«Maradona somos todos», hacia un ídolo terrenal

Tiempo estimado de lectura: 6 minutos La muerte de Diego Armando Maradona llama a la reflexión sobre la vida y los ídolos. Walter Vargas y Fernando Herrera desandan ese camino en El Café Diario.

Tiempo estimado de lectura: 6 minutos

Por Gabriela Alleq (alleqgaby@gmail.com)

La muerte de Diego Armando Maradona invita a repensar la figura de ídolo contemporáneo, con sus luces y sombras. Fernando Herrera, psicólogo, y Walter Vargas, periodista, revisan y explican la necesidad social de idealizar a personajes como ‘Pelusa’, y cómo se mantiene esa idealización en el tiempo, incluso convirtiéndolos en mitos que logran trascender más allá de su condición humana.

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Walter Vargas.

Diego, la última deidad

Un ídolo es por definición una imagen a la que se le atribuyen poderes sobrenaturales y sobre la que recae una pasión extraordinaria. Considerados deidades, hasta se traza un culto a partir de su figura. En Argentina, estas representaciones son muy comunes y no se circunscriben a un soló área: van desde la política, (Juan Domingo Perón y María Eva Duarte ‘Evita’, Néstor Carlos Kirchner); la música, (Miriam Alejandra Bianchi Gilda y Rodrigo Alejandro Bueno); hasta el deporte con Maradona.

A Walter Vargas y Fernando Herrera los une la pasión por la escena deportiva. Vargas es comunicador, además de ser docente. Intercala relatos de partidos en directo con clases en la Universidad de Palermo. Herrera, por su parte, es psicólogo y docente. Su pasión deportiva lo lleva a encarar la cátedra de Psicología y Deporte dentro de la Escuela de Periodismo Deportivo de Mendoza.

¿Qué significa ser un ídolo en la actualidad?

Vargas: Es alguien que genera en determinado segmento social una identificación fuerte y un fuerte afecto positivo. Es un espejo. Una representación elevada en la que las personas nos miramos, con la esperanza inconsciente de que es un faro a seguir. Un referente que nos confirma que las cosas pueden ser mejores, que pueden ser más grandes. Que la vida cobra otra textura, otro sentido. Transmite sensaciones virtuosas. A un ídolo lo ponemos por encima de nosotros y eso nos genera el bienestar emocional de que, a través de esa veneración masiva, podemos por impregnación adquirir o disfrutar de esos atributos.

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Fernando Herrera, psicólogo.

De modelos y héroes favoritos

Herrera: Esta cuestión es inherente al ser humano y a las sociedades. El Doctor Enrique Pichón Riviere, referente de la psicología social en el país, planteaba que el ídolo es un ser necesario a nivel psicológico. Justamente permite proyectar en su figura todos aquellos deseos y aspiraciones que tienen los individuos, cumpliendo una función de protección frente al acecho de los miedos básicos. Por eso es tan importante. Todos estos modelos de identificación se van desplazando gradualmente, del ámbito de la familia hacia los distintos héroes de masas.

Walter Vargas retoma el concepto de necesidad de ídolos a través de Nietzsche, explicando que «la búsqueda surge al no asumir nuestra propia incompletitud y al no atrevernos a ser nuestra mejor versión. Las sociedades necesitan la energía que trasciende lo cotidiano».

Fernando Herrera va más allá. Explica que «a lo largo de la historia el ser humano ha tenido atracción por jugar con figuras esféricas que representan la búsqueda de la perfección. Sugiere que el factor heroico de la pasión futbolera radica en bajar a lo terrenal lo digno de mano, (en este caso, de los pies) de los dioses, transformando en ídolos a los nuevos artistas de la pelota».

En este sentido, Maradona cumple esa función a la perfección. Encaja en ese rol social delimitado que lo toma como reflejo dentro de una cultura de masas que lo vitorea y lo llora. Su historia de superación, desde su origen humilde, sus caídas repetidas, adicciones y recuperaciones, y la notoriedad que le dio al país; son sólo algunos aspectos que le elevan como divinidad contemporánea.

El inconsciente colectivo y la barrera de la muerte

El contexto histórico en el que se gestó Diego repercute también en la adhesión que se generó alrededor de su figura. Nació con la cultura mass media, en medio de guerras, vueltas a la democracia y crisis económicas. Fernando Herrera explica que «según Freud en el seno de una masa aflora siempre lo inconsciente. Los sentimientos de invencibilidad y efectos de contagio son parte de ella. Existe una pasión frente al conductor de éstas: una admiración y un querer emularlo. No es Maradona en persona ese líder a quien se ama, pero sí fue en quien se depositó esa función. Así lo convertimos entre todos en un referente de felicidad nacional, capaz de inmiscuirse en distintos temas, reivindicando lo popular».

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Walter Vargas, periodista.

¿Qué le ocurre a una sociedad cuando un ídolo muere?

Vargas: La veneración a esa deidad es proporcional a la angustia existencial que genera su partida. Lo que ha generado Maradona en general, incluso en quienes no éramos maradonianos, es una sensación muy profunda de tristeza, de orfandad y soledad. Esa presencia es como la de la madre en la casa. El niño juega despreocupadamente en el jardín, pero sabe que la madre está ahí, omnipresente. A muchos argentinos, aún rechazando ciertos rasgos de Diego, nos pasa que sin él la vida, el fútbol, son otra cosa. Estamos haciendo un duelo. No creo que la búsqueda de un nuevo ídolo sea inmediata. Ponemos esa energía en otro lugar, pero no necesariamente en un otro. Maradona no fue cualquier ídolo. Fue un ser sumamente rico. Uno se pregunta si va a volver a sentir esa veneración.

Herrera: Diego nos va a ser irremplazable, porque los ídolos tienen que ver con cuestiones generacionales. Todos aquellos que nacimos entre los 60 y 80’ tenemos un fuerte anclaje en la figura de Maradona; como aquellos que nacieron entre los 30 y 50’ lo tienen con Perón. Aparece el duelo como proceso natural, un vacío producto de la pérdida de un objeto de amor idealizado. Tiene etapas de irritabilidad, angustia y negación; hasta llegar a aceptar y resignificar esa ausencia. Siempre se va buscando un personaje nuevo que ayude a enfrentar esos miedos básicos, pero no se olvida al que lo precedió.

¿Qué sucede con la gente al descubrir la faceta humana de su ídolo?

Herrera: En el caso de la figura de Maradona creo que es la faceta más interesante. Es un dios no perfecto. Te da la posibilidad de proyectar en él todo lo bueno y lo malo propio. Uno puede decir: no soy perfecto, pero igualmente puedo llegar a ser un dios. Es un dios bien terrenal y popular que puede reunir sus cosas buenas, su zurda maravillosa por ejemplo; y además poder equivocarse y mostrar sus debilidades e inclusive triunfar por sobre eso. ¿Cuántas veces pensamos que se moría y volvía a aparecer? Hasta en este mito que construimos, Maradona somos todos. Él se animó a mostrar sus contradicciones en una sociedad con una alta exigencia moral en lo discursivo, jugó con la retórica de revivir, aún al momento de su muerte.

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Fernando Herrera.

Unanimidades y perdones

Vargas: Si existe una idolatría genuina, los errores supuestos se incluirán en el paisaje. Se suspende el juicio, el pensamiento crítico en haras de esa veneración. Aquel que desencanta y deja de idolatrar es porque se siente traicionado, entonces dispone de valores que permiten desidolatrar. A Maradona, más allá de haber tenido episodios de machismo, sexismo, violencia de género; hay mujeres que priorizan lo que fue como futbolista y como aglutinador del pueblo, y anteponen esa alegría por encima del resto. Es interesante este fenómeno. A diferencia de otros ídolos, no hay unanimidad en la Argentina. En Brasil lo hay por Ayrton Sena. Acá, es un ídolo masivo a grandes rasgos. No conozco quien haya reunido tantas virtudes y defectos en la misma persona.

Para Herrera, pensar en una sociedad ya sin ídolos «es utópico». Considera que observar a Maradona como a un instrumento que permita analizar instituciones de la idolatría «nos puede llevar a pensar en aprender para no caer hipnotizados en nuevos espejismos, nuevos ídolos que van a seguir apareciendo». Indica que acaso debería poder ayudarnos a dudar de todas nuestras idolatrías.

«¿Quién te dice -se pregunta y pregunta- que más tarde todas estas masas artificiales que se juntan alrededor del ídolo se caigan, y lleguemos a construcciones más colectivas, horizontales y democráticas; que no busquen el poder como fin en sí mismo? Creo que para eso falta, de hecho, no sé si llegaremos algún día».

1 comentario

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Felicitaciones Gabriela, muy buena nota.!! Muy amplia y variada, con diferentes puntos de vista. Desde lo fanático y deportivo hasta lo humano, en pro y en contra y lo psicológico.
No quedan dudas de que Maradona fue un grande, un superdotado.
Leí la nota varias veces, con diferentes puntos de vista. Coincidí con muchas de las opiniones y disentí con muchas otras.
En mi caso no soy entusiasta del fútbol profesional.
En cuanto a lo ético,el «gol con la mano de dios va en contra de ésto último». Yo recuerdo haber visto el gol y sentir una sensación de vergüenza muy grande. En cuanto a la salud, la droga y el exceso de alcohol, la vida y el sexo descontrolados con hijos que siguen apareciendo sin saber si son propios o ajenos no me dan margen para admirarlo.
Sí lo admiro como jugador, con un dominio de la pelota como si la tuviese atada a la punta del botín con un hilo invisible, dejando a los defensores en el camino atontados, desconcertados, avergonzados, dando la impresión de no entender, algunos de ellos, cómo fué que la «patada» que le dió no causó efecto alguno.
No hay duda que Diego llegó a lo más alto, tanto es así que, además del mundo, el Papa le confesó su admiración. Más cerca de Dios imposible pero hay un adverbio latino que dice »
quo altior mons, tanto profundior vallis «. Cuanto más alto es el monte, más profundo es el valle y Maradona llegó a lo más alto pero también a lo más peligroso si se tiene un tropiezo y Diego tuvo varios y graves en su vida. Muy lamentable, pudo haber vivido muchos años mas para orgullo suyo y de todos los argentinos. Lamentablemente prefirió correr el riesgo.
Ahora está al lado de Dios y en nuestro eterno recuerdo.

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