Poliamor, otra forma de amar

Tiempo estimado de lectura: 4 minutos El poliamor emerge en estos tiempos como otra forma de amar. ‘Yo, vos, ella’, la serie de Netflix, actúa como disparador de un tema candente en las relaciones.

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Tiempo estimado de lectura: 4 minutos

Por Bárbara Guerschman (barbara.guerschman@gmail.com)

En la serie de Netflix Yo, vos, ella’, Emma y Jack conforman una pareja de clase media, que reside en un barrio situado en los suburbios de Portland, en Oregon, Estados Unidos. Ella trabaja como arquitecta en un estudio y él es consejero en un colegio secundario. Un buen punto de partida para hablar del Poliamor.

Tras varios años buscando infructuosamente embarazarse, y algo hastiados de la convivencia, él contrata una acompañante -y estudiante de psicología- llamada Izzy. Se lo cuenta a Emma y ésta la contacta, sintiéndose inmediatamente atraida por ella en el primer encuentro.

A lo largo de los episodios, se forja un vínculo amoroso entre los tres personajes, en el cual la pasión se combina con la alegría de estar juntos.

Donde comen dos, ¿comen tres?

Desde el capítulo uno, se habla claro. Los celos ocasionales -a partir de que alguno se siente a veces excluido del vínculo-, la posibilidad de criar hijos compartiendo la tenencia entre los tres o las dudas al momento de definir la orientación sexual de Emma (quien antes de casarse con Jack había tenido parejas mujeres).

Tampoco se dejan afuera los cortocircuitos generados al interior de la trieja, al advertir los prejuicios y las habladurías de sus vecinos suburbanos acerca de su presencia en el barrio.

Si se consideran las series como una expresión cultural de lo que ocurre en una época determinada, entonces ‘Yo, vos, ella’ evidencia una variante respecto a las formas de vincularse socialmente que trascienden la fórmula monógama.

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Amor tridimensional y pareja abierta

La expresión poliamor no es lo mismo que el termino pareja abierta. El poliamor designa la relación sexual y amorosa que una persona mantiene con otras dos, con el mutuo consentimiento de las partes. En cambio, en una pareja abierta, sus integrantes sostienen un vínculo afectivo y sexual entre sí, acordando tener sexo con otras personas en las cuales no está involucrado el afecto.

La trieja señalada como poliamor, consiste en la formalización de un compromiso y/o casamiento que involucra a tres personas. Y en estas relaciones poliamorosas hay variantes descritas en un artículo de Adrián Triglia, publicado en un sitio en Internet relacionado con la psicología, una de las cuales es el poliamor jerárquico, conformado por un grupo nuclear y un satélite.

Si Jack y Emma, a modo de ejemplo, formaran parte del grupo nuclear o la relación primaria, el afecto entre ellos sería más intenso que sus lazos respectivos con Izzy, perteneciente a la relación secundaria o la periferia. A su vez, Jack y Emma podrían imponerle restricciones a Izzy, respecto a sus posibles amoríos con otros u otras.

Otra variante es la anarquía relacional en la cual los integrantes de la relación no se imponen ninguna restricción entre ellos, contando con plena libertad para conocer a nuevas personas.

Adentrarse a las alternativas a la monogamia, no supone sólo enumerar términos que forman parte de un complejo glosario humano, sino evidenciar un abanico de opciones en lo relativo a las relaciones.

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Poliamor. Los límites y lo misterioso del amor.

El manejo de las emociones 

Ahora, teniendo en cuenta la monogamia como referencia, la pregunta es ¿Cuáles son los principios que se subvierten en el poliamor y cuáles se mantienen?

Uno de los aspectos trastocados es la forma de sentir los celos; ese ocasional ardor en ciertas partes del cuerpo, que puede derivar en explosiva ira al contemplar el objeto del afecto con alguien más.

Por supuesto que las personas implicadas en vínculos poliamorosos los sienten, pero lo esperable es que los celos se asimilen y sean procesados.

En algunos pasajes del libro ‘Etica Promiscua’ publicado en 1997 por la editorial española Melusina, las autoras Dossie Easton y Janet W. Hardy -quienes se identifican como feministas y terapeutas- consideran los celos como una experiencia que incluye emociones varias como el dolor, la furia y la pena. Y consideran que las personas precisan hacerse responsables de estas emociones, que no deben ser negadas. Así como incorporamos estas emociones desde la infancia, podemos aprender a controlarlas y reemplazarlas por otras.

En este sentido, las autoras dedican un capítulo entero del libro a lo que llaman “gestionar los celos” que, lejos de reprimirlos, significa trabajar en base a ellos para sentir una genuina alegría al observar a la pareja yéndose a encontrar con otro u otra.

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El poliamor, otra forma de amar.

Reglas y acuerdos

Lo que se mantiene en todas las relaciones poliamorosas son las reglas y los acuerdos, presentes igualmente en la monogamia. Aunque frente al estereotipo de una orgía interminable, lo que prevalecen más bien son los límites.

Así como una orgía nos sugiere la imagen de un encuentro grupal sin restricciones, las limitaciones caracterizan el poliamor en el sentido de explicitar honestamente los límites: qué se acepta y que no, a quién se incorpora a la relación y en qué condiciones.

En la cuarta temporada de la serie de la que hablábamos al principio, Jack y Emma cuestionan a Izzy su coqueteo con un compañero de trabajo y, a su vez, ésta última experimenta dudas acerca de su rol en la relación secundaria.

No importa si monógamos o poliamorosos, todos se han preguntado alguna vez, ¿cuán negociables son los límites y los acuerdos frente a lo maleable y misterioso del amor?  La respuesta es un desafío contínuo a las etiquetas linguisticas.

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