Licenciada Débora Blanca.

Licenciada Débora Blanca.

Ludopatía, una enfermedad disfrazada de juego

Las adicciones son difíciles de detectar y causan ingentes daños al propio enfermo y a terceros. La psicóloga Débora Blanca, directora de ‘Lazos en Juego’, que brinda asistencia a los ludópatas, explica las características de este trastorno y cómo rehabilitarse.

Por Nicolás Avellaneda

Hasta no hace tantos años, los jugadores compulsivos eran catalogados como “viciosos”, habida cuenta de que para todo el mundo el juego era, simplemente, un vicio. Así las cosas, los hoy ludópatas eran mirados con desdén y hasta con falta de respeto. Al fin y al cabo, se trataba de tipos a los que lo único que les importaba, en el fondo, era apostar. Y cuanto más, mejor. Aún cuando se jugaran la fortuna propia, la de toda su familia y hasta su propia casa. Todo empezaría a cambiar cuando en 1980 la compulsión por el juego fuera incorporada al manual de psiquiatría como una patología.

 La Licenciada Débora Blanca, psicóloga y experta en ludopatía, autora y compiladora de varios libros, así como fundadora y directora del equipo de Lazos en Juego, que brinda tratamientos y capacitación en ludopatía, habló del tema con El Café Diario y comenzó explicándonos a qué nos referimos cuando decimos “ludopatía”.

Hablamos de lo que se conoce como juego compulsivo o patológico. La ludopatía es la adicción a los juegos de azar. La ruleta, las carreras de caballos, el bingo, la quiniela, la lotería, las máquinas tragamonedas, los naipes, los dados… Cuando la persona se relaciona con la ruleta, con la máquina desde lo lúdico, es una diversión como otras, pero cuando el jugador ya perdió el sabor por el juego, la alegría, y va por una necesidad interna, eso es ludopatía. Estamos hablando de una adicción donde no hay una sustancia sino que la persona es adicta a un comportamiento; sin embargo, la intoxicación de esa persona es tan alta y tan nociva como pueden serlo las drogas, la nicotina o el alcohol”.

La intoxicación de la persona ludópata es tan alta y tan nociva como pueden serlo las drogas, la nicotina o el alcohol”

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Desde 2004, la licenciada Débora Blanca realiza trabajos de investigación y divulgación en relación al Juego patológico, coordinando grupos de jugadores y familiares.

El fumador, por poner un ejemplo, suele contraer cáncer de pulmón. Sufre y hace sufrir a los suyos y en la mayoría de los casos, muere. Ahora bien, ¿qué pasa con el ludópata?

Cuando hay una sustancia, el cuerpo se manifiesta de determinada manera y uno lo advierte. En la ludopatía, el cuerpo también se desgasta, se descuida y se enferma, pero de una manera mucho más silenciosa. De hecho, lleva mucho más tiempo advertirlo. Sin embargo, si una persona pasa horas y horas adentro de un bingo o de un casino, no come, o come mal; fuma muchísimo, toma más alcohol que de costumbre; no va al odontólogo, no va al médico, no se cuida, duerme mal porque se pasa el tiempo pensando en cuándo volver a jugar… todo eso junto, hará que su cuerpo se enferme.

Hay un texto suyo en el cual usted afirma que el ludópata no juega para ganar sino para perder, porque si pierde tiene la excusa perfecta para volver a jugar.

Sí, y así es. Pero para entenderlo tenemos que diferenciar a alguien que juega socialmente, del ludópata. Un jugador social es alguien que va al bingo o al casino del modo que podría ir a un teatro o al cine: va para divertirse, para pasar un buen rato con familia o con amigos. Y hace un cálculo del dinero que va a poner en juego y del tiempo que va a permanecer jugando. Podrá jugar un peso más o menos, y quedarse algunos minutos más de los que había pensado, pero sólo eso.

El ludópata, en cambio, no va a jugar por placer sino por necesidad. Pero no por la necesidad del dinero sino porque él necesita jugar, así como el alcohólico necesita tomar o el drogadicto, drogarse. Por otra parte, el ludópata no va acompañado a jugar, sino que va solo. Es que las adicciones, generalmente, se concretan en soledad. A la vez, el ludópata no hace un cálculo de cuánto dinero va a jugar ni de cuánto tiempo estará en la sala de juego. Y si lo hace, lo pierde muy poco después de empezar a jugar.

El ludópata, en cambio, no va a jugar por placer sino por necesidad. Pero no por la necesidad del dinero sino porque él necesita jugar, así como el alcohólico necesita tomar o el drogadicto, drogarse”

La pregunta que surge es si el ludópata es adicto al dinero.

¡No! El ludópata es adicto al juego por el juego en sí. Su adicción no es al dinero. Por eso, las pocas veces que gana, en vez de retirarse con todo lo que ganó, sigue jugando. Y si se retira con la ganancia, vuelve al día siguiente y no para de jugar hasta perder todo y más. La palabra “pérdida” es una palabra central en el ludópata, ya que vive hablando de lo que perdió: el dinero, los bienes, los amigos, la familia. El ludópata es un perdedor empedernido. Es que en casi todos los casos, es una situación de pérdida (la muerte de alguien querido, una separación, la jubilación, quedarse sin trabajo) lo que desencadena la ludopatía.

¿Hay personas que juegan para “salvarse” económicamente?

Bueno, hay juegos como la quiniela, la lotería, que están más relacionados con la salvación económica de la gente; así, son muchos los que juegan para ver “si se salvan”. Eduardo Galeano tiene un texto muy bueno donde habla de las distintas clases sociales y relaciona a la lotería con los pobres. Allí, hace una metáfora en la que el ganador es señalado por el dedo índice de Dios, es decir, el ganador es el elegido.

Pues bien, lo que ocurre muchas veces es que, si alguien gana mucha pero mucha plata puede detonarse a partir de ahí una ludopatía. O puede que le ocurra algo, cualquier cosa, que lo lleve a perder todo el dinero que ganó. Porque no es fácil asumir y soportar un cambio cualitativo en la vida, por ejemplo: pasar de no tener nada a ser millonario.

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El ludópata es adicto al juego por el juego en sí; su adicción no es al dinero.

¿Es común que el ludópata genere conflictos familiares?

Sí. En general en todas las adicciones, y en la ludopatía también, lo familiar siempre es muy complejo. Por un lado, a veces hay antecedentes en la familia de origen del jugador, para quien el juego fue algo común, normal, desde muy chico. Luego, cuando ese jugador construye su propia familia, a veces se producen quiebres, en lo económico primero, y en lo afectivo después.

Es que el jugador no sólo pierde plata -la suya y la de su familia- sino que al mismo tiempo empieza a perder la confianza de los suyos ya que miente todo el tiempo. Y es que necesita mentir para poder seguir jugando. Cuando ya no tiene dinero propio, pide prestado, vende bienes familiares y se mete en situaciones de riesgo cuando recurre a prestamistas usurarios los que de pronto un día aparecen en su casa a reclamar el pago de la deuda.

Es que el jugador no sólo pierde plata -la suya y la de su familia- sino que al mismo tiempo empieza a perder la confianza de los suyos ya que miente todo el tiempo”

¿Y qué se hace en esos casos, cómo es la terapia?

Hay que trabajar, también, con la familia, porque en muchos casos aparece una suerte de complicidad inconsciente del entorno familiar. Por un lado, no quieren que el ludópata siga jugando, pero por el otro, “prefiero no enterarme”, o “ya prometió que no va a jugar más”, como si con eso alcanzara. La familia del ludópata debe entender que no está tratando con una persona caprichosa o mala, sino con una persona enferma, enferma de ludopatía.

Así, el entorno del ludópata debe tomar decisiones en tiempo y forma para que el otro se recupere, empezando por no dejarle disponer de más dinero que el imprescindible. Porque si el ludópata tiene un peso, lo va a usar para ir a jugar. Por eso, si hay que pagar una deuda, un servicio, lo que sea que implique dinero, no hay que permitir que lo haga el ludópata solo. Es fundamental trabajar con los familiares en el tratamiento, para reflexionar juntos y hablar de cosas que sólo frente a un terapeuta pueden hacerse.

La familia del ludópata debe entender que no está tratando con una persona caprichosa o mala, sino con una persona enferma, enferma de ludopatía”

¿Existe la abstinencia en el ludópata? ¿La sufre?

Desde luego, claro que existe. Pero cuando al dejar de jugar recupera el afecto familiar, se reconecta con sus amigos, con el trabajo, con el estudio (hay muchos ludópatas muy jóvenes), cuando el jugador empieza a ver la vida como la veía antes de enfermarse, empieza, además, a pensar distinto. Claro que cuando le decís: “a partir de ahora no jugás más” es posible que tenga recaídas.

Todas las adicciones las tienen porque es muy difícil dejarlas. Es en ese punto donde el reproche familiar debe ser el mínimo posible, aún cuando se sienta que el ludópata volvió a traicionar la confianza. Pero a la vez es necesario que el ludópata deje que lo ayuden. Porque muchas veces empieza el tratamiento sin creer en la efectividad. Por el contrario, cree que “la cura” está en ganar, porque si gana, se dice a sí mismo, se acaban los problemas porque paga las deudas y listo. Nada más equivocado. La solución no está afuera, sino adentro mismo del ludópata, pero es imprescindible que el entorno ayude. Si no hay familia, un jefe, un amigo, un compañero de trabajo, es más difícil la recuperación.

La solución no está afuera, sino adentro mismo del ludópata, pero es imprescindible que el entorno ayude. Si no hay familia, un jefe, un amigo, un compañero de trabajo, es más difícil la recuperación”

El alcoholismo es una de las adicciones de más vieja data detectadas. Luego vino la drogadicción. ¿Cuándo descubrimos la ludopatía?

La ludopatía existe, claro, desde la aparición del primer juego de azar. Pero recién en 1980 la ludopatía ingresa al Manual de Psiquiatría como patología, lo cual le quita la categorización que hasta entonces tenía: la compulsión al juego era “un vicio”. ¿Cuál es la diferencia? Que al determinarse que es una patología comienza a hablarse de tratamiento y comienzan a aparecer terapias para tratar a esas personas que en realidad están enfermas.

Y esto es fundamental, porque si bien aún algunos sostienen que el jugador es un vicioso, lo cual lleva a condenar al ludópata antes que a atenderlo, ya no hay dudas de que el jugador compulsivo está igual de enfermo que el alcohólico, el drogadicto. Ahora no sólo el ludópata puede tratarse, sino que puede recuperarse.

En el caso del juego online (ver recuadro) ¿la adicción es igual o más difícil de detectar?

Al ludópata que asiste a un bingo o a un casino, en algún momento se lo detecta: porque ha pasado muchas horas fuera de su casa y no aclara dónde ha estado; porque llega con mucho olor a cigarrillo, demacrado, de mal humor… pero cuando el jugador juega sin moverse de su casa, cuando puede jugar estando en el colectivo, el tren o el subte y hasta en su mismo trabajo, es mucho más difícil, para su entorno, detectarlo. Lo que tiene “de bueno” el juego presencial es que hay más modos de darse cuenta si alguien es ludópata. Por ejemplo, la señora o el señor que son jugadores tienen que vestirse, arreglarse mínimamente para ir al bingo o al casino; se exponen a la mirada de los otros, tienen algún que otro contacto social. Ahora, cuando juegan desde sus casas se alejan incluso de ese mínimo contacto social al que recién aludía.

Además, al jugador online muy comprometido con el juego ¿cómo lo convencés de que salga de su casa para ir al consultorio o a la institución? No va a querer, porque salir significará dejar de jugar, y además porque armó un repliegue social difícil de conmover. Habrá que promover tratamientos online para que el jugador lo acepte. En síntesis: en el caso del juego online, la detección y el tratamiento de la ludopatía son mucho más complejos.

En el caso del juego online, la detección y el tratamiento de la ludopatía son mucho más complejos”

Una pregunta doble a modo de cierre: la familia y /o el entorno son fundamentales en el tratamiento del adicto, que sufre una enfermedad. Pero ¿el ludópata no es responsable de lo que hace porque está enfermo? Y la enfermedad ¿se cura?

Desde ya la familia es imprescindible para ayudar en el tratamiento y la recuperación del ludópata, que sí es un enfermo y que lo que hace no lo hace por ser malo sino por su enfermedad. Pero el ludópata es responsable. El tema es que el jugador se siente culpable, vive con un sentimiento de culpa permanente, pero no se responsabiliza por lo que hace, que en muchos casos daña a terceros.

Entonces, hay que trabajar sobre ese sentimiento de culpa y esa falta de responsabilidad; es decir hay que lograr que se sientan menos culpables y que asuman la responsabilidad de lo que hacen. Y en cuanto a la enfermedad, como toda adicción, más que curarse la persona se recupera. Y es fundamental que el jugador renuncie a su fantasía de volver a ser jugador social, o sea, jugar como en los primeros tiempos. Eso ya no podrá hacerlo.

 El rol del Estado: ¿Atención al ludópata o ‘timba a domicilio’?

 El Estado tardó 25 años en asumir algún tipo de responsabilidad acerca de la ludopatía. “Recién en el año 2005 -dice Débora Blanca– se creó en la provincia de Buenos Aires el Programa de Prevención y Asistencia al Juego Compulsivo a través del cual en diez lugares de la provincia el Estado dispone de un lugar para el tratamiento tanto de ludópatas como de sus familias”. No obstante, una cosa fue crear un programa de atención y otra, muy distinta, avisarles a los interesados.

  “Si la pregunta que sigue es si la gente sabe de la existencia de esos lugares, la respuesta es ‘más o menos’, ya que no es mucha la difusión o, en todo caso, oscila según las épocas. Igual, los profesionales del programa sí divulgan, hacen trabajos de prevención en los barrios y realizan un gran esfuerzo. Son profesionales de mucha calidad que se especializan permanentemente, pero es cierto que al programa como tal le falta difusión. Son mucho más conocidos los grupos de jugadores anónimos, que tienen la misma estructura de Alcohólicos Anónimos, que el Programa”, agrega.   Sin embargo, la licenciada reconoce que “pese a todo, de a poco, (el programa) está teniendo más conocimiento entre la gente”.

Claro que no todas son buenas noticias: el programa de referencia solo incluye a la provincia de Buenos Aires, aunque también algo hay en la CABA: “En la Capital Federal hay una red compuesta por algunos hospitales públicos que atienden el tema. Pero en el resto del país, hay muy poco armado”, afirma Débora Blanca. Entonces cuenta el caso de un jugador del interior del país que la llamó, desesperado, pero al que solo pudo derivar a un especialista en adicciones pero no en ludopatía, por no encontrar lugares que traten esa patología.

La directora de Lazos en juego asegura que “falta hacer un montón con esta problemática que va in crescendo. Entonces se refiere a la llamada ‘timba a domicilio’: “vos hablabas del juego online que se está promoviendo oficialmente. Hasta ahora, el juego online era clandestino por lo cual era muy poca la gente que accedía a él. Pero ahora el juego va a entrar a la casa de todos, y la palabra “todos” incluye a los menores de edad. Además, no es lo mismo tener que vestirte, arreglarte y salir de tu casa para ir al casino o al bingo, a que el bingo o el casino entren a tu casa. Colegas de España, donde el juego online es legal, me dicen que allá el tema de la ludopatía está cada vez más complicado dado que están siendo afectados muchos jóvenes, los que precisamente por su edad y por su predisposición natural a la comunicación online son muchos más vulnerables que los adultos. Así que habrá que estar muy atentos y el Estado deberá promover  y profundizar políticas de prevención y asistencia en todo el país”.

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