Las verdaderas razones del espionaje macrista

Tiempo estimado de lectura: 4 minutos No sólo la obsesión por controlar la vida de propios y ajenos llevó a Mauricio Macri a montar una red de espionaje ilegal de dimensiones insospechadas. Había detrás otro plan.

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Por Rodolfo Colángelo (rodolfo.colangelo@elcafediario.com)

La caja de Pandora de la Agencia Federal de Inteligencia (AFI) se abrió para revelar un entramado gigantesco de espionaje ilegal que apunta a la gestión del expresidente Mauricio Macri, con la participación de funcionarios, algunos periodistas y, por supuesto, espías a sueldo.

¿Cuáles son las razones que han llevado al gobierno anterior a montar semejante red para espiar a opositores y oficialistas, es decir a propios y extraños, generando una especie de Watergate argentino?

Obsesión por el espionaje

Se insiste desde algunos medios en la «obsesión» de Macri por conocer cada paso de quienes lo rodean -incluso sus familiares- y de sus opositores. Pero no parece ser esa la única razón que motivó la construcción de la red mencionada. Al margen de la cuestión psiquiátrica, hay una cuestión objetiva y crucial en la que chocan dos modelos de país como locomotoras enfrentadas.

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Cristina Fernández, una de las principales víctimas del espionaje de Macri.

A grandes rasgos, el modelo impulsado por Macri perseguía la construcción de una economía basada en la especulación financiera, los negocios personales, la primarización de la producción y la precarización laboral sin derechos, para ingresar a la globalización.

Anteriormente, el gobierno iniciado por Néstor Kirchner y continuado por Cristina Fernández había buscado, con algunas variantes dado el contexto mundial, repetir el modelo tradicional del peronismo histórico -con excepción del menemismo-. Esto es, industrialización, mercado interno y poder de consumo de los asalariados, limitando en cierta medida las apetencias del poder financiero.

El «compañero» Mauricio

Cuando Macri llegó al Gobierno necesitaba desarticular dos cuestiones básicas para lograr su objetivo: el poder de los sindicatos por un lado, aplicando una estricta reforma laboral, y suprimir al peronismo que en su versión kirchnerista se opone a las recetas neoliberales, por el otro.

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Mauricio Macri, Hugo Moyano, María Eugenia Vidal y Eduardo Duhalde entre otros empresarios y dirigentes, inaugurando el monumento a Juan Domingo Perón, en 2015.

El primer escollo lo encontró en el sindicalismo, especialmente en el gremialista Hugo Moyano, quien se opuso a la reforma laboral. Moyano y Macri habían establecido una alianza cuando este último era Jefe de Gobierno de la ciudad de Buenos Aires, motivada en el enfrentamiento que el líder de los camioneros mantenía con la entonces presidenta Cristina.

Hay que recordar que Moyano y Macri inauguraron una estatua de Juan Domingo Perón, en octubre de 2015 y que el camionero llegó a llamarlo «compañero».

No obstante, una vez en el gobierno, Macri comenzó a perseguir a Moyano una vez que el dirigente rechazó la reforma laboral, ley dirigida a debilitar a su sindicato y al resto de los gremios.

«Los quiero presos» -incluyendo a Pablo Moyano, le había ordenado Macri a los agentes de la AFI, y dos de ellos se presentaron ante el juez Luis Carzoglio para hacer cumplir la orden. El magistrado se negó y sufrió las consecuencias.

Red de espionaje ilegal

La red se extendió apuntando a la ex presidenta y a sus ex funcionarios con el armado de causas, escuchas ilegales, prisiones preventivas y revelaciones de sus vidas privadas, que trascendieron en los medios de comunicación a través de audios «encontrados en los parques». También golpeó a los empresarios «arrepentidos» que habían declarado haber pagado coimas involucrando a Cristina Fernández en la famosa Causa de los cuadernos, con el único fin de no ir presos.

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Diego Santilli y su esposa, la exmodelo Analia Maiorana

El CEO de Techint, Paolo Rocca estuvo a punto de ir a prisión en esa causa. Los dueños de OIL Combustibles, de Radio 10 y C5N, Cristóbal López y Fabián de Souza, terminaron en la cárcel por supuestas deudas con la AFIP. Y se supone que varias firmas extranjeras aspiraban a quedarse con los activos de la petrolera.

Lo notable es que la red también espió a los macristas Horacio Rodríguez Larreta, jefe de gobierno porteño; a su vicejefe, Diego Santilli y a la ex gobernadora bonaerense María Eugenia Vidal, ahora querellantes en la causa.

El caso de Diego Santilli tiene características patéticas. Martín Terra, exesposo de Analía Maiorana, actual pareja de Santilli, está imputado por el espionaje efectuado al vicejefe de gobierno, a quien el macrismo consideraba moyanista por no haber acordado con la persecución al líder camionero.

A su vez, Vidal y Larreta despertaban desconfianzas. La ex gobernadora era impulsada como relevo de Macri porque las encuestas no le daban buenos números al entonces presidente, y Larreta siempre fue visto como aspirante a liderar el espacio de Cambiemos.

Esta no fue ni es una lucha entre malos y buenos, entre corruptos y transparentes, sino un enfrentamiento entre dos modelos de país, con sus sombras y sus luces.

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