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Peste

Tiempo estimado de lectura: 2 minutos Solidaridad vs individualismo. Coronavirus, la peste del siglo XXI, provoca profundas reflexiones. La pandemia. Columna de Ariel Robert.

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Tiempo estimado de lectura: 2 minutos

Por Ariel Robert (arielrobert1@gmail.com)

Hoy, y por decisión unilateral, postergo la postergación prevista para trabajar, por lo cual , aquí estoy. Suspender toda actividad resulta exagerado, excepto haya apenas un caso en que esta peste ponga en riesgo la salud general de la población, y la ausencia de contacto garantice salud. Así se comporta. Negra o bubónica ayer, COVID-19 o coronavirus hoy.

Pocos sucesos muestran con tanta elocuencia la vulnerabilidad del humano como puede ser la propagación de una enfermedad infecto-contagiosa. Y si la propia Organización Mundial de la Salud le otorga el carácter de pandemia, peor. Pan significa todo. Todo y todas. De ahí que desde ahora queda suspendido cualquier panegírico. Por supuesto, el primero en decretar tal previsión ha sido el Congreso de la Nación, y lo bien que hacen.

Al menos durante marzo, la cámara baja, decide con fuerza de ley que no discutirá y por consiguiente no dictará leyes. Esto, según la vocación de algunos no muy afectos al verbo, a las discusiones y a la república, podría implicar un riesgo para quienes sí preferimos los sistemas parlamentarios. ¿Por qué? Porque si no se ocupan las bancas y todo marcha con la normalidad anormal que reviste esta situación de alarma internacional, será difícil convencerlos de la conveniencia de la existencia de ese poder, hoy tan cuestionado más por envidia que por un profundo análisis de situación.

Con la aparición o re aparición de este virus, diminutos seres del reino animal, que asusta más que cualquier intempestiva cadena nacional, se hace inevitable pensar y re pensar de qué materia estamos constituidos los humanos. Si acaso sólo somos una masa cárnica y ósea, con una c-pe-u gelatinosa, dividida en dos hemisferios, que a veces actúa con enorme habilidad eléctrica, o en verdad somos seres provistos de una inteligencia superior, capaz de gobernar las pulsiones propias de cualquier otro mamífero, e inclusive, con poderes metafísicos, suficientes para organizar cualquier caos que amenace la paz y el amor que reina a diario.

Irrebatible duda. La frontera que separa la ficción de la realidad es tan lábil y sinuosa que no hace falta hacer equilibrio en la cornisa para padecer sensación de vértigo.

Este coronavirus confirma los máximos galardones obtenidos en la literatura del siglo pasado. Tanto el portugués Saramago de nombre José, como el argelino Camus, Alberto, recibieron sendos Nobel por su destreza literaria. Cualquiera que relea o lo haga de manera inaugural , La Peste, de Camus o Ensayo sobre la Ceguera, de Saramago, se aproximará a lo que hoy atravesamos.

Iba a continuar, pero tras la imperiosa necesidad de estornudo que me asalta, como la seguridad y la libertad, esta columna quedará inconclusa, al menos hasta dicten un decreto de necesidad de urgencia para que la solidaridad reemplace definitivamente a la acumulación de poder, que siempre trae una máscara que promueve miedo.

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