Perdidos y encontrados: el matrimonio en aislamiento

Tiempo estimado de lectura: 5 minutos

Por Bárbara Guerschman (barbara.guerschman@gmail.com)

Al iniciarse los primeros días de cuarentena, el humor encubría una perspectiva más bien apocalíptica en relación a los matrimonios, perdidos y encontrados, con hijos o sin ellos. La reproducción descontrolada de los memes en los celulares acerca de las parejas, en los cuales se retrataban los efectos destructivos potenciales de la convivencia formato 24X07: irritación, hastío y una oleada inminente de divorcios.

Entre las numerosas producciones que tratan acerca del matrimonio, la película ‘Perdidos en Tokyo’ se caracteriza por la forma sutil como Sofía Coppola describe los desencuentros entre los principales personajes con sus respectivas parejas.

Jet lag

El esposo de Charlotte es fotógrafo y sus conversaciones frenéticas giran en torno a su trabajo mientras ella se siente «estancada» respecto al rumbo de su vida. Por su parte, la esposa de Bob está concentrada en el cuidado de los hijos y la remodelación de la casa donde viven en la ciudad de Los Angeles. Sus llamadas se caracterizan por una sucesión de fórmulas forzadas de cortesía.

El film también trata acerca de los contratiempos que se producen al no entender un idioma, lo cual remite al título original –‘Lost in Translation’– que podría traducirse como «Perdido en la traducción». A las dificultades idiomáticas, se le suma el hecho de vivir en un hotel que el antropólogo Marc Auge caracteriza como uno de los «no lugares»: espacios de anonimato donde circulan de forma acelerada bienes y personas.

Como si los desencuentros y el idioma no fueran suficientes, Charlotte y Bob no pueden dormir debido a los efectos del jet lag o el también llamado «trastorno de desfase horario» que afecta a quienes viajan atravesando múltiples husos horarios. Debido a que el reloj corporal está sincronizado con el huso horario original, el trastorno se produce al no adecuarse el cuerpo al huso horario correspondiente al lugar al cual se viaja.

Perdidos en un hotel lujoso e impersonal, desorientados frente a un idioma ignoto a pesar de los intérpretes y experimentando insomnio todas las noches, Charlotte y Bob se conectan entre sí durante algunos días hasta que él vuelve a Los Angeles.

No hace falta que me digas…

¿Por qué los memes acerca de la convivencia se centran en los aspectos más ingratos del matrimonio? Posiblemente, porque la convivencia durante las 24 horas ha revelado aristas insospechadas de las relaciones humanas en aislamiento, una situación en la que se pierde la referencia del afuera porque todo sucede al interior de un laboratorio que son los hogares.

Al conversar acerca del matrimonio, Charlotte le pregunta a Bob si aquel se vuelve más fácil con los años, Una pregunta que, reformulada en el contexto señalado, podrían responder las mismas parejas. ¿Cómo es posible evaluar la facilidad o dificultad en las relaciones cuando se habita el mismo espacio físico todos los días, el mismo día?

María (46) convive con Paulo (53) hace 20 años, tienen dos hijos adolescentes y trabajan en su casa de Balvanera como docentes. En lo que respecta a la comunicación con su esposo, ella se describe a sí misma como «explosiva» en el sentido de formular pedidos de un modo no amable. Tras esos momentos tensos en lo verbal y al percibir los efectos corporales y psíquicos que conlleva el encierro, ambos buscan formas de conciliar.

En el caso de Romi (42), ella señala la conexión y el buen trato que siempre mantuvo con su esposo Sebastián (41). En las circunstancias actuales, sin embargo, ambos se alteran y «contestan mal» debido, en gran parte, a la modalidad de teletrabajo. Los frecuentes problemas de conectividad en su casa de Caballito generan nerviosismo y contribuyen a tal alteración.

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Lo que afecta la convivencia en cuarentena de Gloria (64) y Roberto (60) son las contrariedades cotidianas que ella considera «externas» al matrimonio: la inseguridad, el aumento sostenido de los precios, la incertidumbre acerca de cómo afrontar los meses de inactividad y problemas familiares varios. Como resumen de esas visicitudes, Gloria señala que en su casa de Flores, en la que conviven solos ya que no tienen hijos, «nos amargamos y reímos juntos».

Teniendo en cuenta el escenario presente, lo difícil es vivir y trabajar en el mismo lugar, así como las consecuencias económicas que la cuarentena genera en Argentina y en el mundo. Como contrapeso de las reacciones que generan ciertos intercambios verbales, cabe mencionar la conexión entre esposas y esposos, más allá o quizá debido a la coyuntura actual.

Los trabajos y los días

Ante la pregunta de Charlotte, Bob evoca sus primeros años de casado, cuando Lidia lo acompañaba a sus viajes de trabajo para luego centrarse en las cuestiones domésticas y el cuidado de los hijos. En situación de cuarentena, estas cuestiones adquieren relevancia cuando se percibe una alteración radical de las rutinas, la multiplicación de las tareas y la necesidad de reorganizarlas.

Junto con esta reorganización, se incorporan hábitos que se proyectan sostener aún cuando finalice el aislamiento, como por ejemplo, compartir más tiempo de juegos con los niños como es el caso de Francisco (44) y Tamara (42), quienes residen en Puerto Madryn. En varios casos, se reparten las labores de limpieza, cocina y el cumplimiento de las tareas escolares entre los padres, procurando que los hijos participen.

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En este sentido, Mari (44) y Ernesto (46) instan a los suyos a hacer las camas y levantar los platos en cada una de las comidas en su casa de Caballito. La reorganización señalada e incorporación de nuevos hábitos están presentes también en parejas sin hijos, estableciendo una división del trabajo respecto a la realización de las compras y el arreglo de algunos desperfectos hogareños.

También se adoptan rutinas: evitar prender la TV como pretenden Gloria y Roberto o asistir de forma remota a misa más allá del domingo, como es el caso de Claudia (54) y Marcelo (56), quienes viven en Wilde y no tienen hijos.

Los memes acerca del matrimonio son apocalípticos al igual que resulta melancólica la visión de Sofía Coppola cuando exhibe un Tokyo adverso. En estos días, no es el idioma la dimensión desconocida sino la duración y las consecuencias de la pandemia.

El aislamiento no se produce en una habitación de hotel sino en los hogares en donde algunos no pueden dormir, o duermen mal. Evitando caer en el apocalipsis y tampoco negando las dificultades, la convivencia 24×07 se caracteriza por la inevitable reinvención de las rutinas. En ciertas instancias, se marcan fronteras entre las tareas y los espacios. Y en otras circunstancias, las fronteras se esfuman al valorar la compañía.

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