La muerte de los niños wichis por desnutrición

Tiempo estimado de lectura: 4 minutos Mientras la muerte de los niños wichis por desnutrición en Salta no se detiene, ya hay quien la investigue. Abandono, miseria, soja y dinero.

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Por Pablo Kulcar (pablokulcar@hotmail.com)

La desnutrición no se aísla, ni se obliga a estar en cuarentena. En los departamentos salteños de San Martín y Rivadavia, la muerte de los niños wichis por esta razón, no se detiene. Desde febrero han fallecido 11. El fiscal penal de Tartagal, Pablo Gabot, busca saber si  existieron delitos en la atención sanitaria y si así lo fuera, determinar las responsabilidades que correspondan.

«Lo que estamos haciendo es analizar cada caso en particular, porque en los fallecimientos hubo distintas personas que intervinieron. Están los médicos, los encargados de traslados, enfermeros y agentes sanitarios, y también están los de la organización de cada comunidad (caciques) que se encargan de los controles, y el reparto de la mercadería. Tenemos que ver qué ocurrió en cada situación«, explica Gabot.

Básicamente, el fiscal Gabot quiere saber si las muertes de niños wichis en el norte de Salta fueron causadas por el hambre o por la desidia del Estado. Hasta el 27 de Enero, había 13 casos relacionados a cuadros de desnutrición y deshidratación.

Para la investigación, pidió información oficial a la Dirección de Salud Materno Infantil, que incluye los reportes de las muertes, sus historias clínicas, carnets de vacunas, las curvas de crecimiento y peso, y todo lo que permita determinar las causas certeras de los fallecimientos.

Hay situaciones de cuadros respiratorios, pero no se puede aseverar sin información extra, que eso tenga que ver con una desnutrición previa, aunque off de record se lo suponga.

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Hasta el 27 de Enero, había 13 casos relacionados a cuadros de desnutrición y deshidratación en la comunidad wichi. (Foto: Etniasdelmundo.com)

Informes periodísticos vienen haciendo referencia a una suma importante de dinero para obras en el norte de la provincia, que nunca llegó a destino. Son datos que se relacionan casi por propiedad transitiva con estas muertes, pero judicialmente es necesario demostrar que dichos decesos son productos de cuadros de desnutrición, para que se puedan vincular legalmente.

La muerte de Norma

Los menores de las comunidades wichis no paran de morirse, la última fue la de Norma Delgado, una niña de la comunidad de Pozo del Tigre que no llegó a cumplir los seis años. Vivía a unos ocho kilómetros del hospital de Santa Victoria Este, y esta distancia la complicó gravemente, ya que  ingresó a la guardia de dicho lugar vomitando y con desvanecimientos frecuentes.

Se decidió, entonces su traslado en un vuelo sanitario al hospital Juan Domingo Perón de Tartagal. Pero debido a la gravedad de su cuadro, finalmente murió. Las autoridades informaron que padecía de meningitis y volvieron a poner en duda una verdad que casi lastima los ojos, que estuviera con un peso bajo. Desnutrida.

Las comunidades cortaron la Ruta Nacional 34 a la altura de Tartagal, y denunciaron promesas incumplidas más falta de propuestas de trabajo. «Nosotros no queremos bolsones de comida ni colchones. Queremos trabajar, tenemos niños que deben ir a la escuela, familias que tienen hambre. Que el Estado nos escuche», insisten.

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El fiscal Gabot quiere saber si las muertes de niños wichis en el norte de Salta fueron causadas por el hambre o por la desidia del Estado.

La pagina web del centro Nelson Mandela de Chaco, publicó una declaración indígena de dicho pueblo, que pone de manifiesto en sus propias palabras, la magnitud del desastre que se vive día a día:

La materia prima que utilizamos para nuestros trabajos y supervivencia (palo santo, lapacho, cedro, algarrobo, palo blanco) se vende frecuentemente al extranjero cuando se convierte en humo quemándose delictivamente como parte del desmonte.
Como consecuencia de la destrucción de dicho monte en el que vivimos, perdemos la base de nuestra cultura y de nuestra propia economía, que depende del uso sustentable y racional de nuestra biodiversidad (frutos, fauna, miel, plantas medicinales, caza, pesca, leña, carbón, artesanías y carpintería), dejándonos sin salida laboral y en una situación de hambruna.
A esto se suma el impacto ambiental que inexorablemente provoca la eliminación del bosque nativo, como consecuencia hay desertificación y falta de agua, cambios climáticos que comprometen a todo el ecosistema, pérdida de biodiversidad y sobre todo erosión.»

La soja se suma a los males

La tragedia es que los aborígenes son los verdaderos dueños de las tierras, que nunca les fueron compradas ni alquiladas, ni siquiera reconocidas como propias, muy a pesar de que la legislación actual obliga a este reconocimiento de parte del Estado. En ellas se está produciendo el desmonte y la soja es la nueva reina del lugar. Este monocultivo está barriendo con los montes  del Norte  Argentino.

Hay entonces que relacionar esta realidad económica y social con la muerte de los chicos wichis. El abandono como producto del avance de intereses privados que, asociado a apolíticas endebles, generan las condiciones que el fiscal Pablo Cabot quiere analizar: la desnutrición, el hambre, el desamparo y el monocultivo sojero, generador de aquello por lo que todo sucede, el dinero.

El fiscal se encuentra ante la posibilidad de hacer justicia. Hacerse cargo desde un organismo institucional para exponer las fuerzas que tensionan y que desean que esto se perpetúe. Los niños wichis están pidiendo que les permitan recuperar aquellas cosas con las que siempre construyeron un futuro, y eso no es precisamente la soja.

La Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) ha pedido al Estado argentino que se elabore un informe sobre cuáles son las medidas que se están llevando a cabo para atender la crisis en el norte salteño, principalmente de las comunidades wichis, las más afectadas por las faltas de políticas públicas.

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