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Juan Acosta: «La discapacidad no es obstáculo para ser un gran artista»

Tiempo estimado de lectura: 6 minutos

Por Mirtha Caré (mirtha.care@elcafediario.com)

Juan Ignacio Acosta cuenta con una extensa formación y experiencia en los campos del arte y la investigación. A partir de su trabajo en ‘Las Ilusiones’ -la compañía inclusiva de arte más importante de Argentina- ha tenido reconocimientos de interés cultural por parte de la Secretaría de Cultura de la Nación y la Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires, entre otros organismos. También ha publicado el libro Prácticas Artísticas Inclusivas’ (Ediciones Novedades Educativas, 2020),con la intención de acercar herramientas para repensar el oficio del arte y favorecer la inclusión.

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Juan Ignacio Acosta, fundador y director de la compañía artística ‘Las Ilusiones’,
vuelca su experiencia en un libro de su autoría.

¿Cómo define la discapacidad?

Para mí, es una característica más del individuo, que si bien no define a la persona, le aporta tanto fortalezas como debilidades. La persona tendrá que hacerse cargo de esto y a partir de ahí construir su identidad.

¿Desde dónde se aborda el arte en Las Ilusiones?

En Las Ilusiones se toma a la persona con discapacidad como artista y no como sujeto de beneficencia o asistencia. Apuntamos a su formación, la parte terapéutica es una consecuencia de hacer arte. Si bien es un foco bastante particular, también hay otros colegas que lo practican. Lo que tiene Las Ilusiones es la masividad, la cantidad de artistas que se forman y su procedencia, los lugares en los que estamos presentes.

¿Hay alguna limitación para participar en los talleres?

No hay una limitación respecto a la discapacidad para adquirir conocimiento. En todo caso, lo que puede suceder es que el aprendizaje sea un poco más lento. En discapacidad lo más importante es tener en cuenta los tiempos. Puede pasar que alguna persona tenga una menor autonomía -esto es real y no hay por qué esconderlo-, por lo tanto puede necesitar una mayor asistencia. Pero también están las características individuales, como puede ser el ego, porque también hay egos en las personas con discapacidad, u otras características que no les permiten trabajar en grupo, como entender los límites o querer ser siempre protagonistas. No todo tiene que ver con una cuestión orgánica o terapéutica. Si el impedimento que fuere no le permite trabajar en grupo y necesita el uno a uno, entonces, Las Ilusiones no es el espacio adecuado porque ahí sí se transforma en algo terapéutico.

Todos incluidos, sin excepción

En Las Ilusiones se propone un modelo de trabajo diferente, dado que la persona sin discapacidad es quien resulta ser incluido. ¿De dónde surge esta idea?

Esto se fue dando por una necesidad. Los personajes más complejos necesitaban de un nivel de experiencia que no encontrábamos en los artistas con discapacidad, no por la discapacidad en sí, sino por cuestiones artísticas. A partir de ahí empezamos a buscar actores sin discapacidad que cumplieran esas funciones y que tuvieran un grado de adaptabilidad más rápido de lo que sucede a menudo en discapacidad, donde los tiempos suelen ser un poco más lentos. Una vez que los incorporamos, nos dimos cuenta de que se nos abría un abanico de posibilidades.

¿Cuál es el resultado de esta experiencia?

Los actores incluidos nos decían que, al principio, les había costado integrarse y ahí tomamos esta experiencia empírica y la transformamos además en una experiencia filosófica. Ese estar del otro lado ayuda a comprender la existencia de la diversidad.

Las actividades principales son teatro, danza y canto, que luego confluyen en una comedia musical. ¿Siempre es así?

Se pueden trabajar las disciplinas por separado, pero también se pueden trabajar las tres disciplinas al mismo tiempo. La comedia musical se logra dependiendo del grupo, de los tiempos, la intención, las ganas, el deseo de los artistas que están en ese grupo, y de las elecciones que hacen al elegir el taller para formarse. Las Ilusiones trabaja por dos lados. Por un lado, está el formato escuela, y por el otro, está la compañía.

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A la discapacidad no hay clásico ni disciplina que se le resista. Aquí,
presentación de ‘El extraño mundo de Jack’. (Foto: Ale Carmona)

¿Dónde presentan las obras?

A veces lo hacemos en nuestro espacio de formación habitual y a veces nos contratan desde sindicatos, municipios, teatros, escuelas… En esos lugares es con un cachet o a la gorra. Lo producido, después se divide en partes iguales entre los miembros que conformaron esa producción y ese es el formato compañía o cooperativa.

Arte y sensaciones

¿Con qué expectativas llega la gente a ver las obras y qué sensaciones se lleva?

Con respecto a esto sucede algo muy interesante. Como no hay una gran emoción por parte de los espectadores aparece algo muy valioso que es la sorpresa. Les sorprende la capacidad, el poder hacer, el profesionalismo. Cuando aparecen los gags más profesionales los disfrutan como espectadores de cualquier tipo de elenco. Pero sobre todo se sorprenden con que una persona con discapacidad pueda actuar sin hacerlo de forma infantil, ni de manera amateur, ni haciendo de cuenta. Hay como un mito, una creencia de que como es discapacidad va a ser aburrido, salud, algo terapéutico, que es un juego de niños. Entonces, hay que romper esa barrera. Al público le cuesta romperla, pero si se queda en la antesala, no ve el espectáculo, le falta el velo de lo artístico.

Tal vez tiene que ver con lo que menciona en el libro sobre educar la mirada.

Totalmente, hay que tomar el concepto de Jorge Dubatti (crítico, teórico y gestor teatral) de su Escuela de Espectadores e intentar educar espectadores para que puedan ver el arte inclusivo, que es pensar otro arte. Ni mejor ni peor, simplemente con otros parámetros. De alguna manera, siempre las vanguardias han sorprendido y al principio no han gustado. Por ejemplo, cuando estaba el Romanticismo y apareció el Realismo se dijo que éste no era arte. También sucedió con el Impresionismo y cuando apareció el Happening se decía que todos los que lo hacían estaban locos. Entonces, ahora hay que decir que el arte inclusivo es arte, con otros parámetros y ¡por qué no disfrutarlo!

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‘Peter Pan’, otro clásico llevado adelante por el grupo ‘Las Ilusiones’.

Algunos pasos adelante

¿Ha notado cambios en la sociedad en cuanto a arte y discapacidad?

La sociedad fue cambiando con respecto a la discapacidad más allá del arte, pero en el arte todavía no lo logramos porque las políticas públicas no están pensadas para incluir en el mundo artístico a personas con discapacidad. Sólo se piensa la discapacidad en cuestiones relativas a la obra social, el trabajo o la salud, no se piensa en el mundo artístico o del pasatiempo. De todos modos, creo que se avanzó en términos generales, porque ahora se habla y ya la persona con discapacidad no está oculta en su casa. En mis dieciocho años de trayectoria percibo que estamos mejor, los medios y el Estado hablan más, y ese es el mayor punto de partida para la transformación y para que haya devenires más inclusivos.

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La danza es una de las disciplinas artísticas que realiza el grupo ‘Las Ilusiones’.

Su experiencia con el arte inclusivo está plasmada en el libro ‘Prácticas Artísticas Inclusivas’. ¿A quiénes está dirigido?

En primer lugar, lo pensé para formadores. Para contar mi experiencia, mi recorrido, porque no hay libros que se piensen desde la discapacidad en el arte. La idea es transmitir y contagiar ganas, pero también les puede servir a las familias en general, o para ese público al que le interesa este mundo, ya sea por curiosidad o porque tiene alguien allegado con discapacidad. Me parece que es un libro esperanzador y que ese público que no conoce tanto puede romper una mirada, un prejuicio y hacer una transformación respecto a lo que ve. Me parece valiosísimo tener la posibilidad de ver a una persona con discapacidad ya no con los ojos de su condición, sino con los ojos de la persona, del sujeto.

¿Qué le dice al lector?

Me gustaría que la gente se acerque, que el público se anime a cambiar la mirada. Que estos espectáculos sirvan para generar una mirada más diversa y heterogénea, que tomen este arte como una virtud.

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