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Martín de Vargas: «La familia de Maradona no podía visitarlo por orden de su cuerpo médico»

Tiempo estimado de lectura: 4 minutos

Por Micaela Sánchez Escobal (micaelasanchez004@gmail.com)

Se han cumplido tres meses del fallecimiento de Diego Armando Maradona y las dudas en torno a su muerte continúan sin resolverse. El desenlace, que parecía haber llegado por causas naturales se ha convertido en un episodio repleto de polémica, que alimenta todo tipo de teorías. Leopoldo Luque, su médico personal, Agustina Cosachov, su psiquiatra y Carlos Díaz, su psicólogo, integran el cuerpo médico de Maradona. Todos se encuentran en el ojo de la tormenta.

El Café Diario aborda la causa desde adentro para consultar a Martín De Vargas, abogado penalista, recibido de La Universidad Nacional de La Plata (UNLP), letrado involucrado en la misma.

La defensa

¿A quién defiende usted?

Junto con el Dr. Rodolfo Baqué, respaldamos a Dahiana Gisela Madrid, que es la enfermera que cuidaba durante el día a Diego Armando Maradona.

¿Por qué está imputada?

Al imputarla, nos da a nosotros la posibilidad de ejercer su defensa. Si no estuviera imputada no hubiéramos podido intervenir en la causa. La gente piensa que cuando se imputa a alguien es algo negativo, pero eso puede ser lo contrario. En este caso, porque realmente el entorno de Maradona y el cuerpo tratante son los verdaderos responsables de la trágica muerte de Diego. Buscaron que el chivo expiatorio fueran los enfermeros, que son quienes menos responsabilidad tienen.

¿Ella estuvo presente en el momento en que Maradona fue encontrado sin vida?

Si, ella estuvo. Esperaba. Fue un momento terrible. Aún peor por el ataque posterior que sufrió. Nosotros, que leímos todos los chats y escuchamos todos los audios, percibimos un redireccionamiento para tratar de inculparla desde el principio. El impacto que le genera a la persona a nivel emocional es tremendo. Ella ahora no consigue trabajo en ningún lado.

Una causa con distintos matices

De Vargas, quien también asiste a víctimas de violencia de género y abuso, aporta más detalles.

¿Cómo avanza la causa?

Hace unos días se abrieron los teléfonos de Maradona. Yo estuve ahí presente. Eran dos IPhones que él utilizaba y ahora están en proceso de desgrabación. También tomé las declaraciones de sus dos acompañantes terapéuticos. Esas declaraciones reflejan la desidia en el trato que había hacia el paciente, el abandono hacia Maradona que partía del entorno de los médicos tratantes y de todas las personas que estuvieron ahí con él.

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Maradona, en la última imagen en la que se le vio con vida en Dique Luján.
(Captura de video)

En las últimas horas fueron a declarar Jana y Gianinna, hijas de Diego, y agregaron aspectos previos a su internación y acerca de los primeros días después de la operación a la que fue sometido. Ambas estaban preocupadas por una pastilla que le daban que era para el rechazo del alcohol (disulfiram), que cuando la tomas produce un desorden orgánico porque tiene muchas contraindicaciones para un paciente de alto riesgo. El 8 de marzo hay una junta médica donde van a haber peritos médicos para examinar ese área respecto al tratamiento.

El equipo médico, ¿estuvo a la altura de las circunstancias?

Diego tenía una personalidad muy compleja, sobre todo en esta última etapa, en la que tenía problemas de adicción al alcohol. Básicamente era por lo que le estaban tratando. No tenía drogas en el organismo. Él estaba limpio. Pero erraron con el tratamiento y además fallaron en la forma de hacerlo.

En 2004, cuando Maradona tuvo un hecho gravísimo también y tuvo problemas del corazón, el Dr. (Alfredo) Cahe decidió que lo mejor era apartarle del entorno y llevarlo a Cuba. Esto estuvo avalado por un ateneo de psiquiatras, clínicos y cardiólogos. Acá no hubo nada de eso. Se lo llevaron a la Clínica Olivos, que es una más del montón, en contra del consejo de los médicos, quienes habían aconsejado que no tenía por qué ser operado. Lo llevaron allá, lo operaron, y Leopoldo Luque no le opera. Lo hacen los profesionales del Sanatorio Olivos. Toda una suerte de malas decisiones tomadas por personas que no estuvieron a la altura de la situación.

¿Hay malas influencias en el caso?

El entorno de Maradona no era el familiar, sino el conviviente de él. En siete u ocho días no lo fue a ver ningún médico. Cuando se deciden a ir, fue el día en que murió. Se generan una serie de negligencias, y es todo tan evidente, que a Maradona, que debía ser controlado por el estado delicado de su corazón, nadie le controla.

No lo hicieron. Podrían haber pedido el resultado de estudios para evitar que Maradona tuviera alguna descompensación, sobre todo porque estaba tomando psicofármacos que influían en su organismo. Más allá de que quizá eso haya o no tenido incidencia directa en el paro cardíaco. Pero tenía que estar controlado y monitoreado por un equipo de profesionales. Revisado. No era una internación domiciliaria.

El 10 y la unión familiar, lo más preciado

La familia, con Verónica Ojeda incluida, la madre del hijo más pequeño de Maradona, fueron quienes más luchaban por su salud. Sus hijas siguieron los consejos médicos. Verónica Ojeda quiso que le internaran desde el primer día en La Plata. Si no era por ella, no hubiera sido internado. Una de las personas involucradas en el Caso, declara que «Maradona con la familia, con Dieguito, con Ojeda, con las hijas era feliz. Cuando no estaba la familia, cambiaba. Los hijos (Dalma, Gianinna, Jana y Diego Jr.) estaban en un grupo de WhatsApp y se preocupaban por la salud de Diego. No podían ir a visitarlo porque según el cuerpo médico, había que darle espacio».

¿Cómo fueron sus últimos días según el informe de defunción?

Los últimos días estuvo con síntomas cardíacos, hinchazón en el cuerpo, sudoración fría… Había cosas que ya no eran normales y era necesario que se encargara un especialista en cardiología. La última persona que lo ve con vida, aproximadamente a las 23 horas del día anterior, dice que estuvo con taquicardia, pulso alto y con sudor. Quizás por efecto de la medicación o lo que fuere. Era notorio que estaba teniendo un evento cardíaco, y muchas horas antes de que muriera. O incluso días antes.

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