2020 por el Departamento de Estado de los EE.UU. y demandado por 22 víctimas en 2016. Este portal generó una ganancia de 17 millones de dólares, como resultado del engaño y el abuso de mujeres. Las demandantes fueron coaccionadas a no reportar la violencia a la que fueron sometidas, bajo amenazas de colgar sus datos en páginas como PornWikiLeaks, que no tiene reparos en producir contenido relacionado con el tráfico de menores. Girls Do Porn tuvo 672 millones de visitas y aún sigue reproduciendo videos de 11 de las víctimas demandantes.

Caso Testigo

Rose Kalemba es una mujer que a los 14 años fue violada durante 12 horas, y sus imágenes aparecieron como videos en el sitio bajo los títulos de “Adolescente llorando”, “Adolescente siendo abofeteada” y «Adolescente desmayada y destruida”. Uno de estos videos fue favorecido por el público consumidor con 400.000 mil vistas. Hoy Rose, con 24 años relató a los medios que jamás obtuvo respuesta a sus demandas de cancelar su difusión. La ansiada invisibilidad llegó sólo después de que contó su caso en las redes sociales. En Facebook, tanto hombres como mujeres se solidarizaron y expusieron sus propios abusos. En muchos casos se trataba de adultos que fueron filmados en su niñez bajo apremios y coacción.

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Más allá de la inmoralidad y la falta de empatía para con las mujeres y los hombres que son obligados a filmar estos videos, lo que aquí hay es un hecho delincuencial. No se cumple ninguno de los consensos supuestamente exigidos por los productores. El material recorre la red libremente y es visto por menores, que son cooptados lo más rápidamente posible como consumidores. Con ello se intenta asegurar la aceptación social de estas conductas.

Una de las categorías más detestables es la llamada ‘Teen adolescente’ Aquí, mujeres adultas se disfrazan de menores para tener sexo con adultos que suelen doblarlas en edad. También se ofrece la categoría ‘Premium’, plataforma que muestra cómo son “desvirgadas”. Esto entra en las categorías ‘Hardcore’ (que reproduce situaciones violentas y abusivas) y ‘Exploited Teens’ (adolescentes explotadas).

El caballito de batalla son los videos amateurs, películas con protagonistas anónimos, que dependen del narcicismo individual. De que la cámara tome o no los rostros de aquellos que están poniendo su creatividad corporal en la tarea de conformar “al infinito y más allá”.

Raquel es una víctima que desmitificó la idealización del mundo porno desde indicaciones para fingir resistencias a la relación sexual, pasando por la exigencia de que siguiera trabajando a pesar de estar menstruando y tuviera que utilizar esponjas para el sangrado, con el riesgo de infección. Ella relató el dolor físico residual que implican tantas penetraciones violentas. Un dolor que se tiene tanto ante a la cámara, como fuera de ella.

La categoría más buscada

‘Latina Abuse’ es otra categoría en la que se intenta llevar a un supuesto estrellato la caracterización del estereotipo de las mujeres latinas obligadas a tener actos de sexo oral extremos provocándoles vómitos. El estereotipo del hombre negro, obligado a adecuarse a la imagen que el colectivo social tiene de su sexualidad, también se ve reflejado. Todo, y siempre, con la violencia como telón de fondo.

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Los informes estadísticos de los profesionales que estudian estos temas remarcan que el 40% de la pornografía se refiere exclusivamente a la violencia sobre la mujer. Sobre lo adolescentes, los informes plantean que el consumo de material pornográfico predispone a mayor probabilidad de experimentar con conductas riesgosas, como no usar preservativos, y relacionarse intentado reproducir imágenes sexuales aprendidas, así como al consumo de prostitución.

Definitivamente, la pornografía no es una comunicación erótica ni saludable. En ese ámbito la mujer es subordinada al hombre, y se la cosifica para el placer masculino. El porno influye en la sociedad, en la mirada de lo que es el ejercicio de la sexualidad. También apaña comportamientos y negocios malditos que acumulan sus ganancias a partir de la trata de blancas, la pedofilia, y las violaciones solapadas en un set de filmación.

Se trata de una industria que acumula ganancias en un altísimo nivel a partir de una víctima, y con el guiño de una legislación que no la regula en su exposición digital. Este vacío lo ocupan los Pornhub que se reproducen y aumentan su presencia en el mercado. La pornografía acaso lleve a una esperada autosatisfacción de hombres y mujeres. De lo que sí hay seguridad, es que es la plataforma de lanzamiento de las formas más repugnantes de explotación y sometimiento.

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