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Live actions: ¿innovadoras o innecesarias?

¿Hasta qué punto las remakes suponen llenar el cine de novedades? Agostina Vicente Sánchez desvela algunos secretos de la industria del cine.

Por Agostina Vicente Sánchez (agosvicentesanchez@gmail.com)

Con el estreno de Aladdin, los estudios Disney suman un título más a su lista de remakes live action, un fenómeno que se popularizó en 2010 -con el estreno de “Alicia en el país de las maravillas”-, y que alcanzó su auge con “El libro de la selva” (2016). En los últimos años, este formato sirvió para reciclar el contenido de las películas más clásicas y taquilleras de la compañía. ¿Son realmente necesarias las nuevas versiones?

La compañía del ratón, en un afán por reciclar contenidos y apelar a la nostalgia de un público al que ya no puede captar con dibujos animados, relanzó títulos como “La bella y la bestia”, “Dumbo” y “Aladdin”, con el atractivo extra que presenta ver a los recordados personajes volverse de carne y hueso. Asimismo, presentó una lista a futuro que incluye clásicos como “El Rey León” (que se estrenará en julio de este año), “Mulan”, “Lilo y Stitch” y “La sirenita” (las tres con fecha entre 2020 y 2021).

Aunque fue la primera en hacerlo (y es, actualmente, la que más ha incursionado en el tema), Disney no es la única empresa en sumarse al furor por llevar a los dibujos animados al plano de lo real: la Warner Bros. hizo, este año, su apuesta con “Detective Pikachu”, el primer live action de la franquicia “Pokémon”, y Paramount hará lo propio con Sonic, el personaje popularizado por la consola SEGA.

Reinventar, el dilema de las remakes

La lógica del refrito (vendida atractivamente con el título de remake) no se limita exclusivamente al nuevo milenio: es reproducida por Disney desde fines de los 90, con el lanzamiento de “101 Dálmatas”. A diferencia de sus sucesoras, el film protagonizado por Glenn Close -en el papel de la malvada Cruella De Vil– presenta una vuelta de tuerca ya que hace mayor énfasis en la villana que la versión animada. Sin embargo, la originalidad no logró mantenerse en el resto de los remakes, que sucumbieron ante la lógica del lucro y se limitaron a copiar sus fórmulas exitosas en detrimento de la originalidad y la calidad narrativa.

El interrogante que aparece cada vez que los estudios Disney lanzan la reformulación de un clásico es qué tan necesario resulta volver a contar una historia que ya fue repetida hasta el hartazgo. Teniendo en cuenta que las películas animadas están, a la vez, basadas en cuentos de la literatura popular, nos encontramos ante adaptaciones de las adaptaciones, por lo que no parece haber más que decir al respecto.

Del ingenio del guión o de la capacidad de los directores depende que la propuesta sea original y trascienda o que sea olvidada como tantas otras. Este punto, no obstante, no tiene relación directa con el éxito de taquilla que pueda tener una película: llenar salas de cine no es sinónimo de calidad narrativa sino que responde a factores vinculados con la lógica publicitaria.

Referentes de carne y hueso como anzuelo

Si bien el traslado de los personajes animados al plano de lo real puede funcionar como atractivo en sí mismo, el hecho de utilizar artistas conocidos para representarlos es un factor que termina por convencer al público de ver nuevamente historias que ya conoce y de volver a pagar una entrada, lo que es aún más importante para esta empresa. “Maléfica”, encarnada por Angelina Jolie, y “La bella y la bestia”, de la mano de Emma Watson, son sólo algunos ejemplos de remakes exitosas cuyo atractivo adicional estuvo marcado por sus protagonistas (la última, incluso, es considerada una de las películas con mayor recaudación en la historia, ya que consiguió 1.263,5 millones de dólares y se ubicó entre las diez películas más taquilleras de la compañía). Esta misma apuesta es la que hace la nueva versión de Aladdin, en la que El Genio -personaje que cobró popularidad gracias a la voz del recordado Robin Williams– es protagonizado por Will Smith.

El tratamiento visual erróneo o excesivo y la narrativa pobre y poco inspirada son los puntos débiles de las remakes. Sobre el primer punto, el caso del live action de Dumbo es paradigmático porque representó un fracaso de taquilla en su debut, al menos en términos comparativos (recaudó US$116 millones, 54 millones menos que lo que se gastó para producirla).

De acuerdo al sitio español “Tomatazos”, el film dirigido por Tim Burton no logró el éxito esperado por diversos motivos, entre los que se encuentran el tono oscuro en el que fue planteado (rasgo recurrente en las películas del cineasta, pero que quizás no fue apropiado en este caso), y la distancia temporal con la versión original (1941), que dificulta la apelación a la nostalgia.

Respecto a la narrativa poco inspirada, la versión realista de “El Rey León” (pese a no haberse estrenado aún) despertó críticas de los cinéfilos, debido a que el trailer muestra una reproducción casi cuadro-por-cuadro de la original. A través de Twitter, los fans manifestaron que se trató de un adelanto “con gusto a poco” y que los dejó con “la sensación de no estar viendo nada nuevo”. Esto da cuenta de que el estudio puso todas sus fichas en la recreación tecnológica de los personajes, sin dejar lugar a la innovación de la trama.

Inteligencia artificial, el último gancho

Otra crítica recurrente al formato de live actions está vinculada con el uso de las imágenes generadas por computadora (CGI). Bien usado, este recurso tecnológico logra resultados impresionantes, como sucedió con “El libro de la selva”, que incluso alcanzó un Oscar por sus efectos visuales. Pese a esto, cuando se utiliza en exceso, desemboca en películas visualmente cargadas y poco atractivas estéticamente. Asimismo, la expresividad de los personajes -característica primordial en los largometrajes animados y razón de que tengan dinamismo- es relegada hasta casi desaparecer, dado que se prioriza la sensación de realismo.

Es sabido que los animales de verdad no cuentan con la variedad de expresiones faciales que sí presentan sus representaciones animadas; por lo que el intento por emular tecnológicamente a criaturas reales da como resultado que se desvanezca la magia que caracterizó a ciertas escenas clásicas.

Una lectura de este fenómeno podría indicarnos una merma en la creatividad e innovación que pusieron al imperio Disney en la cima y que dieron a sus fans años de títulos memorables. Si bien es innegable que muchos de los refritos de clásicos están correctamente logrados, se trata al fin y al cabo de la reproducción de las mismas fórmulas exitosas que, a fuerza de repetición, acaban agotando.

1 thought on “Live actions: ¿innovadoras o innecesarias?

  1. Excelente artículo. Aunque disfruto de las buenas remakes. A las nuevas generaciones les esta costando hacer su propio camino, al menos en industrias como el cine y la música.

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