tags
Tiempo estimado de lectura: 6 minutos

Por Cecilia Oliveros (ceci_oliveros@yahoo.com.ar)

Tengo 51 años. Soy editora de El Café Diario. Estudio Edición en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires (UBA) y quiero compartir algo muy íntimo y personal. Mi experiencia como víctima del cáncer de mama y la forma como encaré mi recuperación.

Como se les recomienda a todas las mujeres, siempre me hice los controles anuales, prestando atención a un nódulo que tuve durante más de 20 años tuve en la mama izquierda, que controlaba cada vez que me decían.

En mayo de 2017 fui al ginecólogo para llevarle los estudios que me había pedido que me hiciera (ecografía mamaria y mamografía). Cuando miró los informes y las imágenes de lo que le había llevado, notó algo que no le gustó. Enseguida me dijo que debía ir al Hospital Rivadavia, al área de Patología Mamaria, y ver a una médica en particular un día específico.

Cuando llegó ese día fui al hospital a ver a esa médica, con todos los estudios según la indicación del ginecólogo, a ver qué me decía.

Una vez adentro, miró lo que yo había llevado y me revisó. Al terminar, me dijo que debía volver en un día determinado con todos esos estudios para que fueran evaluados por el «comité de mama«, donde me revisaría todo el equipo de Patología Mamaria.

Ese día fui, llena de miedo y vergüenza, con la incertidumbre de qué me harían y cómo sería todo. Al llegar y anunciarme en la recepción, entregué todo lo que había llevado.

tags
Con mi amigo Luciano Saracino (escritor de Literatura Infantil y Juvenil) en la Feria del libro de 2019.

Cuando entré y me acosté en la camilla, después de sacarme la ropa, empezaron a palpar la mama izquierda, de a uno por vez. Eran 6 o 7, entre hombres y mujeres.

Tras haber terminado de revisarme todos y de haberme vestido nuevamente, el jefe del servicio se acercó a mí y me dijo que tenía que ir nuevamente y hacerme una punción.

El día de la punción fui pensando que sería algo sencillo y similar a cuando me palpaban la mama. Pero una vez adentro, ya acostada en la camilla, vino lo peor. Porque la médica, que era la misma que me había atendido el primer día, me pinchó. Y me dolió. Le dije que me había dolido, pero no le importó. Y siguió pinchándome como si nada. En total, fueron 7 pinchazos y cada uno me dolía más que el anterior. A pesar de que yo me quejaba, ella seguía igual.

Cáncer de mama. Diagnóstico y pasos a seguir

Al cabo de algunos días, cuando fui a buscar el resultado, otro de los médicos del equipo (porque el jefe no estaba) me informó: «es un cáncer de mama. Hay que operar«.

En pocos días tuve que correr para hacerme todo el prequirúrgico y operarme. La primera operación fue el 21 de julio de 2017, en la cual me sacaron 12 ganglios y 6 pedazos de mama.

Cuando me dieron el resultado, me dijeron que iba a hacer falta operarme nuevamente. Pero que yo eligiera si quería que me sacaran 1 pedazo, tratando de conservar el resto de la mama ya que había más de un 60% de posibilidades de que el resultado fuera bueno, o sacarme toda la mama. Yo opté por la primera alternativa y el 22 de septiembre fui operada por segunda vez.

Cuando me dieron el resultado, aproximadamente un mes después, me dijeron que iban a tener que sacarme el resto de la mama, y que fuera a ver a un oncólogo determinado para poder empezar con la quimioterapia cuanto antes.

Oncología y quimioterapia

Apenas salí de ahí fui a Oncología, donde tuve que esperar para ser atendida.

Una vez adentro del consultorio, el médico me estuvo explicando varias cosas de esta enfermedad, y me dio las órdenes correspondientes para hacerme los estudios necesarios antes de comenzar con la quimioterapia.

Cuando tuve todos los resultados, se los llevé. Entonces me dio algunas indicaciones acerca de la quimio; entre ellas, que me rapara porque se me iba a caer el pelo, porque si no lo hacía, podía sufrir mucho.

tags
Uno de los efectos secundarios de la quimioterapia.

Al salir de la consulta con el oncólogo, fui adonde se realiza la quimioterapia para pedir el turno.

Antes de raparme me compré una peluca, que comencé a usar enseguida de haberme quedado con el pelo tan cortito. Y recuerdo que en la primera consulta que tuve con mi oncólogo después de haber empezado a hacerme quimioterapia, él me retó pensando que no le había hecho caso. Pero cuando le dije que era una peluca me respondió que no se había dado cuenta, pues era del mismo color y largo que mi pelo en aquel momento.

La quimio la hice en dos etapas. La primera fueron 4 sesiones, una cada 21 días, entre octubre y diciembre; la segunda consistió en 12 sesiones, una vez por semana, entre febrero y abril de 2018.

Sufrí mucho por la pérdida del pelo, a pesar de que siempre tuve la cabeza cubierta. Al principio usé peluca, hasta que me empezó a dar alergia porque comenzaba a hacer más calor. Entonces, empecé a usar pañuelos para cubrirme. Y a pesar de que muchos me decían que los dejara de usar porque ya tenía pelo, los abandoné cuando me sentí cómoda con el largo de pelo que había conseguido.

tags
Después de la primera etapa de quimioterapia, en familia en la Nochebuena de 2017.

A fines de mayo comencé a tomar Tamoxifeno. Lo tomé durante un año, y después el oncólogo debió cambiármelo por Anastrozol debido a que me producía picazón en el interior de la vagina.

El 19 de julio de 2018 tuve mi tercera operación, para terminar de sacarme la mama. Pero me dejaron un colgajo por si en algún momento quería hacerme la cirugía reconstructiva. No solo me negué a que me hicieran dicha cirugía, pues requería de varias cirugías y podía no quedar bien porque soy de mamas grandes aparte de que yo ya no quería seguir sufriendo, sino que en febrero de 2019 me operaron nuevamente para sacarme ese colgajo que tanto me molestaba e impresionaba.

tags
Cicatriz después de la operación por cáncer de mama.

Tras cada operación, cada vez que iba a que me controlaran y me sacaran líquido de la herida, yo disfrutaba mucho cuando quien me lo hacía era el jefe del servicio no sólo porque era quien me había operado las tres veces sino también porque siempre lo hizo con tanta suavidad que nunca lo percibí. En cambio, un par de veces me atendió la médica que me había hecho la punción al principio de todo, y ella sí me hizo doler.

Cursando en la facultad

Desde un principio les conté mi situación a las profesoras a cargo de la materia que yo estaba cursando en ese momento en la facultad, y me brindaron todo su apoyo además de que me pidieron que las mantuviera al día con las novedades.

Ese año (2017) no logré aprobar la materia y volví a cursarla al año siguiente (2018). Con una particularidad. Cada semana, al salir de la sesión de quimioterapia, me iba hasta Caballito a cursar. Y esto sorprendió mucho a las profesoras porque no entendían cómo podía estar tan bien si me estaban haciendo quimio 1 vez por semana.

Esa vez, en esa nueva cursada, logré aprobar. Aunque aún debo el final.

Si bien al principio me sentía molesta por hacerme los controles cada 3 meses, actualmente los realizo cada 6 meses con total naturalidad. Y sigo tomando mi medicación diariamente.

tags
Con mi amiga Gabriela Exilart (escritora marplatense) en la presentación de su libro en noviembre de 2018.

A pesar de todo esto, nunca dejé de hacer mis actividades cotidianas, aunque siempre siguiendo las indicaciones de los médicos. Y, actualmente, acá estoy. Sólo me quedan unos pocos finales pendientes.

Propósito y mensaje

Finalmente, el relato de mi experiencia con el cáncer de mama busca hacer un llamado de atención a todos. No se descuiden. No se dejen estar. Vayan al médico. Háganse todos los controles que les indiquen. Cuanto antes. Hoy. Mañana puede ser tarde.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *