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La vida y el fútbol en ‘Lo que hay en juego’, libro de Lucas Campos

Tiempo estimado de lectura: 7 minutos

Por Matías Medrano (medranomatias512@gmail.com

Lucas Campos trae a la cancha de la vida el libro Lo que hay en juego, de la editorial Tinta Libre. Consta de 16 cuentos cortos sobre la conexión entre la propia existencia y el fútbol, con sus alegrías y tristezas; amigos y enemigos; compañías y soledades.

El amor, el desamor, la paz y la violencia; el temor y la valentía; la fe, la esperanza; los errores y las virtudes, son ingredientes que componen la vida misma y que el autor relaciona con el deporte que lo apasiona.

Comunicador social e hincha de Independiente

Lucas Campos (26) nació en Quilmes. Es Licenciado en Comunicación Social. Trabajó en De la cuna al infierno (programa partidario del Rojo de Avellaneda) y escribe desde su blog. En esta entrevista con El Café Diario, desarrolla su propuesta para los lectores.

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Lo que hay en juego, cuentos sobre la vida y el fútbol, de Lucas Campos.

El amor, idea central de Lo que hay en juego

¿Cómo surgió la idea de escribir este libro?

Todo comenzó cuando yo era estudiante de Deporte, en 2013. Tuve de profesor a Ariel Scher, quien me enseñó la literatura del fútbol y me incentivó a escribir.

Arranqué escribiendo cuentos, pero sin publicarlos. Hasta que en 2015 ingresé a un medio partidario llamado De la cuna al infierno, y allí tenía la tarea de escribir un cuento de cada partido de Independiente. Esa sección, que llamé Historia Roja, se hizo muy popular.

Después de eso, y de algunos reconocimientos, aproveché para escribir cuentos de fútbol, pero no ligados al Rojo, sino a la vida en general. Y, al cabo de varios años, casi cuatro, los recopilé y tuve la iniciativa de publicar algunos.

¿Por qué eligió Lo que hay en juego como titular?

Lo que hay en juego, en realidad, es el cuento que da el nombre al libro, y fue el último de esa selección que escribí. Es el más extenso. Y decidí optar por ese nombre porque, antes de escribir ese texto, me pregunté qué es lo que hay en común entre el fútbol y la vida. Surgió la idea del amor, relacionado con este deporte y con la vida.

Si vivimos por amor y jugamos o vemos fútbol porque también lo amamos, tiene que haber algo en común entre estos dos términos. Creo que en la vida está en juego, justamente, la vida misma, y, en el fútbol, la pelota. Pero ambas cosas no se mueven si no hay amor. Sin amor por vivir y sin amor por patear un esférico -ambas cosas: la vida y el fútbol- serían tristes, casi sin propósito. Entonces, finalmente, me decidí por ese nombre. Además, el resto del libro tiene historias de vida.

«Si vivimos por amor y jugamos o vemos fútbol porque también lo amamos, tiene que haber algo en común entre estos dos términos. Creo que en la vida está en juego, justamente, la vida misma, y, en el fútbol, la pelota…»

¿Cuál es el objetivo de este libro?

Uno de los objetivos es poner en cuestión la idea de no llevar el fútbol para el lado del extremo. En los partidos de fútbol se gana, se pierde o se empata. Nos hacen felices o tristes. Se forja una vida y todas las cosas de la vida misma, que se mezclan con la pelota. Pero hay algo muy importante: el fútbol no es vida o muerte.

La vida, el gran partido

¿Qué historia de vida lo ha conmovido más?

Creo que hay dos historias muy importantes. La primera está al comienzo; es el cuento Lo que hay en juego, porque se refiere a un jugador que no sabe en qué lugar está, y de repente somete su vida a un examen: cómo fue que la vivió, que la aprovechó. La segunda, está al final; se llama Se trata de ser feliz, y es una historia real, que me tocó vivir en Salta, sobre un niño que me hizo planteos que hasta ese momento me parecían irracionales, aunque luego me convenció de que las cosas se hacen con el propósito de ser feliz.

Entre los dos cuentos, ¿cuál elegiría?

Me quedo con el último, porque incluye la palabra feliz; habla de la inocencia de un nene y es el remate de todo el libro. Además, es una historia real, una experiencia que tuve en 2019.

¿Podría desarrollar brevemente esa historia?

En 2019 me recibí de Licenciado en Comunicación Social. Un mes después me fui a viajar por Salta y Jujuy, solo. Nunca había viajado así, pero creí que era un buen motivo para encontrar nuevas historias. Uno de los lugares que conocí se llama San Antonio de Los Cobres, un pueblo que se dedica a la minería, con gente muy humilde.

En ese territorio, mientras estaba sentado esperando el micro de vuelta, conocí a un changuito (así le dicen a los nenes allá), y comenzamos a conversar. Me cantó algunas vidalas (canciones populares del norte de Argentina), pero no sabía que yo las conocía. La charla se dio de inmediato, y, por supuesto, arrancamos a hablar de fútbol.

Fue la primera vez que escuché de alguien, muy seguro, decir que era hincha de Boca y River, y, aunque yo creía que era en broma, el planteo que me hizo posteriormente aquel muchacho, que se llama Francisco, terminó siendo muy seguro, muy verdadero.

En realidad, quizás puede ser una percepción mía, pero la explicación que me dio me bastó. Fue una charla muy larga, y el eje de esa conversación fue que tenemos que hacer las cosas no por el éxito, sino con el único fin de ser felices y hacer felices, en la medida de lo posible, a los demás.

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Lo que hay en juego, de Lucas Campos.

Maradona en Lo que hay en juego

¿Menciona a Maradona en su libro?

Sí. Primero, en el cuento Lo que hay en juego se nombra a Diego. Y, luego, El pibe que jugaba de cinco solo tiene un párrafo sobre la soledad de esos grandes genios. Y lo cita a Maradona. Se refiere, en parte, a toda la fama que tuvo el astro argentino pero, a su vez, lo poco o mal acompañado que estuvo.

Habla de lo que sienten estas grandes estrellas que son tan reconocidas; que en algún punto pierden su propia vida, porque pasan a ser para los demás. Maradona terminó siendo de todos nosotros, fue del mundo. Pero nunca dejó de ser un humano, y, en algún momento, eso pasa factura, porque nadie en el planeta está preparado para soportar tanto nivel de exposición.

La gente es feliz con el fútbol, pero también es impaciente y compara, en vez de disfrutar a los jugadores, ¿coincide?

Sí, coincido. Pero no creo que sea un pensamiento original; creo que es inducido. Vivimos en un mundo en el cual rige un sistema de competencia y de producción. Es decir, todo el tiempo tenemos que producir más y mejor; eso hace que no podamos disfrutar plenamente de lo que conseguimos, de lo mucho o poco que tenemos.

Esto, en mi opinión, abarca a todas las profesiones. En todos los trabajos buscamos ser mejores, buscamos ganar más, buscamos el éxito; pero pocas veces nos detenemos a pensar que quizás el éxito sea la serenidad como personas.

Frente a este panorama, ¿qué papel tienen los medios de comunicación?

Los medios de comunicación están, desde hace mucho tiempo, en una rueda que no para; necesitan vender ante la crisis económica del mundo, y por ese motivo, entre otros, instalan la idea de que siempre puede salir un jugador mejor y otro peor. Nunca se detienen en la vida que tuvo o de dónde vino ese jugador, que es una persona.

Necesitamos que alguien sea el ejemplo de la perfección. Que sea el mejor del mundo, que tenga personalidad, que nos identifique, que nos salve de la frustración, que nos haga felices… Creo que hay que entender que no podemos hacer ninguna comparación, simplemente porque todos somos diferentes.

¿Las comparaciones entre jugadores estarían de más?

Maradona hubo uno solo; nació en un lugar determinado, consiguió logros determinados, se retiró en un año específico. Messi nació más adelante, tuvo unos logros y otros no ha obtenido aún. Pero eso no es motivo merecedor de comparación, simplemente porque todos somos personas individuales con objetivos diferentes.

Comparar personas es de los peores actos que podemos realizar. Uno puede comprar un producto que se fabrica en serie, en una fábrica. Pero seres humanos no, porque gracias a la vida, todavía, no nos fabrican en una empresa, somos paridos por una mujer. Y todos somos diferentes y tenemos vidas diferentes. Eso nos hace únicos, con defectos y virtudes.

«Ir a la cancha es un ritual»

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Lucas Campos plantea similitudes entre la vida y el fútbol, en su libro Lo que hay en juego.

¿Qué es lo que más extraña de ir al estadio?

Lo que más extraño es ver a la gente alentando y cantando; siendo feliz, estando triste, pero estando. A mucha gente que no tiene ni un pedazo de pan en la mesa, le puede cambiar el fin de semana.

Tuve la oportunidad de cubrir un partido en pandemia y puedo confirmar que sin la gente no es lo mismo. El fútbol, principalmente, es de la gente.

«Tuve la oportunidad de cubrir un partido en pandemia y puedo confirmar que sin la gente no es lo mismo. El fútbol, principalmente, es de la gente…»

Según sus palabras, ¿ir a la cancha es más que ver un partido?

Creo que ir a la cancha es un ritual. No es solamente ver un partido de fútbol. Cuando vas a la cancha te juntas con amigos, con familiares o conocidos. Fuera de la cancha, ves que toda una ciudad se moviliza con la esperanza de ver ganar un partido; hay alegría.

Dentro del estadio te volvés a ver con los que van a ese lugar de la tribuna; te llenás los ojos con el césped. Recibís al equipo, sufrís durante el encuentro y te vas contento si ganás y enojado si perdés. Pero, en todo ese rato, uno construye relaciones, conocimientos. Es una gran parte de la cultura de este deporte. Es una identidad muy grande.

Cuando uno va a la cancha, de una u otra manera, sigue reforzando la historia de algún antepasado nuestro que inició el amor por ese club, sea un hermano, un padre, un tío o un amigo. Es imposible no ir en representación de aquellos que ya no están, y, en caso de existir físicamente, estarían alentando al equipo, a nuestro lado.

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