Messi marca el 3-0 al Liverpool

Messi marca el 3-0 al Liverpool

Messi, entre el fútbol creativo y el fútbol rugby

Messi es la mejor marca del fútbol argentino, por más que un medio argentino hegemónico de comunicación lo desconsidere.

Por Carlos Salgado

Ser o no ser, that is the question, escribió Shakespeare en su Hamlet. Y Lionel Messi es. A casi 15 años de su debut, su vida es la misma: el amor a la pelota y a su familia. Ajeno absolutamente a los vaivenes de la opinión de la prensa y del resto del mundo.

Este miércoles, en el Día del Trabajador, ha vuelto a obsequiarle al mundo otra obra de arte al marcarle un golazo inolvidable al Liverpool en el partido de ida de las semifinales de la UEFA Champions League, para encarrilar el rumbo del Barça, su equipo, en la presente edición de la Copa de Europa de clubes campeones.

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Messi es la mejor marca del fútbol argentino, por más que un medio argentino hegemónico de comunicación suela desconsiderarle.

Dentro de un tiempo le veremos por Argentina alejado del ruido, celebrando sus vacaciones, que como todos los años trascurren durante unos días en su Rosario natal. Con sus amigos y su familia. Lejos de los flashes, el delirio de multitudes y las luces del centro. El mejor jugador del mundo, seguramente una de las diez personas mas conocidas del planeta, en esencia es uno más. Un mensaje ejemplar hacia el resto del mundo, en el que pocos reparan.

La normalidad no vende

Mientras tanto, en lo que a lo futbolístico se refiere, desde cierta prensa argentina se lo tilda casi de ‘fracasado’ en estos días de fiesta y evaluación.
Entre los reportajes de fin de año, aparece uno en el diario de mayor distribución en Argentina, refiriéndose a Messi con un “Olvidable 2018”, aclarando que consiguió “tres títulos y dos golpes durísimos”. En qué quedamos.

Para esta prensa, ganar tres títulos es algo olvidable… pero aunque no hubiera ganado nada, la evaluación debería hacerse a base de la actuación de Messi a lo largo de 2018, año en el que ha ganado la Bota de Oro al mayor goleador de Europa por encima de Cristiano Ronaldo y los máximos anotadores del mundo.

Actuaciones determinantes en cantidades industriales de partidos. Vital en un Barcelona que sigue asombrando al mundo con su fútbol único. Un Barça que, según se dice desde 2014, “está en el final de un ciclo brillante“, cuando el equipo dirigido en aquellos días por Gerardo “Tata” Martino, fue subcampeón de La Liga española. Un ‘fracaso’, como se calificó en forma genérica, a aquel segundo puesto.

Curiosa calificación, ya que ese Barça jugó aquel último partido con el siempre difícil Atletico de Madrid de Simeone, y al término del primer tiempo ganaba 1-0. Con ese resultado era Campeón de La Liga. Atlético empató en la segunda parte, algo absolutamente posible, y con el empate fue el cuadro ‘colchonero’ campeón sobre el equipo de Martino. Tremendo ‘fracaso’ para muchos. Martino despedido, y ‘final de ciclo’ para Barça. Final de ciclo número uno. Ya van tres o cuatro como mínimo, y ahí está el Barça. No se cae.

Cada uno de estos ‘fracasos’ de los últimos años, cuando el Barça no ganaba un título, era calificado ‘final de ciclo’. Así pasaron los años, y nunca llegó el famoso cierre de etapa, tan desesperadamente esperado por algunos.

Y se fue Xavi, crack de los que no sobran. Y se fue Iniesta, el cerebro mágico. Los jugadores pasaron, pero los conceptos quedaron.

El final de 2018 nos coloca frente a un FC Barcelona líder de La Liga, clasificado para octavos de final de la UEFA Champions League, con un Messi brillante y goleador de la Liga en este momento.

Seguramente, una o dos derrotas del Barça, si ocurrieran, volverían a traer los augurios de ‘final de ciclo’. Enfoques impresentables que dan verguenza ajena.

La evolución de Lionel como jugador

A lo largo de estos últimos 14 años, como el Barça, Messi mantuvo su esencia futbolística. Pero también ha progresado muchísimo gracias a su dedicación en aspectos importantes del juego. Uno de ellos, la ejecución de los tiros libres. Es una de las materias en las que mostró mayores progresos. Ahora mismo, un tiro libre de Messi es medio gol.

Tambien ha mostrado constante crecimiento en la lectura del juego. Aquel Messi de 2005 era un rayo gambeteador a velocidad supersónica, con la bola atada al pie zurdo, que nos asombraba a todos con goles de todas las facturas.

Hoy, Messi tiene una variedad de recursos mucho más amplia. Toca de primera, muchas veces con pases simples, sencillos, de corta distancia para, en un momento impensado, cambiar el ritmo por un eslalon que culmina con un pase generoso entre líneas. Con precisión quirúrgica para su socio y amigo Luis Suárez, para Jordi Alba, o para cualquier otro compañero mejor ubicado.

Tanto puede intentar una pared milimétrica, como sacudir la red con un remate desde 30 metros. O simplemente, tocar para atrás y empezar de nuevo la elaboración del juego, o hacer goles con su pierna derecha.

Sin dudas, todo un ADN marca Barça, cuya piedra fundacional se colocó en la época de ese genio del fútbol que fue el holandes Johan Cruyff, y que a lo largo del tiempo se profundizó, se fue puliendo y reinventando, siempre dentro de la misma liturgia futbolística. Especialmente, en el período de Pep Guardiola como entrenador, el mejor alumno de Cruyff.

Y así quedó marcado a fuego en Can Barça el innegociable objetivo de un juego de fútbol creativo y ofensivo, mediante la tenencia del balón, la técnica individual, el juego de equipo ante todo. Con pase al primer toque, y una circulación rápida de la pelota para dificultar el armado defensivo del contrario.

Señoras y señores, con ustedes, Su Majestad, Lionel Messi.

Riqueza del Barça, pobreza de Argentina

El Barça de Guardiola puso la vara muy alta, pero la esencia futbolística está tan acentuada en el espíritu de este equipo, que con Guardiola, con Martino, con Francesc “Tito” Vilanova, con Luis Enrique o con Ernesto Valverde, la canción es la misma.

Mientras tanto, en la Argentina, cuna durante décadas de esos postulados, el fútbol fue mutando desde aquella esencia por privilegiar el juego, la búsqueda creativa y los jugadores técnicos, hacia la intensidad, la fricción, el choque. La táctica en función de este juego posicional y de choque, mas parecido al rugby que al fútbol.

Así, los partidos tienen “intensidad” y hasta cierta “emoción” como se pudo ver en los recientes Boca-River de la Final de la Copa Libertadores de América. De enorme competitividad, con choques entre los jugadores en los que saltaron chispas, pero con muy poco fútbol técnico y creativo.

Fueron mayoría las opiniones entre los aficionados españoles, maravillados por la pasión de las hinchadas en el Clásico del Bernabeu, conformes con la competitividad que mostraron ambos equipos, pero decepcionados con la escasa calidad técnica de los jugadores que protagonizaron la gran final. El primer tiempo de la misma, salvo el gol de Darío Benedetto, dio verguenza ajena.

La bola dura muy poco en poder de cada equipo. El choque, la presión, la grosera carencia de técnica en algunos jugadores, toda la estrategia de un equipo apuntando como norte a anular al oponente y a partir de esa anulación, buscar el error, forzado o no, como fórmula casi exclusiva para llegar al gol y ganar los partidos.

Los talentos emergentes emigran inmaduros

Las individualidades de calidad, en este contexto, casi han desaparecido del fútbol argentino. Ya pocos jugadores son codiciados por el fútbol europeo. Lautaro Martínez, una de las mejores apariciones de los ultimos años, lucha en el Inter de Milán por hacerse un lugar en el once titular. Seguramente lo logrará. De Cristian Pavón parece que ya se olvidaron. Exequiel Palacios, que parece tener buenas condiciones técnicas, no confirmó en la ‘Superfinal’, y al menos por ahora, dejó de hablarse de su pase al Real Madrid.

Hace casi 20 años, venían desde la vieja Europa a buscar a Pablo Aimar, Román Riquelme, Javier Saviola, Walter Samuel y tantos otros. Que salvo Román y Aimar, poco ya tenían que ver, en lo individual, con un Maradona, un Kempes, un Passarella, un Bertoni, un Valdano o un Caniggia.

Pero aun venían a buscarlos por aquí. A principios de 2000, Argentina aun contaba con Jose Pekerman en la formación de juveniles desde 1994, una fórmula ya no silvestre como la de los años ’70 y ’80, pero con el mismo manual del sabio Profesor José. Decían en el mundo futbolístico argentino, que aquellos títulos mundiales Sub 20 conseguidos por los equipos de Jose Pekerman eran “fáciles” de ganar. El último fue en 2007, y luego nunca más.

No Pekerman, no Party

Así se fue la última camada formada con cierto concepto de fútbol creativo. “Kun” Aguero, Di María y un pibito criado entre Rosario y Barcelona. El marciano Messi. A partir de la salida del team Pekerman de los juveniles y el final del fútbol silvestre de los potreros, vencido por la tecnología y la electrónica que se llevaron para siempre el jugar de los niños en la calle y el potrero, aparecieron los jugadores probeta configurados para no perder y para exponer esa intensidad, músculo, capacidad para chocar.

Mucha táctica, y ahí vamos. El único objetivo es provocar el error ajeno como única forma para marcar goles.

Esto no sólo ocurre en Argentina. En Brasil están en nuestras mismas condiciones y así les va. Muy pocos jugadores se proyectan más allá del cabotaje con una buena técnica individual. Neymar y poco más . Mucho Felipe Melo, jugador de mucho rigor, vigor, y escasa técnica. Con su broche de oro el día del 1-7 ante Alemania, en el Mundial de 2014, sin Neymar. Vaya casualidad.

He visto fútbol desde los ’60/70 y con tristeza tengo que reconocer que el juego del fútbol, el atractivo, el creativo, el de los jugadores técnicos, se trasladó a Europa.

Allí vemos como hasta Alemania cambió su futbol de potencia y tanques, por otro mas estético, con toque y rotación, y jugadores con buena técnica. No son tontos los Alemanes. Analizaron con visión de futuro su fútbol despues del Mundial 2002. Mal no les fue. Hasta contrataron a Guardiola. Y así fue campeón en Brasil 2014.

Una Alemania que tampoco fue un ballet. Que ahora mismo no pasa un buen momento y tampoco tuvo un buen mundial en Rusia, pero siguen por el mismo camino. El de practicar fútbol creativo, con objetivo en la técnica y en la generación de juego. No sólo en muscular las acciones y en forzar el error del rival para poder atacar y conseguir un gol.

Un equipo europeo importante hoy gana fácil

Es común escuchar que en Europa marcan mal, que “si los agarra un equipo argentino lo pasarían mal”. Que el Barça o el Madrid, o el Atlético mismo, ganan porque juegan contra nadie, es decir, equipos de La Liga española. Que si jugaran con algún equipo argentino, otro gallo cantaría.

El caso es que en 2014, Real Madrid ni se despeinó para ganarle a San Lorenzo la final del Mundial de Clubes, ni el Barça con River Plate en 2015, llegando ahora al punto que este año, “el duro e intenso equipo argentino de River Plate” no pudo superar al Al Ain árabe, cuyo nombre espero haber escrito bien, con todo respeto.

Boca Juniors fue a jugar la Copa Joan Gamper este año 2018, con el Barça volviendo de sus vacaciones de verano europeo, y no tocó la bola. La diferencia de jerarquía entre los jugadores ya sólo al parar la pelota, controlarla y hacerla girar a uno o dos toques, hacen casi imposible que sea contrarrestada con nuestra ‘intensidad’, con nuestra búsqueda del error ajeno. Porque al ser tanto el Madrid como el Barcelona equipos tan precisos en calidad técnica individual y grupal, prácticamente no cometen esos errores.

Y así en todos los casos mencionados de finales de Mundial de Clubes. Lo que se vio fue una búsqueda de presión inútil, tan descoordinada como para llegar siempre tarde al balon en posesión del rival, con su consiguiente decepción en los equipos argentinos, para terminar, al revés de lo buscado, encajando goles, algunos de gran factura y otros. merced a tremendos errores defensivos inaceptables en jugadores de primera división.

Este es el resultado del período 2008-2018 del Fútbol Argentino, y cuyo inicio esta directamente relacionado con la salida de Jose Pekerman y su grupo de colaboradores (Hugo Tocalli, Francisco Ferraro y compañía) en la formación de juveniles, lo que ha derivado en el cambio de postulados del juego en el Fútbol Argentino.

El desprecio a Sabella y Martino se paga caro

Lo cerca que Argentina estuvo de ganar el título en la final de Brasil 2014, se debió al talento y cualidades de Lionel Messi, y al hecho de haber tenido un técnico capaz como Alejandro Sabella, gran administrador de la escasez. El mismo Martino, logró mantener en foco el espejismo por sus características como entrenador, similares en cuanto a capacidad. Sin embargo, para muchos Martino es un “perdedor” y Sabella, más o menos lo mismo.

Sin dudas, el Fútbol Argentino deberá debatir si quiere volver a las fuentes de su vieja esencia, la de la técnica individual y el juego grupal en la búsqueda de la creación de las ocasiones de gol, tanto por la vía de posesión, y la búsqueda ofensiva como por la vía del contragolpe. O si prefiere mantenerse en esta actualidad de fricción y especulación. Este juego que debería llamarse “fútbol rugby”, sin la mínima intención de menospreciar a ese deporte. Hermoso, pero con esencia y reglas diferentes.

El abanderado de este nuevo deporte es Nahitán Nández, sin duda, el mejor jugador de Boca Juniors en la final de Copa Libertadores frente a River. Una entrega única, inclaudicable, actitud ganadora y entrega total hasta el fin. Hasta le dio una asistencia excelente a Darío Benedetto en el gol que abrió el marcador en Madrid.

Pero su estilo de juego, de choque y fricción, lleva a pensar que en algún momento, en semejante torbellino conceptual, va a tomar la bola con la mano y convertirá un try.

Y reitero, que Nández tiene una técnica más que aceptable y se brinda en cuerpo y alma como pocas veces se ve. Con otros conceptos futbolísticos podría convertirse en un jugador muy valioso.

La unica verdad es la realidad. Argentina no gana un título internacional desde los Juegos Olímpicos de 2008 con Sergio “Checho” Batista como entrenador y jugadores de buena técnica. Muy lejos han quedado los equipos de Alfio “Coco” Basile, de Marcelo Bielsa, de José Pekerman en 2006, o los Boca de Carlos Bianchi, que lograron dos títulos intercontinentales contra equipos de la talla del Real Madrid de Figo en 2000 y el Milan en 2003, basados en los postulados ya enunciados.

Mucho más lejos aún, han quedado los equipos de César Luis Menotti o de Carlos Bilardo, en las antípodas uno del otro. Uno con búsqueda ofensiva, otro con astucia y contragolpe, pero ambos basados en jugadores técnicos, con concepto y formación futbolística, como los chicos que salían de la cantera de José Pekerman o aquellos de los 70/80 que brotaban del futbol silvestre del potrero.

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Lionel Messi, emblema de la selección argentina.

Hoy, ni Maradona podría

Dicen que saber de fútbol es saber de jugadores. Para el Mundial de Argentina 1978 Menotti dejó fuera de la lista a Bochini, máximo ídolo de historia de Independiente, a Babington, que había sido uno del los mejores en el Mundial de Alemania 1974, a Juan José López, a Miguel Ángel Brindisi, a Carlos Bianchi, uno de los máximos goleadores del fútbol mundial, a Jorge Valdano, a Osvaldo Piazza, a Ángel Hugo Bargas, a Mario Zanabria, y a un tal Diego Armando Maradona, que había debutado en la selección argentina en 1977.

Tal era la cantidad de cracks que había. Del exterior solo vino Kempes, un fuera de serie. Hoy cuesta encontrar un jugador de buena técnica que habite el fútbol argentino. Y encontrar defensas de garantías es casi imposible. Modric, Rakitic, Marcelo, Carvajal, Saúl, Hazard… juegan en Europa. Modric recuerda a Osvaldo Ardiles.

Pero peor que no ganar títulos, es la tristeza que genera ver equipos y jugadores argentinos en general con tan poca técnica, sólo enrolados como soldados prusianos en la causa de la búsqueda del error ajeno a base de fuerza y nula búsqueda creativa. El reciente Mundial de Clubes lo mostró con toda crudeza.

De esta forma esta probado que ni Messi puede. Y Maradona, en este ‘futbol rugby’, tampoco lo lograría. El debate esta abierto y es urgente. La próxima estación, puede ser quedar fuera de un mundial.

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