El poder del coronavirus frente a la subjetividad

Tiempo estimado de lectura: 4 minutos La Psicóloga Gisela Értola reflexiona sobre las relaciones de poder a la sombra de la pandemia de coronavirus que atraviesa la sociedad

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Tiempo estimado de lectura: 4 minutos

Por la Lic. Gisela Értola (elcafediariopuntocom@gmail.com)

Coronavirus. Poder. Un día de cuarentena me encontraba mirando la sección de noticias de un canal de televisión. En una sección informativa, se encontraba a un médico reconocido dando toda clase de explicaciones sobre el avance de la pandemia de coronavirus.

Al cambiar de canal me encontré con otro médico en pantalla, haciendo una exposición de otro aspecto de la pandemia, y hasta animandose a introducir conceptos de la antropología y otras ciencias sociales.

Así, a lo largo de varias jornadas, empecé a notar en la agenda mediática una aparición frecuente de profesionales de la medicina, la biología y otras ramas vinculadas, mientras que era manifiesta la ausencia de las miradas de intelectuales de otras disciplinas vinculadas a las ciencias sociales. Parecía que todo estaba reducido a una única mirada.

¿Hace falta otra mirada sobre el tema, qué les parece? En este contexto, me llamo a la reflexión.

El discurso imperante parece ser pura y exclusivamente biologicista: lo humano se explica sólo en términos biológicos, y la biología es considerada como la gran y única ciencia, aparentemente como la única avalada en el discurso televisivo.

Aquel que no ajuste su cuerpo a las variantes de prevención, para poder hacer cada vez más, será castigado.

El coronavirus refuerza lógica de dominación. La medicina dice todo lo que tenemos que hacer: qué está bien, qué está mal, y qué consecuencias tenemos si transgredimos esas normas.

Ponerse un barbijo, lavarse las manos cada una hora, usar alcohol en gel, desinfectar con lavandina. Aquel que no ajuste su cuerpo a las variantes de prevención, para poder hacer cada vez más, será castigado. Se vuelve todo muy automatizado. Nos convertimos en máquinas que ejecutan conductas estereotipadas.

Ese poder es un discurso que todos internalizamos como propio y ejercemos a partir de un soporte simbólico: este virus nos puede matar.

Como refiere Michel Foucault, el poder no está materializado en un objeto. No es algo que cedemos como ciudadanos a los expertos. Es algo se asume como ya dado. Todos tenemos que estar de acuerdo con este discurso.

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Coronavirus: En este momento social e histórico, el poder está en la lucha de fuerzas entre unos y otros. (Foto: Unsplash)

En este momento social e histórico, el poder está en la lucha de fuerzas entre unos y otros. El poder es el resultado de las relaciones de lucha de fuerza. El sujeto está atravesado por relaciones de poder, y no puede ser considerado independientemente de ellas.

El poder está en todos lados. En este contexto, el poder plantea una lucha de fuerzas desiguales. El discurso imperante es absolutista frente al poder del individuo.

Este poder no sólo reprime, sino que también produce. Produce efectos de verdad. Produce saber, en el sentido del conocimiento. Produce instrucciones, comportamientos, conductas, valores y castigos justificados en el bien común: Tenemos que hacer esto por el bien de todos.

No hay contraste de opiniones ni reflexiones frente a este bombardeo de ideas que tienen carácter de verdad

Este conocimiento se traduce en representaciones, basadas en justificaciones incuestionables.

La gente, al no poder hablar con el vecino, no puede contraponer ideas y pensar en conjunto. No hay contraste de opiniones ni reflexiones frente a este bombardeo de ideas que tienen carácter de verdad. No tenemos más lazos sociales que nos contengan. No tenemos con quién compartir ideas.

Esto trae como consecuencia la homogeneización como dispositivo de control social. Cualquier transgresión o intento de correrse de lo igual, puede vivirse con culpa y es motivo de represalias. El castigo es una demostración del control para mostrar las consecuencias de la transgresión, y así reafirmar el poder.

Como justificación, el discurso imperante intenta instaurar la idea de unidad, de mantener el bien social. Esta guerra silenciosa fuerza a reforzar medidas unívocas, del uno (el Estado) para todos (la población), basadas en relaciones de dominación.

Así,el discurso dominante es el malestar cultural por la pandemia de coronavirus y sus modos de combatirla. Nos sometemos a un control introyectado: Tengo que lavarme las manos, tengo que usar barbijo, tengo que quedarme en casa. Reducimos nuestros cuerpos a objetos pasivos, nos des-subjetivamos.

El poder es un mecanismo que anula la subjetividad y vuelve dóciles a los cuerpos. El sujeto cree haberse liberado del control externo, pero ahora es él mismo quien que se ha vuelto devoto al control. Es un poder voyeurista. Están todos observándose para controlarse. Así el cuerpo queda fijado a un sistema de normas, automatizado. Se convierte una máquina de producción dócil.

Necesitamos rescatar la importancia por lo singular, de reflexionar, de contrastar, de repensar.

El discurso imperante es el amo, y se centra en un saber supremo que barre toda posibilidad de tener en cuenta el saber del sujeto: sobre sí mismo, sobre su cuerpo, sobre sus sentimientos, sobre sus síntomas, sobre su padecimiento, aunque no siempre pueda dar cuenta conscientemente de ese saber.

Frente a este avasallamiento, necesitamos rescatar la importancia por lo singular, de reflexionar, de contrastar, de repensar lo establecido y el sin sentido; confrontar la omnipotencia.

Como sujetos debemos cuestionar el imperativo de que vamos a poder con todo. Necesitamos adoptar una mirada más amable con nosotros mismos, sabiendo que no somos omnipotentes.

La Lic. Gisela Értola es psicóloga graduada en la Universidad de Buenos Aires.
Matrícula Nacional 58.978

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3 comentarios

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Muy de acuerdo, hay que tener una mirada critica del bombardeo de las noticias que generan más miedo y viene bien tener otras opiniones de todo lo que sale en los medios

Hola Melina, muchas gracias por compartir tu comentario. Para que el «bombardeo» no avasalle, suman los comentarios y reflexiones para re-pensar lo establecido. Gracias!.

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