Museos: virtualidad y protocolos

Tiempo estimado de lectura: 5 minutos La cuarentena obliga a los museos a idear nuevas formas de acceso virtual a sus sedes y a organizar protocolos para las visitas. Opinan las y los profesionales.

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Por Bárbara Guerschman (barbara.guerschman@gmail.com)

En numerosas películas el argumento gira alrededor de una persecución mutua entre los personajes, pero lo que caracteriza esta acción -teñida de una atracción constante- entre Catherine Manning y Thomas Crown en el ‘El caso Thomas Crown’ (1999) es que se desarrolla en torno a las obras de arte en los museos.

Las salas majestuosas del Museo Metropolitano de la ciudad de Nueva York son el escenario en el cual se desarrolla el juego del gato y el ratón entre la agente de seguros del museo y un millonario bon vivant empeñado en robar el cuadro ‘San Giorgio Maggiore durante el Crepúsculo’ del artista Claude Monet.

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Él no lo hace motivado por el dinero sino por diversión, la misma que aplica para despistar a los agentes en las diferentes salas, empleando el sombrero negro con el cual René Magritte oculta el rostro de un hombre en la obra ‘Hijo del hombre’.

Thomas Crown atiende su juego en las salas mientras los guías orientan en ellas la atención de los visitantes en la recorrida por las piezas, todas custodiadas por guardias y cámaras de seguridad. En su recorrida, los visitantes contemplan silenciosamente las obras desde una distancia reglamentaria, que excluye el contacto táctil. En suma, todas las convenciones globales al momento de mostrar y experimentar el arte.

La persecución sensual entre los personajes, por cierto, no hubiera podido desarrollarse en 2020, dado que las visitas presenciales están suspendidas desde hace meses. Pero el arte nunca duerme y ahora se ha trasladado a las pantallas. La contemplación de la manzana misteriosa de Magritte y la iglesia retratada por Renoir ha cambiado de formato. De todos modos, ya a comienzos de noviembre se han empezado a abrir los museos, con protocolos sanitarios y con reserva previa de cada visita vía páginas web.

Lo museable en las pantallas

Con la llegada de la cuarentena, son varios los museos que han implementado visitas y actividades virtuales en su agenda. En el caso del encuentro ‘Lecturas sobre Remedios Varo’ en el Museo Latinoamericano de Buenos Aires (MALBA), se inició puntualmente y consistió en una presentación seguida de la exposición de dos curadores, articulada con una serie de imágenes -fotografías y cuadros- relativas a la trayectoria de la artista quien, en la década de 1940 se exilió a México. En esta articulación, los participantes pueden intervenir con preguntas escritas en el cuadro de diálogo.

En otros tipos de encuentro los asistentes participan realizando una actividad plástica o creativa -por ejemplo, una pintura en sus hogares- para la cual emplean diferentes materiales. Son dirigidos por el organizador de la actividad tanto al inicio como el cierre de la misma y finalmente exhiben sus producciones en sus respectivas pantallas, como sucedió con el taller ‘Belleza Azul’ a cargo de Gonzalo Prieto en el Museo de Arte Moderno acerca de la crisis ambiental.

Respecto a las actividades realizadas por los museos en contexto de cuarentena, la «museóloga en proceso» como se denomina a sí misma Mora Caraballo, dado que es estudiante de la licenciatura, señala la necesidad de considerar cuáles son los objetos y experiencias «museables». Acerca de tal consideración y en el contexto digital, ese tipo de experiencias se caracterizan por la imposibilidad el hecho de «estar ahí», ya que el espectador no comparte el mismo espacio físico que el museo.

Para Caraballo, por un lado las exposiciones presenciales brindan la opción de generar una «experiencia corporal, en el sentido de que el cuerpo se ve afectado por los espacios y la interacción con otras personas». Por el otro, las experiencias virtuales generan sus propias opciones creativas y contribuyen a subsanar la falta de presupuesto, como puede suceder en la faz presencial. Asimismo, la experiencia del cuerpo se desarrolla de forma diferente en una muestra virtual, en relación a la aproximación a las manifestaciones artísticas.

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Desde la perspectiva de la crítica de arte Ana Martínez Quijano, las exhibiciones virtuales han permitido, como fenómeno positivo, que «todo esté al alcance de la mirada, acortando las distancias, sumado a un aumento del número de espectadores provenientes de diversos sectores sociales». Lo que resulta un desafío actual es entender cómo, para los espectadores, «las pantallas ponen a prueba su capacidad para la percepción y emoción estética».

Antes de llevar a cabo su robo/travesura, Thomas Crown contempla sentado el paisaje retratado en el cuadro ‘Pajar en un día lluvioso’ de Vincent Van Gogh, mientras finge un franco desinterés por el cuadro de Monet. Teniendo en cuenta lo señalado por Caraballo, la escena da cuenta de los criterios de lo «museable» que se ponen en acción en las salas.

Asimismo, evidencia como esos estándares se han trasladado a las pantallas, tanto para acompañar la trayectoria surrealista de Remedios Varo como para impulsar a un grupo a trabajar en sus propios hogares, realizando sus producciones. Por su parte y destacando la plástica cualidad humana de adecuarse a situaciones nuevas, Martínez Quijano destaca la posibilidad de aproximarse al arte desde otras plataformas y otros parámetros de distancia.

Reapertura y después

Sobre la vuelta a las silenciosas y custodiadas salas que se está empezando a llevar a cabo, Caraballo señala que las formas variadas de coexistencia de las visitas virtuales y presenciales se sostendrá según los recursos materiales de las instituciones, la cantidad de empleados y su grado de adecuación a las herramientas virtuales en período de cuarentena.

Por ejemplo, respecto a las visitas presenciales, se deberá evaluar cuántos empleados serán necesarios para mantener la distancia social reglamentaria. En síntesis, se trata de una experiencia novedosa tanto para el personal de los museos como para los visitantes.

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Desde la perspectiva de Martínez Quijano, quien resalta la adaptación de los curadores y los públicos al formato virtual, la vuelta es motivo de una alegría esperanzada que, sin embargo, no debe poner en riesgo la salud. En lo relativo al número de visitantes, la experta aclara que una muestra concurrida no representa necesariamente el paradigma de calidad.

Ya sea mediante una pantalla o contemplando físicamente una obra, Martínez Quijano subraya el carácter social de los museos en el sentido de que en ellos se producen experiencias estéticas compartidas con conocidos y desconocidos. En tiempos de crisis, en cambio, los museos proveen una alternativa a las frustraciones que supone la cotidianeidad.

Según la crítica, no se contempla, entonces, una manzana frente a un rostro, un pajar o un atardecer bucólico por lo estético, sino por algo más, que es comunitario. Al mismo tiempo, el recorrido por las obras de Remedios Varo y la exhibición de una pintura vista desde el hogar, en el monitor, tiene como motivación el disfrute compartido que suscita el arte en tiempos inciertos.

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