Luciana Sabato, la herencia familiar hecha museo

La Casa Museo Ernesto Sabato realiza visitas guiadas los jueves y sábados, con entrada gratuita, con la guía de sus nietos Luciana y Guido.

Por Antonella Liborio (antonellaliborio@gmail.com)

La nieta de Ernesto Sabato habla de las visitas guiadas que realiza por la casa del escritor. En diálogo con El Café Diario recupera, a pocos días del 108 aniversario del nacimiento del reconocido autor, los recuerdos de su infancia y la reacción de los fanáticos que visitan el hogar de su abuelo.

Una casa con historia

Un árbol enorme da sombra al grupo de personas que se concentra justo en la puerta de una antigua casa en Langeri 3135, barrio de Santos Lugares. De repente emerge una figura femenina que atraviesa el jardín y abre el portón con una sonrisa en su rostro. “Bienvenidos, adelante. ¿Qué les parece el jardín?”, pregunta a las veinte personas que contemplan todo con asombro.

Pequeña de estatura, pelirroja y elocuente, Luciana Sabato no sólo es la nieta de. También es una arquitecta que ejerce la profesión con pasión. Es una madre que disfruta de sus hijos. Es una hija que acompaña incansablemente a su padre. Además, realiza junto a su hermano, Guido, las visitas guiadas por un museo “sabateano” que supo ser la casa de su infancia.

Trabaja día a día para que los jóvenes incurran con entusiasmo en el hábito de la lectura y justamente por eso los invita a recorrer la casa de Santos Lugares, un túnel no tan oscuro que conduce a un mundo que nunca deja de hablar sobre vidas y obras y, por qué no, sobre héroes y tumbas.

Luciana es mucho más que la nieta de… Y a fin de cuentas también es una mujer que no puede contener las lágrimas cuando en lugar de los puntos suspensivos resuena con fuerza el nombre del gran Ernesto Sabato.

Un escritor de puertas y corazón abiertos

¿Quién tomó la decisión de convertir la casa de Ernesto Sabato en un museo abierto al público?

Fue una voluntad de él. Varias veces me hizo firmar una esquela donde decía que la casa tenía que convertirse en museo. Una vez me dijo que él quería que la gente pudiera conocer su hogar, su biblioteca, su jardín. Por eso es un orgullo para mí respetar su voluntad. Muchas veces mi abuelo recibió a sus lectores en su casa, siempre y cuando no tocaran el timbre a la hora de la siesta (risas).

En más de una ocasión lo encontré tomando un café con alguien en el living, y cuando el invitado se iba yo le preguntaba quién había venido a visitarlo y me contaba que era un lector que se animó a tocar timbre, o un estudiante que estaba haciendo algún trabajo o monografía sobre sus libros. Por eso creo que tomó la decisión de compartir su espacio, incluso cuando ya no estuviera presente. Mi abuelo siempre tuvo el hábito de abrir las puertas.

Cada visita, una vuelta a la infancia

La anfitriona de la casa es nada más y nada menos que la nieta de Sábato, ¿cómo vivís la experiencia de realizar las visitas guiadas?

Cada recorrida para mí es una vuelta a la infancia. Siento exactamente la misma sensación que experimentaba de pequeña al mirar por la ventana que da al jardín, recupero los olores, los sonidos. Uno podría pensar que es aburrido hacer siempre el mismo recorrido, sin embargo, yo puedo asegurar que disfruto muchísimo de cada rincón de la casa.

Y más allá de que hacer las visitas me brinda una satisfacción personal, tengo otro objetivo que es reivindicar la figura de mi abuelo. Siento que en este último tiempo su nombre se desvaloriza o simplemente no se lo recuerda.

Yo quiero que se lo tenga siempre presente, porque fue un grande, por todo lo que hizo por su país, por su aporte a la literatura y sobre todo por la calidad de persona que fue. Los fanáticos que se acercan a hacer la visita me agradecen mucho y eso me dice que no estoy tan equivocada.

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La biblioteca, guardiana de las obras selectas del reconocido escritor.

Fanáticos, una experiencia curiosa

Hablando de fanáticos, ¿cuál es la reacción de los visitantes al hacer este recorrido que los conecta con la intimidad del escritor?

La primera reacción es la sorpresa, realmente se sorprenden mucho de que los reciba una nieta. Cuando termina la visita se van muy contentos de haber escuchado anécdotas, historias, detalles que no conocían. Se emocionan al ver los videos en que Ernesto habla exactamente en la misma habitación en la que ellos están parados.

Además, no todas las visitas son iguales, me han tocado grupos tranquilos y silenciosos y grupos más curiosos que preguntan absolutamente todo. En esos casos la visita se extiende más de lo previsto, porque a mí me cuesta responder de manera breve. Entonces nos quedamos charlando largo rato hasta que el muchacho de seguridad me pide que acelere el asunto, porque ya hay otros visitantes esperando en la puerta.

Libros, películas y recuerdos de familia

¿Se proyectan videos dentro de la casa como parte de la visita?

Exactamente. Fue una idea de mi papá (Mario Sabato). A los trece años decidió comenzar a filmar a su padre, a mi abuelo. Le gustaba grabarlo leyendo o escribiendo en el escritorio de su casa. Mi papá ejerció su vocación así, de forma casera, mucho antes de terminar la escuela secundaria.

Finalmente estudió y se convirtió en un verdadero cineasta, filmó 17 películas y ganó muchísimos premios nacionales e internacionales. En fin, esos videos que él filmó son los que se proyectan en la casa.

Creo que es algo muy movilizador, porque uno se encuentra parado ahí, exactamente en el mismo lugar en que estaba Ernesto. Los fanáticos se emocionan mucho.

La casa fue restaurada…

Sí, yo soy arquitecta entonces hice toda la restauración. La intención fue reparar la casa sin echar a perder su espíritu. Mi hermano y yo hicimos todo con mucho esfuerzo porque lamentablemente hay muy poco presupuesto. La municipalidad paga la limpieza y recibimos un subsidio para mantener la casa en condiciones, pero es muy poco dinero.

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El jardín alberga una estatua de la diosa Ceres, donación de la entonces Municipalidad de Buenos Aires.

Un verano interminable

¿Qué recuerdos de tu infancia en la casa de tu abuelo conservás en la memoria?

Para mí la casa de mi abuelo es sinónimo de verano. Pasé mucho tiempo en esa casa, casi toda mi infancia. Recuerdo que los días de calor, después de la siesta, corríamos por los jardines con mi hermano y Ernesto nos miraba por la ventana. Él me enseñó a andar en bicicleta. Mis papás viajaban mucho, entonces nos quedábamos con los abuelos casi todos los fines de semana e incluso veranos enteros.

Después yo empecé a estudiar arquitectura y directamente me mudé con ellos. Tengo un recuerdo muy vivo de mis días de estudio en esa casa, yo tenía que hacer muchos planos y láminas y mi abuelo siempre me ayudaba. Sabía mucho, era matemático, pintor; la verdad que tranquilamente me podía ayudar con cualquier materia que tuviera que rendir.

Más tarde me recibí y él me regaló un terreno justo al lado de su casa, donde vivo actualmente con mi familia. Es decir que hasta sus últimos días vivimos muy cerca, siempre estuvimos cerca. Mi relación con mis abuelos, tanto con Ernesto como con mi abuela, fue maravillosa.

Si tuvieras que definir a Ernesto Sabato con tres palabras, ¿cuáles elegirías?

Librepensador, honesto y apasionado. Tenía una mente brillante. Adoraba a su familia, y si bien en sus apariciones públicas daba la impresión de ser frío o distante, en realidad era todo lo contrario. Si sentía cariño por algo, lo demostraba.

Además, siempre se mantuvo firme en sus convicciones. Jamás se hubiera dejado comprar por plata o por cosas materiales. Toda su vida luchó por sus ideales y creo que eso es lo más importante, eso es lo que les enseñó a sus hijos y por ende a sus nietos. Lo recuerdo y se me llenan los ojos de lágrimas.

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