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Alberto Fernández saluda a sus votantes después de conocido el resultado de las PASO. (Foto Twitter)

El día después de las PASO o el último volantazo de un país evanescente

Tiempo estimado de lectura: 4 minutos Los aplastantes resultados de las PASO provocaron la hecatombe en el gobierno de Macri. La volatilidad del voto nacional. Lo que viene tras el último volantazo.

Tiempo estimado de lectura: 4 minutos

Por Rodolfo Chisleanschi (elcafediariopuntocom@gmail.com)

Se dice que fue el economista Simon Kuznets, ruso de nacimiento pero residente desde muy joven en Estados Unidos, quien clasificó el mundo en cuatro tipo de naciones: desarrolladas, subdesarrolladas, Japón y Argentina. Como toda categorización, la suya podría ser discutible, pero la excepcionalidad del país que ocupa la orilla occidental del Plata queda fuera de toda duda. Los resultados de las PASO y este último volantazo no hacen más que ratificar una afirmación que lleva años cocinándose a fuego lento.

Somos una sociedad diferente, imprevisible, oscilante, demasiado proclive a dejarse llevar por la última voz que nos endulza los oídos o el último condimento que promete cambiar el sabor del plato. También pirómana, permanentemente dispuesta a encender fósforos en un depósito de combustible. Un país a la vez evanescente e incendiario.

Mandan el bolsillo y la heladera

A la originalidad de celebrar unas elecciones en las que no se elegía casi nada trascendente, se le agregó el asombro de unos guarismos que no estaban en ninguna carpeta, ni de los vencedores ni de los vencidos, pero que alientan la certeza de que por encima de presuntas ideologías, el grueso de los votantes se rige por elementos circunstanciales. Ausente la opción de hacer proyectos a largo plazo (cualquier parangón con la selección nacional de fútbol no es casualidad), mandan el bolsillo, la heladera, el humor del momento y la rosa de los vientos.

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Mauricio Macri votando en las PASO. El gobierno demoró mas de una hora el anuncio de su derrota. (Foto Twitter)

El camino deriva en travestismo político, en volantazos violentos y en golpes impensados de imposible predicción. Ahí están las empresas encuestadoras, con la credibilidad por los suelos y preguntándose qué deben hacer para levantar la puntería si no quieren ser definitivamente condenadas al destierro. O esta misma columna, que hace apenas una semana imaginó un primer round de estudio y se encontró con una trompada demoledora al mejor estilo Tyson.

La secuencia electoral de la última docena de años en la Argentina es lapidaria respecto a la coherencia del pensamiento social. Cristina Fernández de Kirchner ganó la compulsa presidencial de 2007 con el 45% de los votos, 22 puntos por encima de Elisa Carrió. Sin embargo, en 2009, la consecuencia del conflicto con el campo logró que un ignoto y fugaz personaje llamado Francisco De Narváez derrotase a la lista encabezada por el mismísimo Néstor Kirchner en las legislativas de la provincia de Buenos Aires.

Este domingo pasó lo que pasó

Esto no impidió presenciar en 2011 la abrumadora victoria de CFK, reelecta con el 54% de los votos, ocho millones más que su mayor oponente, Hermes Binner. En 2013, un escindido Sergio Massa iba a sacarle un millón de sufragios de ventaja al oficialismo en Buenos Aires, anticipando la derrota del kirchnerismo en las presidenciales de 2015, cuando Mauricio Macri venció a Daniel Scioli por el 1,5% de los votos en el balotaje. Las legislativas de 2017 vieron el tropiezo de CFK en Buenos Aires ante un candidato de tercer orden como Esteban Bullrich y pintaron de amarillo el mapa del país, abriendo lo que semejaba ser una amplia etapa de gobiernos de derecha… Y este domingo pasó lo que pasó.

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Alberto Fernández luego de sufragar en las PASO. El candidato de Todos se impuso con una inesperada ventaja de 15 puntos sobre Cambiemos. (Foto Facebook)

Pocos minutos después de conocerse el alcance del triunfo de los Fernández, un tuit que resumía este peculiar modo argentino de expresarse en las urnas, un seguidor uruguayo aceptaba sus dificultades para entender a los vecinos del otro lado del charco: “¿Cómo hacen para votar una cosa y a los 2 años votar totalmente lo contrario?”, se preguntaba, para concluir que unos cambios tan drásticos y de tanta gente al mismo tiempo “es muy raro”.

No, no es fácil la comprensión, ni vista desde afuera ni vivida desde adentro. La Argentina es un canto permanente a la originalidad. El cortoplacismo se ha vuelto hábito y no mide riesgos, ni para apostar ni para castigar. Lo mismo se le ponen las fichas a un grupo de CEOs sin experiencia gestora de lo público como se los lapida aunque eso amenace con provocar un (nuevo) incendio económico-financiero.

Recuerdo de tiempos no lejanos

El lunes post PASO, con la cotización del dólar disparándose hasta la estratosfera, recuerda tiempos no demasiado lejanos. La hiperinflación que acabó prematuramente con el mandato de Raúl Alfonsín o el corralito que encendió el motor del helicóptero de Fernando De la Rúa vuelven al primer plano de la memoria y obligan a poner en duda si Macri llegará a cumplir un mandato al que todavía le quedan cuatro meses. El periódico olor a humo también es parte de la evanescencia.

No es fácil entender a la Argentina, aunque hay que aceptar que Simon Kuznets no anduvo lejos en su clasificación de las naciones del mundo. Sí, quizás, exageró un poco: para ser considerado un caso aparte, Japón no nos llega ni a la altura de los talones.

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