La resurrección definitiva de Diego Armando Maradona

Tiempo estimado de lectura: 6 minutos Diego Armando Maradona asciende a los cielos, montado en una estrella. Retazos, recuerdos y la última resurrección del gran ídolo, santo y seña argentino.

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Tiempo estimado de lectura: 6 minutos

Por Roberto Martínez (roberto.elcafediario@gmail.com)

El cuerpo de Maradona acaso merecía otro final. Es posible que Diego haya necesitado en este momento de su vida ser bien querido de modo presencial y no tanto en forma remota. Estar más compuesto, mejor asesorado. Flota la sensación de que se va demasiado pronto. Apenas veinticinco días después de haber cumplido sesenta años.

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El féretro de Diego, en el hall central de la Casa Rosada.

Una mano no lava la otra

Cuántos momentos vividos. A los doce años le conocí en el estadio de la carretera de Sarrià. Diego acababa de firmar con el FC Barcelona y había concurrido a ver un partido amistoso junto a Claudia (Villafañe) y Raúl Longhi, volante marplatense, compañero de Roberto, mi viejo, en el RCD Espanyol. Mientras mi papá le prestaba un pulóver a «La Claudia» porque la noche estaba fría, yo no podía creer que «Pelusa» me hubiera saludado dándome la mano. De hecho, no quise lavármela al llegar a casa. Unos meses después le veía en acción durante el Mundial de España ahí mismo, en Barcelona, en directo en la bombonera perica frente a brasileños e italianos después de que la cosa no hubiera empezado bien por la derrota de Argentina contra Bélgica en el partido inaugural, en el Camp Nou.

La tele lo acercó con la camiseta del Barça primero y del Napoli después, para tomarse revancha de lesiones y sinsabores, y convertirse en el abanderado de los oprimidos. Después, el éxtasis en México ’86. Qué manera de resurgir de las cenizas. Qué lección de vida. Y no hablo del gol con la mano a Inglaterra, que también celebré. Of course.

Caer 8 veces, levantarse 10

Cuatro años después, ya como periodista, la locura de colarme en el Salón Blanco de la Casa Rosada y salir al balcón para retratar a los héroes y la recepción popular bajo la lluvia a los subcampeones del mundo en Italia ’90. Años más tarde, bolos futboleros en el Show de Videomatch de Telefé, con la linda banda de Marcelo Tinelli, hoy mandamás en la Liga Profesional de Fútbol. Recuerdo a Gonzalo Bonadeo en un arco (con quien íbamos a trabajar años después en Radio La Red), a Hugo Gatti en el otro y al expresidente Carlos Saúl Menem, todos con camisetas de color fucsia, con sus dorsales y nombres en color negro.

El reencuentro en Ezeiza. El proceso de una nueva reconstrucción personal, para llegar a Estados Unidos ’94 como una sílfide tres años después de haber sido detenido en un departamento de Caballito tras una tarde de excesos y turbiedad.

El agradecimiento eterno porque en 1999, en el día de su cumpleaños, se prestó a una charla hermosa de media hora con mis alumnos en la cátedra de radio de la Escuela del Círculo de Periodistas Deportivos cuyo titular era el mítico locutor Anselmo Marini. Me lo recordaba este miércoles Juan Pablo Rébora, uno de ellos, quien en la actualidad lidera un portal de noticias. En esa clase otros alumnos destacados eran Juan Cortese y Leandro ‘Tato’ Aguilera, periodistas importantes actualmente en el canal TyC Sports, y Germán Delfino, hoy árbitro de primera división del fútbol argentino. Diego habló de ser tenaces y honestos, y se mostró muy cercano. Esa tenacidad de Barrilete Cósmico le llevó a levantarse diez veces tras caer ocho, y reinventarse. Siempre.

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Diego Armando Maradona, la tarde en que fue presentado
como nuevo jugador del Napoli.

El tiempo no perdona

Quizá lo ocurrido en este 25 de noviembre retenga cierta lógica. El destino decidió que sea éste el momento, y Diego esta vez lo aceptó, al igual que Anthony Hopkins en ‘Conoces a Joe Black’. Hace unos años, en Punta del Este, Uruguay, había elegido escabullirse como aquella tarde tórrida en el estadio Azteca entre un montón de ingleses. Pero esta vez, ya no.

Acaso su propia naturaleza, rebelde, indómita, le impedía vivir con las ataduras que propone este mundo pandémico horrible y asexuado, con barbijos, distanciamiento y overbooking de virtualidad, jaqueado por la incertidumbre desde marzo de 2020.

Maradona, todo hay que decirlo, se había pasado buena parte de sus últimos veinte años jugando a la mancha con los obituarios. Su DNI marca 60 años, pero aseguran que cuando su corazón dejó de latir, acusaba un registro de 5 o 6 dígitos en materia de aventuras y experiencias.

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La portada del diario Mundo Deportivo de Barcelona, medio que ha tenido preparada una edición especial con el obituario de Maradona desde hace más de 10 años.

Esta nueva realidad, más floja de papeles en lo afectivo que nunca para él, y saturada de sanguijuelas e intereses cruzados, lo encontró a Diego con la guardia baja. Combos prohibidos, aflicciones y una operación delicada en la cabeza hicieron el resto, con un hombre que, si bien hace 34 años podía caminar sobre las aguas, en la actualidad tenía serias dificultades para andar por sus propios medios.

El molde de Diego Armando Maradona lo tallaron la libertad, el amor por la pelota y la ausencia de límites. No los consejos, la mansedumbre ni la obediencia. Aunque él sí haya podido ser también un crack, en ocasiones, para transmitir sus experiencias, como aquella tarde en el Círculo de Periodistas Deportivos de Buenos Aires.

Diego se ha ido por la tangente, sin despedirse, montado en una estrella. Tal vez ya no toleraba el aislamiento. Su último cumpleaños generó un clamor en las redes sociales y en el mundo mundial, aunque la prensa light se ha pasado semanas narrando una intimidad accidentada. El dolor por los vínculos dañados terminó de sazonar un momento sumamente delicado.

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La despedida de los argentinos a Diego en la Casa Rosada.

Superhéroe favorito

El aire en agosto de 1994, cuando la FIFA decidió suspenderle 15 meses por haber consumido una droga prohibida durante el Mundial de Estados Unidos, era muy espeso, aunque no tanto como ahora. «Y ahora, ¿quién podrá defendernos?«, se preguntó el periodista Eduardo ‘Polaco’ Caimi, en su cuenta de Twitter. Se mezclan el agradecimiento eterno, la frustración inmanejable y una incredulidad que no se tolera.

Hace 26 años le «cortaban las piernas» para demostrar que era humano, y dejaba huérfano a un equipo. Ahora la orfandad es global. Se ha ido Maradona para ya no volver. Por eso nos sentimos engañados, como tantos de sus rivales cada vez que los gambeteaba. Porque en algún momento, en otra vida, en otro mundo, nos convencimos de que Diego, nuestro superhéroe favorito, era inmortal en serio.

Queda la leyenda. Su capacidad para hacer posible lo imposible. Todo lo que hacemos en vida, resuena en la eternidad. Por eso perdurará Maradona en la memoria colectiva. ¿Fuera de la cancha? Su fabulosa facilidad para describir miles de cosas en una sola frase. Sus ocurrencias. A quién no se le ha escapado una tortuga alguna vez. Como buen artista, Diego ha sido un experto en colocar brillantez en las cosas más sencillas.

¿Metáfora de la República Argentina? A quién carajo le importa. ¿A los moralistas? Quien esté libre de pecado, que arroje la primera piedra. ¿A los comunicadores carroñeros? Mañana nadie se acordará de quién-dijo-qué-cosa.

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Un joven despide a Maradona en Siria.

Hace un tiempo escribí una columna de opinión que se titulaba ‘Maradona ya fue’. No cercenaba ni olvidaba nada. Simplemente se orientaba al destete que necesitaba experimentar el fútbol argentino para que, ante las grandes citas, dejara de centrarse en la nostalgia del Distrito Federal y pensara hacia delante sin anclar tanto en el pasado.

Porque los sabios aconsejan que no se debe volver al lugar donde se ha sido feliz. Porque los hombres pasan, la gloria es pasajera, y los emblemas, la historia y las ideas, quedan sólo para ser venerados. Ahora se han acabado definitivamente los padrinazgos y Diego guiará desde el cielo, en donde ya debe estar peloteando con el ‘Trinche’ Carlovich, quien le esperaba allí desde mayo. Qué ganas de putearte, 2020.

Se ha ido Diego Armando Maradona. Toca honrar la memoria de quien también ha sido (es), a su manera, un prócer. Padre de tantas emociones. Los tres días de duelo que ha decretado el Presidente Alberto Fernández son un punto de partida. No existirán sagradas escrituras que revelen una resurrección, pero sí habrá mucho escrito bueno acerca de la forma en que D10S se continuará manifestando en el corazón de las personas. Desde este jueves 26 le despiden millones. En el hall central de la Casa Rosada, y en el planeta del que ha sido rey de reyes. El orgullo es argentino, aunque el amor por Maradona va más allá de una bandera. Esa pasión, ese respeto, exceden el concepto de país, y el luto da la vuelta al mundo.

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