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La muerte lenta del periodismo que conocemos

Tiempo estimado de lectura: 4 minutos El periodismo se encuentra ante una situación bisagra. La agitación, las noticias falsas y la fuga del público joven impulsan el fin del modelo que conocemos.

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Tiempo estimado de lectura: 4 minutos

Por Rodolfo Colángelo (rodolfocolangelo@elcafediario.com)

“Viva el Cáncer”, escribían en las paredes los antiperonistas mientras Eva Duarte agonizaba. El periodista Baby Etchecopar retomó la consigna durante el programa de Mirtha Legrand, conducido por su nieta Juana Viale, al exclamar “Cristina es el cáncer de la Argentina“. Este tipo de agitación es uno de los factores relacionados con la agonía del periodismo tal como lo conocemos.

La frase de Etchecopar no es una expresión desaforada de un periodista embrutecido, sino una línea editorial que se aplica sistemáticamente. Así lo había confesado el editorialista fallecido de Clarín, Julio Blanck, al afirmar: “hicimos periodismo de guerra contra el gobierno kirchnerista.

En realidad, es un periodismo de agitación y propaganda que prescinde de la noticia objetiva -aunque manipulada- para manejarse sobra la base de consignas. Lo hace dejando de lado incluso los análisis finos que realizaban en el pasado escribas como Mariano Grondona. Este hombre de la derecha e ideólogo del golpe de Juan Carlos Onganía contra Arturo Illia, nunca utilizaba imágenes violentas para fijar su posición.

Ese grado de embrutecimiento que se visualiza en calificativos como “yegua”, “vieja loca”, “puta”, “chorros”, entre otros ejemplos del universo de Jorge Lanata; es lo que marca la gran diferencia entre el periodismo actual para manejar a la opinión pública y el que se ejercía en el pasado.

Una agonía larga

¿Sirve ese periodismo para mantener la atención del público o lentamente se va muriendo? Sirvió en su momento para apuntalar el triunfo de Mauricio Macri en las elecciones presidenciales de 2015.

Pero la realidad del momento parece abrir otra etapa que da pie a la reflexión de un cronista en una serie norteamericana: soy parte de una profesión que se muere porque los jóvenes no me leen y si lo hacen, no me creen”. O las descarnadas palabras que le dirigió el dueño de un diario a su periodista estrella en una película: “las historias de vida que escribís y que cautivaban a los lectores ahora las pueden hacer chicos de 12 años en un blog“.

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Jorge Lanata en su programa ‘Periodismo para todos’.

El programa ‘Periodismo para todos’ (PPT) que conduce Jorge Lanata por El Trece fue un puntal del macrismo para ganar la presidencia por su gran caudal de televidentes. Sin embargo, en su segunda etapa ha perdido audiencia frente a la competencia de ‘Bake Off’, un concurso de Telefe para hacer pasteles.

“Me deprime un poco, a efectos de la vida argentina, que a la gente le interese más ver cómo se hace un rogel que enterarse qué pasa con la  pandemia y la política”, se amargó el conductor de PPT. Inmediatamente inició una campaña para denunciar que a ‘Bake Off‘ lo impulsaban “los trolls del kirchnerismo”.

El aire de la pandemia

La pandemia le ha dado aire a los programas periodísticos de la televisión, especialmente en los canales de cable, según IBOPE. La programación está centrada casi exclusivamente en el coronavirus, aliento para los programas periodísticos que venían en caída.

Sin embargo, la audiencia tiene un promedio de edad que va desde los 50 años hasta los 65. Los más jóvenes acuden a los portales o se informan por las redes. Las ventas de diarios siguen en sus mínimos históricos y aún no hay datos sobre cantidad de lectores de los medios digitales tradicionales.

La apuesta por la pandemia y la cuarentena es el recurso de los programas periodísticos, pero también se espera un pico de saturación de los espectadores. ‘Bake Off‘ aparece como un síntoma de que los espectadores buscan un ciclo que no abrume tanto con el miedo, las cifras de contagiados y las muertes.

Las mentiras recurrentes

Otro tema que impulsa la muerte del periodismo tradicional es la mentira constante o las fake news, que ya no parecen lograr el efecto deseado.

Durante la gestión macrista, la agencia nacional de noticias Télam informó que en el recital que el Indio Solari -señalado como kirchnerista– realizó en Olavarría, habían muerto siete personas aplastadas por una avalancha. La agencia estatal no había enviado cronistas y la noticia se había obtenido a través de una “fuente periodística” del lugar.

Todos los medios difundieron la información, pero a las pocas horas se supo que habían fallecido dos personas por razones ajenas al recital. Las autoridades de Télam tuvieron que salir con un cable pidiendo disculpas por el error de la “fuente”.

No obstante, el método, o la “opereta” como se denomina en el ambiente, continúa vigente. El Grupo Clarín difundió en su diario hace pocos días una noticia acusando a miembros de la agrupación La Cámpora de destruir silobolsas donde se acopia la producción de soja.

Casi de manera inmediata circuló un audio anónimo de un supuesto productor agropecuario instando a “armarse” para defender al campo, en sintonía con el economista Miguel Boggiano, quien alentaba a los productores rurales a contratar “francotiradores”. Boggiano es una máquina de lanzar noticias falsas y en una aparición reciente llegó a ensuciar incluso a la mismísima BBC con otra de sus fantasías. Sin embargo, tiempo después se supo que la destrucción de los silobolsas era obra de jóvenes que se divertían bailando sobre su superficie.  

El “banderazo” del 20 de junio en el Obelisco contra la cuarentena y en defensa de la empresa Vicentin fue impulsado por los Grupos Clarín y La Nación. Hubo casi 4 mil manifestantes y, según se pudo constatar, la mayoría rondaba los 60 años promedio. Muy pocos sabían a qué se dedicaba la empresa que defendían.

Las revelaciones sobre el armado de causas para perjudicar a opositores durante el gobierno anterior a través de periodistas, también apuntan a la pérdida de credibilidad del periodismo. ¿Cuál es el límite si resulta real que al programa de Luis Majul lo armaba el espía de la Agencia Federal de Inteligencia (AFI)Alan Ruiz?

El periodismo actual está ante una situación bisagra. El poder que retienen los medios hegemónicos todavía es importante, pero se diluye paulatinamente con la fuga del público -especialmente los jóvenes- hacia los portales independientes y las redes sociales.

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1 comentario en “La muerte lenta del periodismo que conocemos

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