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México se desangra en su propia violencia

Tiempo estimado de lectura: 4 minutos México asiste desde hace más de una década a una escalada de violencia creciente que desangra al país y la credibilidad de sus líderes.

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Por Fernanda Galarza (fernandagafi@gmail.com)
Corresponsal en México

México se activa a través de su gente de manera cotidiana para mostrar su rechazo por muchas cosas. La incompetencia de sus autoridades. La corrupción de siempre. La injusticia cuando falla la justicia. El abuso de poder. La escasez de oportunidades en materia de empleo. Las deudas en materia de educación y salud. El racismo. El machismo. Pero, sobre todo, la inseguridad. Que el poder político no pueda, no priorice o no sepa cómo detenerla, motiva todo tipo de reacciones.

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Andrés Manuel López Obrador (AMLO), actual presidente, dio a conocer su Plan Nacional de Paz y Seguridad en noviembre de 2018. Afirmó entonces que para acabar con los delitos se debía atender a quienes menos tienen, generar oportunidades de empleo, mejores condiciones de vida y, lo más importante, fortalecer los valores.

«Por eso somos distintos a los demás. Siempre pensaron que se podía resolver el problema con medidas de coacción, con cárcel, con amenazas de mano dura, con leyes más severas, y por eso se precipitó un fracaso rotundo en el asunto de seguridad pública», enfatizó AMLO.

Bienvenida feroz

Dentro de este plan indicó la necesidad de crear la Guardia Nacional, una «fuerza civil» que dirigiría el combate contra la violencia y el narcotráfico, y que posteriormente asumiría labores de vigilancia migratoria.

En sus primeros 100 días de su mandato de sucedieron 95 homicidios dolosos diarios, que, a comparación con el sexenio del gobierno de Enrique Peña Nieto, de acuerdo a lo publicado por Los Ángeles Times, habían aumentado drásticamente confirmando la mayor escalada de violencia sufrida en cualquier periodo presidencial.

Siempre AMLO ha manifestado que se rehúsa a declarar la guerra contra la delincuencia, tal como lo hizo Felipe Calderón en 2006, a pesar del incremento constante de las víctimas mortales mes a mes. El discurso que ha manejado es que va a acusar a los delincuentes con sus mamás y sus abuelas para que éstas les llamen la atención de forma tal que «dejen de hacer cosas malas». AMLO trata de sonar paternal, con un discurso muy diferente en comparación a los que solían utilizar Felipe Calderón y Enrique Peña Nieto, sus antecesores en el cargo.

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Octubre de 2019 fue el parteaguas de la violencia que se vive actualmente, falló el operativo en Culiacán para capturar a Ovidio Guzmán, hijo de ‘El Chapo’, el narco más buscado en México, y dejó entrever el poderío del Cártel de Sinaloa y la supuesta sumisión del gobierno ante éste.

López Obrador se defendió diciendo que con la liberación de Ovidio se buscó proteger a la población frente al alud de violencia desenfrenada con la que amenazaba el Cartel. La misma se produjo, de todos modos, provocando disturbios, suelta de reos, comercios baleados, civiles aterrorizados e incluso personas que pasaban la noche en sus respectivos trabajos por miedo a salir y convertirse en carnada. Ante este hecho, Donald Trump, presidente de Estados Unidos planteó la posibilidad de ayudar al gobierno mexicano.

Semanas después de la oferta de Trump, nueve miembros de una familia murieron en un ataque del crimen organizado, entre ellos mujeres y niños. La familia señaló a los cárteles de la droga y pidió la intervención de EE.UU., ya que el presidente de México no brindaba respuesta alguna para comenzar una investigación que ayudara a esclarecer el episodio.

Concluyó su primer año de mandato AMLO con 34 mil 579 personas asesinadas, cifras oficiales del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública (SESNP).

Sin control

En lo que va de 2020 no han importado el despliegue de 80 mil elementos de la Guardia Nacional ni la pandemia por el COVID-19. Nada parece suficiente para frenar la violencia que asola a México. En el último mes han llegado a producirse los asesinatos de una periodista, dos activistas y varios policías.

Guanajuato, un estado ubicado en el centro de la república, actualmente es el epicentro de la violencia. La disputa entre dos cárteles se ha cobrado la vida de más de 300 personas. La cifra de asesinatos equivale al 12.5 % del total de las muertes producidas por la violencia a nivel nacional, de acuerdo a la investigación realizada por el medio digital Animal Político.

La violencia no cesa y la ausencia de una estrategia para combatirla expone al Gobierno. Las autoridades informan que manejan «otros datos». Inclusive en las ruedas de prensa que emite el presidente desde que tomó posesión del cargo, ha pedido a los medios que le «bajen» la intensidad al tema de la delincuencia e inseguridad, ya que «se está avanzando» en ese rubro.

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De izqda. a der., Enrique Peña Nieto, Felipe Calderón y Andrés Manuel López Obrador, últimos presidentes de México.

Lo cierto es que las mexicanas y los mexicanos le tienen más miedo a la ola de violencia que al coronavirus. No hay mandatario federal que muestre empatía real con la ciudadanía. Tampoco respecto a las fuerzas policiales. Y acaso se pueda aventurar que no habrá paz mientras la estrategia de quienes ostentan el poder continúe siendo inocua.

Calderón y Peña Nieto

Felipe Calderón, presidente en el sexenio 2006-2012, le declaró la guerra al narcotráfico, militarizó las calles y le dio la oportunidad a los cárteles para hacer y deshacer lo que quisieran en todo el territorio nacional. Su táctica dejó un saldo de 122 mil 448 personas asesinadas, de acuerdo a los datos del Instituto de Estadística y Geografía (INEGI).

En cuanto a Enrique Peña Nieto (2012-2018), si bien sus discursos eran distintos de los de Calderón, continuó la guerra contra el narco y sumó conflictos como las ejecuciones extrajudiciales, la desaparición de 43 estudiantes normalistas, el asesinato de 46 periodistas, más la captura y fuga del narco más buscado, ‘El Chapo’ Guzmán.

La presidencia de Peña Nieto, de acuerdo a un reportaje publicado por El Universal, registró 156 mil 437 asesinatos, 34 mil 824 más que en el periodo de Calderón. Entre 2006 y 2018 se tuvieron 229 mil 884 carpetas abiertas por homicidios dolosos. Los expedientes yacen en cajones conviviendo con el calor y la humedad ambiente. Nada se resuelve y las víctimas se acumulan sin cesar.

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