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Lalo Huber: músico, ingeniero, docente y “coach” emocional

Lalo Huber: “La sociedad podría ser un Paraíso”

Tiempo estimado de lectura: 4 minutos Para poder cambiar, debemos hacer pequeños grandes cambios en nosotros mismos. Aquí las claves para saber por dónde empezar.

Tiempo estimado de lectura: 4 minutos

Por Lola López Quai
lola.elcafediario@gmail.com

Lalo Huber se desempeña como coach y docente. Pero primero fue músico, después ingeniero electrónico con orientación en diseño de computadoras, trabajó en varias empresas y un día se empezó a dar cuenta de que “algo” faltaba, de que “algo” no andaba bien.

Entonces se puso a estudiar budismo, kabalah, psicología, taoísmo y disciplinas varias que lo llevaron a interpretar el mundo de otra manera y, poco a poco, a vivir con más calma y felicidad. Esto es lo que transmite en sus clases, libros y talleres.

Vivir mejor es posible

¿En serio se puede vivir mejor?

Sí.

¿Y qué hay que hacer?

Reprogramar la mente. Es la única forma de cambiar conductas en profundidad y todo aquello que no nos hace bien.

¿Rencor, celos, envidia?

También. Pero podemos empezar por algo más concreto y cotidiano como la queja.

El comportamiento negativo nos aleja

¿Qué pasa con la queja?

Que deteriora nuestra imagen y nadie quiere nuestra compañía. A la mayoría de la gente le desagrada mucho la queja, sobre todo la que se repite. ¿O acaso a usted no evita la compañía de las personas quejosas? La queja aburre, mata relaciones y posibilidades laborales y sociales.

¿Cómo hacer para no quejarse cuando hay motivos?

Ponerse a pensar que es mayor el daño que la ventaja. Frenar el impulso. Que no nos domine el piloto automático.

Claves para evitar conflictos

¿Y con las personas complicadas, cómo hacemos para tratarlas?

Las que llamamos “complicadas” son personas a quienes las pequeñas cosas pueden alterarlas. Se ofenden muy fácilmente, creen que les hacen desaires a propósito e incluso imaginan situaciones negativas para enojare (“Pasó por al lado mío y ni me saludó“).

Sí, exactamente esas personas…

Bueno, lo primero que hay que hacer es eliminar la propia susceptibilidad, de lo contrario viviremos en constante conflicto. Cuando esas personas difíciles son familiares, colegas o individuos con los que debemos interactuar, es clave manejarnos bien. Escucharlos, elogiarlos y hasta ser capaces de recibir una agresión sin que nos afecte, y analizar la situación para ver qué nos conviene hacer. Para esto, tenemos que elevarnos en conciencia.

Conocer y conocernos

¿Cómo sería?

Observarme a mí mismo y al entorno para conocerme, conocerlo y saber qué es lo mejor en cada momento tanto para mí como para los demás. Estar consciente de esto mejora muchísimo las relaciones con los otros, con uno mismo y permite ver posibilidades de todo tipo donde en otro momento no veíamos nada o no entendíamos por qué pasaba lo que pasaba.

Reprogramar la mente, elevar la conciencia.  Suena complicado.

Complicado no es, pero requiere de la práctica diaria.  

Métodos para cambiar la mente

¿Qué hay que hacer?

Una herramienta son las afirmaciones. Son frases relacionadas a mis deseos que debo repetir mentalmente y todas las veces que pueda. Una buena idea es aprovechar los tiempos muertos para hacerlo (viajes en colectivo, caminatas, esperas) y tenerlas grabadas en el celular para ir escuchándolas.

Por ejemplo: “estoy sano, mi cuerpo funciona perfecto”, “me va muy bien en el trabajo”, “la gente que me rodea es cada vez más amable“, “me siento con mucha energía”. Lo fundamental es decirlas o escucharlas todos los días.

¿Hay otro método?

El método madre es la meditación. Consiste en la observación de nuestros pensamientos para acceder a la mente subconsciente y cambiar todo lo que deseamos, porque allí están programados -desde la infancia- nuestros valores, ideas y conductas. Por eso, si queremos cambiar de hábitos (dejar de comer, de fumar) o de ideas (“el dinero es la raíz de todos los males”) e incluso sacarnos miedos y fobias, es allí donde debemos trabajar.

¿Tengo que hacer un retiro espiritual?

No hace falta. Sí es necesario dedicarle todos los días un tiempo. Tengo que elegir un momento de mi jornada donde pueda estar solo y en silencio, aunque sea quince minutos. Una vez elegido el momento y el lugar, convierto la meditación en parte de mi rutina de todos los días.

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Aprender a meditar y relajarnos desde niños mejora la relación como adultos.

La constancia es el secreto

¿Me tengo que sentar? ¿Prender una vela?

Me siento en un lugar cómodo, cierro los ojos y me quedo callado. Van a aparecer miles de pensamientos pero los dejo pasar. Es decir, no puedo -al principio- evitar que vengan, pero no me engancho con ellos. Los miro como en una pantalla de cine y ahí voy a empezar a ver lo que hay en mi mente.

¿Y si no me sale? ¿Si me distraigo?

Lo hago hasta que me salga. En un momento ocurre y cada vez es más fácil; el secreto es insistir y ser sistemático. No utilizo el fracaso como excusa para no hacerlo y así seguir sin cambiar nada de mi vida.

El círculo virtuoso

¿En cuánto tiempo puedo ver resultados?

Si las afirmaciones y la meditación se hacen de forma cotidiana, los resultados se ven rápido, en pocos días. Por ejemplo, notaré una mayor relajación o mayor capacidad de pensar antes de reaccionar. Luego empiezan a aparecer logros más grandes o se concretan objetivos y deseos que se tenían. Así se entra en un círculo virtuoso que se retroalimenta.

Miedos y prejuicios

Pero si es tan fácil, ¿por qué no hay más gente haciendo esto?

Hay un gran desconocimiento acerca de estos temas, es por eso que se vive con tanta locura (miedos, fanatismos, prejuicios) y hasta se programa a los chicos con esa misma locura. Es una pena que gobernantes y docentes no pongan en práctica estas técnicas, todo sería muy distinto. La sociedad es un desastre, pero podría ser un Paraíso.

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