tags

Nacer sin vagina: el Síndrome de Rokitansky en primera persona

Tiempo estimado de lectura: 4 minutos

Por Mariana Maidana (marianamaidana.elcafediario@hotmail.com)

A los 17 años Gabriela Cabrera sintió que algo no estaba bien en su cuerpo. En plena adolescencia todavía no había menstruado por primera vez y después de casarse a esa edad, tampoco pudo mantener relaciones sexuales con su pareja. Después de recorrer diversos médicos y realizarse muchos estudios, descubrió que no tenía vagina y es por esto que ha sido diagnosticada con el Síndrome de Rokitansky.

El nombre completo de este síndrome es Mayer-Rokitansky-Küster-Hauser por ser los apellidos de los cuatro médicos que han ayudado a definirlo y clasificarlo. Se trata de una anomalía congénita del tracto genital, padecida por una de cada 5.000 mujeres en el mundo.

Cuando la vagina y el útero no existen

Este trastorno hace que las personas que lo poseen produzcan sus hormonas normalmente y de este modo, desarrollen sin problemas los órganos sexuales femeninos. Muchas veces la vagina está acortada o directamente no existe y hay ausencia de útero, lo que genera gran dificultad, molestias e incluso imposibilidad de tener relaciones sexuales, así como también el impedimento de gestar.

tags
Gabriela Cabrera relata su experiencia.

Tal es el caso de Gabriela Cabrera, que en diálogo con El Café Diario revela que tras escuchar varias opiniones médicas que no le ofrecían un diagnóstico certero, los resultados de unos estudios a los que sometió evidenciaron consecuencias irreversibles por el Síndrome de Rokitansky: «en los estudios salió no sólo que no tenía vagina, sino que tampoco tenía útero. Además muestran que tenía un solo ovario, me faltaba un riñón y tenía un pulmón más chico, ahí fue cuando descubrí que tenía la mitad de los órganos, por así decirlo».

Si bien el Síndrome de Rokitansky les impide a las mujeres gestar por la ausencia del útero, es posible realizar tratamientos quirúrgicos para la reconstrucción de la vagina en caso de no tenerla, o de sólo tener una parte. De este modo, la paciente puede tener una vida sexual plena.

Un compañero ideal

A sus 42 años, Cabrera explica que fue muy difícil enterarse que nunca podría ser madre de manera natural. «Saber que nunca iba a poder ser mamá fue el golpe más fuerte de mi vida. Con 17 años no entendía absolutamente nada, me preguntaba todo el tiempo por qué me pasaba esto a mí», recuerda.

Esta ‘Chica Roki’,como se autodenominan muchas de las mujeres afectadas por este síndrome, describe que con posterioridad a la operación de Neovagina, tuvo que seguir un tratamiento doloroso en el que todas las noches, antes de dormir, debía introducirse una jeringa grande con un profiláctico para que no se le cerrara el orificio. Cuenta que en ese momento el tema era un tabú. Que no se hablaba de esas cosas, y que de hecho en su familia, que era muy reservada, sólo se decía que nunca iba a ser madre.

Pero a pesar de esto, Gabriela Cabrera hoy siente que se habla más del tema y que incluso ella lo puede hablar sin ningún problema. También expone las dificultades a la hora de vincularse con hombres: «tuve relaciones pero muy contadas, de hecho me separé de mi marido al tiempo de todo esto porque él quería formar una familia y yo no se la podía dar».

En ese sentido, resalta que a pesar de haber atravesado todo esta situación compleja tan joven, con el paso de los años pudo ir mejorando sus relaciones. «Estoy en pareja hace cuatro años y la verdad es que estamos muy bien. Lo que sí, al empezar está relación lo primero que le planteé fue mi situación, como advirtiéndole o abriendo el paraguas. Él por suerte lo comprendió y me apoyó», explica.

tags
Gabriela Cabrera, en una imagen reciente.

Conejillo de indias, y desinformación

Otras de las cuestiones que Cabrera recuerda y que la han marcado hasta la actualidad están vinculadas a sus experiencias con los médicos. «En principio, al ser uno de los primeros casos acá en Entre Ríos, me usaban como ejemplo o caso piloto; me exponían todo el tiempo con otros médicos mostrándoles que mi caso era muy raro y se daba muy pocas veces», rememora. Y agrega que «me decían, a ver abrí las piernas, y me miraban todos y explicaban sobre lo que me pasaba. No es lindo que te expongan de esa manera, más con sólo 17 años, esto ha hecho que al día de hoy me cueste ir al ginecólogo».

Gabriela cuenta su caso con el objetivo de ayudar a otras mujeres y reducir la desinformación al respecto. Esa falta de preparación en los profesionales, afecta. Ahora hace hincapié en que «si bien hoy me atiende un médico que me trata y sabe sobre el tema, me pasó de ir a otros a quienes les explicaba que tengo el Síndrome de Rokitansky, y aun así me preguntaban cuántos embarazos tuve, siendo que era imposible gestar o menstruar».

4 comentarios en «Nacer sin vagina: el Síndrome de Rokitansky en primera persona»

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *