Padres, hijos y divorcio en el contexto del Coronavirus

Tiempo estimado de lectura: 3 minutos En cuarentena por coronavirus y por el divorcio toma protagonismo la (mala) relación entre padres. Tironeos por los hijos. Qué hacer.

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Por Bárbara Guerschman (barbara.guerschman@gmail.com)

Carlos y Nicole dejan de amarse, se separan y ella se muda a otra ciudad con su hijo Enrique de 8 años, aunque Carlos no lo aprueba. Para visitar a su hijo, debe tomar un vuelo que dura varias horas. Si ella residiera en la misma ciudad, debería movilizarse entre barrios. ¿Qué sucedería si Carlos y Nicole estuvieran implicados este contexto de la pandemia por el coronavirus, en la actual situación de cuarentena?

¿De qué forma podría Enrique estar con ambos padres si estos vivieran en ciudades diferentes, al estar suspendidos los vuelos o limitados los medios de transporte?

La presente situación no sólo fuerza a mantenerse recluido sino que plantea dilemas respecto a la convivencia entre padres e hijos: realizar deberes escolares y actividades con ellos mediante plataformas virtuales, regular las horas de exposición a los dispositivos móviles, responder sus preguntas y angustias acerca de una situación anómala.

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Genera dilemas en particular respecto a aquellos niños que, como en el caso de Enrique, viven en dos hogares y deben movilizarse de uno al otro. ¿Cómo determinar de una forma certera y unilateral cuál es la casa legítima de los niños y/adolescentes o, como se denomina en el decreto N° 297/2020 el domicilio que es su centro de vida cuando la respuesta puede ser múltiple?

El retratista

Los personajes señalados al inicio corresponden a la película Historia de un matrimonio que la plataforma Netflix difundió en 2019. En el film, Charly y Nicole (dos artistas) se separan y ella resuelve asentarse en la ciudad de Los Angeles con su hijo Henry a pesar de la resistencia del padre, quien considera que su familia está definitivamente radicada en Nueva York mientras que la madre constantemente esgrime una promesa nunca cumplida de su esposo de vivir en la costa oeste.

Lo que exhibe el director estadounidense Noah Baumbach constantemente son los rostros de lo protagonistas signados por el dolor. La rabia y la progresiva aceptación de una nueva situación en sus vidas. También evidencia el río revuelto en el cual se implican algunos abogados divorcistas –en un arduo contexto legal- abocados a buscar los aspectos más oscuros de los padres respecto a su personalidad y formas de crianza con el fin de obtener la custodia completa.

No es la primera producción de este cineasta referida a un proceso de separación, puesto que en 2005 estrenó la película El calamar y la ballena acerca de una familia instalada en el suburbio de Brooklin en Nueva York . Dos padres escritores e intelectuales, con dos hijos varones, se divorcian y la aguda mirada de Baumbach se concentra en las vicisitudes emocionales de los  miembros de la familia: sus miserias internas, pequeños aciertos y la dura adaptación al hecho de vivir en dos lugares en el curso de la semana.

El centro de la vida

Quienes tienen hijos y están separados o divorciados, como los personajes del director, se encuentran en una situación atípica en estos días, cuando el principal objetivo es limitar los movimientos de las personas para evitar las situaciones de contagio. Si Nicole y Charles vivieran en el mismo barrio en Argentina, deberían portar consigo una declaración jurada y sus respectivos documentos para trasladar a Henry.  

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En el boletín oficial del Ministerio de Desarrollo Social, se indica la excepción para trasladar a un niño y/o adolescente. Se produce si al momento del aislamiento preventivo y obligatorio, éste se encuentra en un domicilio diferente a su centro de vida, o es el más adecuado para su interés superior. Más allá de lo establecido formalmente en un boletín, es preciso considerar cómo los matices humanos de todos los días se complican con los nuevos decretos, generando disyuntivas entre los padres, procurando determinar cuál es el domicilio correspondiente con dicho centro, o bien el interés superior que es preservar la vida en última instancia.

Es necesario haber superado (¿es posible?) las profundas desavenencias que tienen los padres (retratadas crudamente en los films indicados) para acordar cómo sobrellevar la vida en el momento actual, preservando los intereses superiores de todas las personas.

Es curioso que en estos tiempos de encierro, los innumerables memes acerca de la convivencia sostenida en pareja y en familia generen tantas risas en las personas encerradas. Una suerte de escape literal y metafórico de un contexto absoluto. Pero no genera el mismo grado de humor público la situación de los padres divorciados cuando no existe ningún impedimento lógico para difundir memes de bromas sobre traslados, tenencias compartidas y familias ensambladas.

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