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“El setenta por ciento de quienes entran a un bingo son ludópatas, y su adicción los lleva a la ruina”

Tiempo estimado de lectura: 5 minutos La Licenciada Débora Blanca y el dramaturgo Alfredo Megna, refieren a la capacidad destructiva de la ludopatía y al peligro de que el gobierno haya legalizado el juego online.

Tiempo estimado de lectura: 5 minutos

Por Antonella Liborio (antonellaliborio@gmail.com)

Débora Blanca es psicóloga de la Universidad de Buenos, se especializa hace años en la problemática de la adicción al juego y dirige Lazos en Juego, una institución que brinda capacitación y tratamiento en ludopatía.

Todo comenzó cuando Débora llegó una noche al Centro Cultural de la Cooperación Floreal Gorini y se encontró allí con Tragaperras, una obra de teatro que aborda impecable, la cuestión de la ludopatía.

Inmediatamente la psicóloga se contactó con Alfredo Megna, el dramaturgo y director de la puesta, quien ha dado numerosas clases de dramaturgia y ha escrito y dirigido más de 25 obras estrenadas en Argentina y en el exterior.

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Débora Blanca, licenciada especializada en Ludopatía.

En Tragaperras, la última obra de Megna, Fabio ‘Mosquito’ Sancineto interpreta a tres personajes sumamente dramáticos y plagados de carisma. Aurora, una jugadora compulsiva, su marido en silla de ruedas y una sexy empleada del bingo. Blanca vio en la historia que cuenta Megna, muchas de las problemáticas que caracterizan a las personas adictas al juego en la vida real. Precisamente de esa interpretación nació un encuentro entre dos personas comprometidas con su profesión y dispuestas a encaminarse en un proceso de difusión de la ludopatía a través del arte.

Débora y Alfredo se pusieron en contacto en pos de una convicción: “la vinculación del arte con la ciencia que corresponda constituye una interfaz empática e indispensable”. Actualmente ambos trabajan en un nuevo proyecto que sigue la línea de la relación interdisciplinaria como lugar posible para poner en escena los sentimientos humanos desde una perspectiva única.

En diálogo con El café diario, la psicóloga y el dramaturgo explican en qué consiste la ludopatía y la legalización del juego online. Asimismo, cuentan sus motivaciones a la hora de difundir la tan oscura y silenciada adicción al juego y sintetizan el rol del arte como espacio fundamental para exhibir las complejidades de la naturaleza humana.

¿Qué es la ludopatía?

Débora Blanca- La ludopatía es la adicción a los juegos de azar. Es una afección crónica, no se cura sino que se recupera, porque siempre queda un terreno resbaladizo. El juego afecta a muchísima gente y sin embargo no se habla de esto. Es un tema silenciado, en parte porque es extraño pensar en una adicción sin sustancia.

Aquellos que padecen esta adicción quedan en la ruina y no sólo pierden dinero y bienes materiales sino que se sumergen además en una terrible pérdida de tiempo y de deseo generando en muchos casos la ruptura de los vínculos familiares. Son personas que piensan permanentemente en ir a jugar y mienten para conseguir dinero. Comienza así un circuito autodestructivo lleno de sufrimiento. Por eso es fundamental divulgar la problemática y dejar en claro que con tratamientos, ayuda profesional y una familia que también se comprometa a trabajar, el jugador compulsivo puede recuperarse.

¿Por qué este tema para una obra?

Alfredo Megna- Los dramaturgos tomamos imágenes, fragmentos de historias de acá y de allá. Mi padre fue ludópata. En una época viví muy cerca del bingo Pilar, entonces iba y veía a la gente de un modo bizarro, con cierto prejuicio. Un día estaba solo y angustiado en un lugar cercano a ese bingo y salí a buscar algún espacio en el que hubiera luz. Por supuesto, en el bingo siempre hay luz. Ese día vi todo desde un punto de vista más humano y empecé poco a poco a construir a los personajes.

A veces la reincidencia en la adicción tiene que ver con borrar el sentimiento de angustia y también creo que muchas veces las recaídas y el acto de jugar compulsivamente está ligado a la necesidad de vivir un momento adrenalínico.

Originariamente yo no pensé en la ludopatía como tema central de la obra y cuando Débora se acercó con su interpretación yo pensé para mis adentros “ella vio algo que yo no escribí”. Creo que esa posibilidad de reinterpretación habla de la riqueza del teatro y del arte en general. Ahora estamos pensando seriamente en la posibilidad de relacionar la psicología con el teatro, abordando distintos temas.

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Alfredo Megna, dramaturgo y director de Teatro.

¿Ven en el teatro un buen espacio para la difusión de la ludopatía?

D.B.- Desde que me especializo en este tema suelo estar atenta a lo que surge en el ámbito del teatro. Lo metafórico propone una llegada distinta respecto de temas que son angustiantes y difíciles de escuchar. Además, no es un tema que se trate muchísimo en el arte, no abundan obras como la de Alfredo.

Entonces, creo que el teatro puede constituir un gran espacio de divulgación de la ludopatía. Siempre resuena en mi cabeza una pregunta que invita a reflexionar: ¿qué lugar tuvo el juego lúdico en la infancia del jugador? Es un interrogante que da para pensar, ¿alguien alguna vez se sentó a jugar con esa persona?

Las adicciones y la ficción tienen la particularidad de romper el sentido común. Ahora bien, la ludopatía se diferencia del teatro y del juego lúdico de la infancia porque cuando el juego se hace adictivo se produce una ruptura con lo ficcional, sobre todo por la gran cantidad de implicancias en lo real.

¿El juego online es legal?

D.B.- Sí, el gobierno de la provincia de Buenos Aires reglamentó, mediante el decreto 181, publicado en el Boletín Oficial, la legalización del juego online. El problema es que ahora ni siquiera es necesario salir de la casa para jugar. Además ¿cómo se va a controlar y regular esta actividad?, ¿cómo saber que los que juegan no son menores de edad?

A.M.- El juego online le quita al juego original la carga de ritualidad. Se extrema fuertemente el individualismo. En el caso de la gente grande muchas veces es el ritual el que sostiene la adicción. Los jóvenes están completamente naturalizados con la virtualidad, por eso seguramente se van a ver más atraídos por el juego en la red. Lo online profundiza lo dañino del juego con un individualismo atroz, la completa ruptura del lazo.

¿Hay resistencia posible frente a la gran cantidad de jugadores y los pesados intereses que mueven los bingos?

D.B.- El juego es un gran negocio, el Estado gana mucho dinero. Entonces hay un interés por sostener los espacios de juego. Las empresas de juego obligatoriamente tienen que desarrollar un programa de juego responsable.

La apuesta es algo humano y está presente, pero si en una ciudad chica instalan tres bingos hay un exceso. Las escenas cotidianas se transforman, el señor en lugar de dormir la siesta va al bingo. Jugar socialmente, si se trata de un momento de entretenimiento y esparcimiento, no es malo. El problema surge cuando el juego se convierte en una adicción. En el interior del bingo un 70 por ciento de los jugadores son ludópatas. Y ahí tiene que estar presente el Estado para regular.

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