Orientación vocacional, mucho más que elegir una carrera

Tiempo estimado de lectura: 3 minutos La orientación vocacional se piensa sólo con el fin de elegir una carrera pero lo excede. Las variables que juegan en un proceso más complejo de lo que se cree.

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Tiempo estimado de lectura: 3 minutos

Por la Lic. Gisela Értola (elcafediariopuntocom@gmail.com)

«Vine para que me digas qué estudiar, ¿en qué carrera me anoto?«. Es frecuente que se hable de la orientación vocacional como un proceso anclado en satisfacer la demanda lo más rápido posible. Pero la orientación requiere mayor compromiso y dedicación, dado que es un proceso dirigido a esclarecer un proyecto de vida.

Se trata de un trabajo que contempla la posibilidad de reflexión sobre las representaciones o aprendizajes adquiridos en la infancia para resignificarlas en el presente, tamizarlas, redescubrir habilidades, creencias, ideas. Todo esto, orientado en función de armar un proyecto futuro. Es un trabajo de historización, una labor de deconstrucción y construcción, que excede a la mera aplicación de tres técnicas y una carrera.

Trabajo con la historia personal

Si bien la representación social de lo que es un proyecto varía en cada contexto y cultura, en líneas generales los jóvenes lo suelen asociar con planificar e informarse con miras a un futuro. Es decir, que se entiende que un proyecto es una anticipación al futuro. Entonces, se trata de reflexionar sobre el futuro que se desea alcanzar y las habilidades, conocimientos y medios con los que se cuenta, o que son necesarios adquirir para ello.

La construcción de un proyecto se produce en el juego entre las experiencias pasadas y las vivencias presentes, y es en esa interrelación constante donde las intenciones de futuro se van construyendo. Con la ayuda del profesional, se trabaja sobre la trama de la historia de ese sujeto.

Múltiples variables en juego

Así como varía en diversos entornos sociales la representación social de lo que se considera proyecto como tal, también existe diversidad en lo que cada sujeto significa como creencias, ideas, habilidades, intereses, y aquellos que son valorados y los que no. 

Existen diversos constructos o esquemas de obrar, sentir y pensar asociados a la posición social. Los estilos de vida, recursos, estrategias hacen que un sujeto pueda pensar un proyecto o verlo como un túnel inalcanzable. Es un proceso atravesado por una multiplicidad de variables.

Así, un adolescente que ha crecido en un contexto de mayor capital económico y cultural contará con mayor conocimiento sobre sus gustos e intereses porque se ha encontrado con mayores posibilidades para ello. Tal vez tuvo la oportunidad de descubrir que le gusta el manejo de idiomas a partir de sus viajes o porque accedió al estudio de una segunda lengua.

¿La posibilidad de descubrirse se juega de igual manera para todos? En un contexto familiar centralizado en el capital económico, y cargado este de sobre valor, ¿cómo pensar la elección de carrera desde otra lógica diferente al «estudio esto porque me dará plata»? ¿Desde el deseo?

Las oportunidades, experiencias, aprendizajes que se pueden encontrar o no, hacen que un sujeto pueda pensarse en ciertas elecciones de carrera y no en otras, o en elecciones u abandonos recurrentes en un contexto. Desconocer la complejidad del tema, ¿colabora o no para replicar disposiciones y repetir la diferencia de clase?

Mandatos, contingencia, contexto, convergencia de la singularidad, son muchas variables a considerar, ¿verdad?

Un proceso singular

El proyecto no se reduce a un deseo o intención. Implica una reflexión sobre los motivos que lo apuntalan, conscientes e inconscientes, así como también una búsqueda y una evolución de los medios disponibles y eficientes para su posible realización.

También se aleja de los tiempos estandarizados, del «¡Dale que en marzo ya te inscribís!» o «Todavía no elegiste nada». Pensar a qué dedicarse por los próximos 30 años no es tarea sencilla. Tal armado de identidad, «ser autor de…», debería  ser acompañado por un contexto que respete los tiempos singulares y conozca la complejidad de las variables que atraviesan el tema.

Desde esta perspectiva, el orientado ya no es visto como predecible por el otro, alguien externo que responde prontamente al enigma de la carrera. Por el contrario, es entendido como el «ser-ahí» heideggeriano, que no es pura conciencia ni algo dado en el presente, sino un acontecer que se va desplegando en la finitud entre el nacimiento y la muerte. Donde siendo, se converge con lo que se ha sido.

La Lic. Gisela Értola es psicóloga graduada en la Universidad de Buenos Aires.
Matrícula Nacional 58.978

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