Psicóloga Sandra Ojman

Psicóloga Sandra Ojman

Por qué en Argentina los chicos huyen de sus padres

La psicológa Sandra Ojman brinda respuestas para reencauzar la relación entre padres e hijos.

Por Pablo Kulcar

Cecilia Villanueva, tiene 16 años y hace 45 días que falta de su casa. Su familia, desesperada, apunta a un vecino como responsable del hecho. María, su madre, habla de un tal Rodas, que merodeaba la casa, la escuela, y lo acusa de llenarle la cabeza y llevársela. La mujer afirma que el vínculo con su hija era excelente y que no encuentra motivos para que desaparezca. Familiares del tal Rodas declararon que en el caso que su pariente sea responsable, es seguro que los dos hayan escapado a Paraguay. La chica continúa desaparecida desde el 13 de julio.

La desaparición de menores es una noticia que acostumbramos a ver en los medios. Chicas, por lo general, que se ausentan por corto o largo tiempo de sus hogares. Sandra Ojman, licenciada en psicología, nos desarrolla lo que ella misma denomina un proceso de construcción familiar.

¿Cómo surge la idea de la huida, es algo intempestivo, producto de un hecho puntual que derrumba una situación muy inestable?

Es un proceso largo, no solamente de los chicos sino de toda la familia. Un adolescente no llega a esto. No se va o se fuga, ni escapa de repente. Es una decisión que está originada en un proceso anterior. Es la salida a un sufrimiento. Ya de por sí, la adolescencia tiene una complejidad en valores, en reformulación de las identidades, de lo que en síntesis es la preparación para la adultez.

Detrás de casos como el de Cecilia Villanueva hay indiferencia y conflictos familiares que afectan a los adolescentes”

Cuando nos referimos a este sufrimiento, ¿podemos establecer categorías, como si algunos de estos sufrimientos fueran los más causales de estos escapes?

Los chicos padecen extremadamente la indiferencia de los adultos, ya sea en familias funcionales o disfuncionales, sobre todo donde hay maltrato, ya sea físico o emocional. No encuentran espacios para ser escuchados, no tienen con quién conversar. Les falta quien los escuche con calidad e interés. Allí toman una decisión disruptiva, algo que logra romper una situación que los agobia.

¿Puede ser que algunos padres sólo vean esto como una aventura adolescente natural, como una conducta circunstancial y propia de la edad?

El chico no lo vive como una aventura, sino estaríamos victimizando a los padres que se quedan sufriendo mientras el hijo vive su historia con espíritu aventurero, pero esa no es la realidad. Es siempre un pedido de ayuda. Hay veces que existe una exigencia por parte de los padres y que con estas conductas se sienten defraudados o ven que ese hijo no cumple sus expectativas y este rechazo es lo que va desgastando la tolerancia del mismo. Este rechazo alimenta el sufrimiento.

Hay conductas que surgen como pedido de ayuda porque los hijos sienten el rechazo de padres que no ven satisfechas sus expectativas”

Recordemos que la responsabilidad del vínculo es de los padres. Los adultos somos los responsables del vínculo. No podemos empezar a hablar con ellos a los 16 años. Se empieza desde antes de que nazcan. Desde cómo son recibidos, cómo manejamos los límites, cómo los cuidamos. Si pretendemos poner el límite en la adolescencia nos equivocamos, porque este no es un acto, es un proceso.

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La psicóloga Sandra Ojman brinda respuestas para reencauzar la relación entre padres e hijos.

Muchas familias son negadoras y no se hacen cargo de lo que generan, ¿cómo se recompone un vínculo en esas condiciones?

Si los padres le echan la culpa a la actividad del chico afuera de la casa, no hay mucha posibilidad de recomposición. La familia debe reacomodar, reconstruir ese vínculo. Y sobre todo escuchar y preguntar. En síntesis, hablar. Tengamos presente que hoy en día nos cuesta comunicarnos entre los adultos. Y en relación a los menores, no se leen las señales de alerta, que seguramente fueron emitidas. Algunos empiezan a estar casi todo el tiempo escondidos o enchufados a una aplicación, es una manera de preservarse de agresiones, desvaloraciones. En resumen, de un entorno que los lastima.

Muchos adolescentes pasan casi todo el tiempo escondidos o enchufados a una aplicación para preservarse de agresiones y desvaloraciones”

¿Qué pasa con las familias que no pueden cambiar, que no saben que les es imposible un abrazo o un afecto?

Es posible que los espacios que esos padres no ocupen los tomen otros. Los chicos los buscan en otros lugares que a veces son los equivocados. Sólo intentan ocupar el lugar que tienen vacío. Buscan permanentemente ayuda en forma disruptiva para llamar la atención, para dar un mensaje.

Hablamos de construir puentes con nuestros hijos, pero no todos tienen las herramientas o no las conocen, o están bloqueados a su uso.

Bueno, existen diferencias generacionales que debemos asumir como estables. No necesitamos estar de acuerdo con ellos en la música a escuchar o en temas estrictamente políticos. Se puede tener distintas miradas, se debe permitir pensar distinto. Soñar cosas diferentes nos nos limita. El vínculo debe estar por encima de estas diferencias. Los temas en común son los afectos, la confianza, los cuidados que les demos. Los límites que les ponemos.

En resumen, ¿debemos ayudarlos a ser diferentes de nosotros?

Exacto. Hay adultos que no pueden traspasar ciertas limitaciones, como por ejemplo abrazarlos, o mirarlos al hablar. Todo esto es muy doloroso. Se pierden una cantidad de recursos que no se recuperan ni se sustituyen. Hay padres bloqueados. El amor debe estar en la mirada, es lo que un chico espera y necesita. Estos son los pilares de una construcción emocional fuerte y duradera.

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