La Argentina política deja de lado la pandemia

Tiempo estimado de lectura: 5 minutos 7 meses después de declararse la cuarentena por la pandemia, la Argentina política acepta asumir el riesgo de convivir con el virus. Razones y deberes.

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Por el Dr. Sergio Omar Rodríguez (sergio_rodriguez4@hotmail.com)

De un día para el otro la agenda política de la Argentina asume temáticas nuevas que son ajenas al contexto de la pandemia o bien la exceden. La clase política parece haber asimilado que el COVID-19 no se va a ir en el corto plazo, así como que existe la necesidad de aprender a convivir con el virus, riesgo que la sociedad ya asume y acepta.

El hecho previsible

La pandemia es real, no se trata de fake news. En nuestro país existía una endemia previa al COVID-19 que los argentinos y argentinas catalogamos como «la grieta», sentimiento que muestra su sed de revancha cada dos años cuando hay elecciones.

Era previsible que en algún momento la paz de los muertos sucumbiera ante la inmanente grieta de nuestra clase política. El revanchismo se incrementa en la medida que nos acercamos a las elecciones de medio término que acontecerán en 2021.

El homenaje al olvido

Sin lugar a duda, 2020 será el año al que nadie quiera recordar. No obstante, en la República Argentina, parecere ser que lo que pasa al olvido es la propia pandemia. Es que hay temas estructurales previos que para algunos pesan más que los muertos por COVID-19.

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De repente, ya no se observan los interminables tutoriales de cómo lavarse las manos, cómo fabricar alcohol en casa, cómo armar el protocolo casero de entrada y de salida del domicilio, el corte y la confección de barbijos caseros, cómo emprender en tiempos de pandemia, rutinas ideales para sobrellevar el encierro, y todas las demás yerbas.

Tampoco se observa ya la intensidad y la cantidad de discursos de profesionales de la medicina abordando la temática epidemiológica. Mucho menos a los profesionales de la matemática haciendo referencia en directo a la tentativa trazabilidad de la curva de fallecidos.

La realidad que se muestra

De repente, los 300 muertos diarios de ahora no espantan de igual modo que lo hacían los 100 muertos diarios de la primera etapa. Pero si bien ha cambiado el foco mediático de la percepción sobre el tema, la realidad sucede y la batalla contra el enemigo silencioso, continúa.

Es un proceso lento que se funde entre la asimilación y el cansancio. Acaso ahora el crujir de las panzas a causa del hambre se juzgue más penoso que la pandemia, o que la ruina social duela más que los fallecidos, o que el encierro sea peor antídoto que la propia enfermedad.

La otra pandemia

Lo adecuado quizá no pase por aludir a la pandemia sino a nuestras endemias; la pobreza y la desocupación crecientes como consecuencia de las políticas económicas desatinadas.

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La economía en la República Argentina se encuentra frente a un dilema. Y el descrédito de la clase política profundiza la crisis. La Argentina no debe trazar proyectos para sobrellevar una sola pandemia, debe proyectar de modo integral.

Tiene que ser muy difícil estar en los zapatos de quienes deben gobernar hoy, y es fácil opinar sin la responsabilidad de tener que gestionar. No obstante, la libertad de expresión que ofrece la democracia, permite expresar lo que acaso muchas personas piensan pero no tienen dónde ni cómo decirlo.

El cansancio de la gente

Después de más de un semestre de Aislamiento Social Preventivo Obligatorio, el cansancio ineludible de la gente.

Estoy seguro que lo que cansó al argentino no fue la propia pandemia en sí, sino la permanente conducta mesiánica que se arroga nuestra clase política en todos los asuntos, también cuando se trata de la pandemia.

El problema tampoco pasa por un liderazgo mesiánico, quizá ideal para estos momentos de tragedia en la humanidad, sino que ese liderazgo, por lo general se encuentra viciado: de corrupción, de malas decisiones, y de inoperancia técnica y práctica.

Las argentinas y los argentinos se dan cada día más cuenta que siempre son ellas y ellos quienes deben hacer el esfuerzo ante un Estado experto en fracasar en todo lo que lleva a cabo después de decirle lo que había que hacer.

Es difícil comprender la fenomenología de la crisis económica y política que atraviesa la Argentina, a la que se suma la pandemia. Lo que es fácil de conjeturar, es que, si no salimos todos juntos, nos vamos literalmente al pozo.

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Las elecciones de 2021

Por las cosas buenas de la democracia, las esperanzas se renuevan cada dos años. Con efecto inmediato, esto ha logrado que la clase política empiece un proceso paulatino hacia el despegamiento de la pandemia, para poner la mira en otros aspectos que aseguren el resultado electoral.

Ante la cercanía de las elecciones, la clase política recuerda que se la vota para que gobierne. Luego, el COVID-19 seguirá estando igual, al menos hasta que se desarrolle una vacuna. Y el agobio mediático, si bien cesa y cambia el foco de atención, el resultado no dejará de ser penoso. La gente se va a relajar y habrá mayores problemas en el sistema de salud. Pero todo eso perderá sustancialidad en la medida que no se visibilice.

A tenor de lo que ahora se ve en el día a día, garpa más enfocar sobre la primavera y sobre la intención de aprovechar el verano, que narrar las historias que suceden dentro de los hospitales y sobre las camillas de terapia intensiva. El clima como placebo, y las elecciones legislativas como objetivo.

Las frustraciones del Peronismo

El gobierno de coalición del Frente de Todos, integrado en su mayoría por exponentes peronistas, tiene la frustración de llegar a Casa Rosada en tiempos en que se le condicionan sus buenas intenciones.

¿Qué paradoja no?

Los argentinos y las argentinas somos expertos en asumir penurias por macanas nuestras, y hoy las asumimos por macaneo internacional.

En el fondo, el peronismo se siente frustrado de «no encontrarle el cascabel al gato». Esta gente vino para otras cosas, y se encontraron con un agujero negro.

Economía no apta para cardiacos

En el fondo de todo, la economía, vapuleada por cuanto factor se puede analizar.

Registra una caída a niveles históricos por razones obvias, con aumento del desempleo, aumento del gasto público en materia social, participación del Estado en el pago de salarios del sector formal registral, caída rotunda del comercio internacional, baja aplomada de las importaciones destinadas a la producción, una deuda que se restructuró como quien dice pateando la pelota hacia delante, y un sinfín de etcéteras que agravan la cuestión.

Vivir en la economía argentina genera más adrenalina que un tour de turismo aventura.

¿Es momento para asustarse y paralizarse?

Definitivamente no.

Toda caída a pique encuentra su piso, y en el piso, el consecuente rebote.

Debemos tener la mirada puesta en que ese rebote, sea cuando sea, de una vez por todas sea bien aprovechado.

La República Argentina tiene que reconstruirse bajo cimientos sólidos estructurales que encuentren sus pilares en el funcionamiento republicano, el respeto de la democracia, el cumplimiento irrestricto de los preceptos constitucionales, y la determinación del bien común como foco que inspire todas las cosas.

Así, ni la grieta ni la pandemia se apropiarán del futuro de los argentinos y las argentinas de todo el territorio federal.

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