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Hockey de montaña: integrador, inclusivo y de altura

Tiempo estimado de lectura: 10 minutos Con el hockey como herramienta de socialización, el valle de Uspallata es el escenario de un fenómeno comunitario cuya tasa de crecimiento aumenta sin parar.

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Tiempo estimado de lectura: 10 minutos

Por Fabián Galdi (elcafediariopuntocom@gmail.com)

En la lengua de los pueblos originarios, Uspallata significa «lugar tranquilo». Lo es, desde el punto de vista del paisaje majestuoso que caracteriza su entorno natural. La montaña pareciera hasta dejarse acariciar -su cercanía, la paleta de tonalidades y la paz que transmite, colaboran al efecto-. De repente, una bocha rueda por el piso, el golpeteo de un palo deja el sonido de su vibración en el aire y la atención cautiva a quienes están imantados a esa expresión lúdica.

Estando a 1.750 metros sobre el nivel del mar, la comarca uspallatina se ve felizmente sorprendida ante la llegada de una modalidad que despierta adhesiones de inmediato. El hockey llegó para quedarse. No se trata de una exhibición o de una muestra con fines publicitarios ni mucho menos. Aquí se sentaron las bases para que leones y leonas en el sentido genuino del término -no sólo deportistas que han alcanzado logros mundiales y olímpicos-, inviertan su tenacidad, esfuerzo y espíritu de superación en una pasión cuyo efecto multiplicador es transversal a todos los sectores sociales, sin distinciones.

Catalizador de sueños

Un club de hockey en la altura es el catalizador de los sueños que llevaron a sus fundadores y a quienes hoy lo sostienen, por un camino que debieron abrirse de motu proprio. Cuando la idea se empezó a transformar en una certeza ni siquiera había un lugar para entrenar. Un playón de tierra sirvió de escenario en un contexto en el cual este deporte era observado de entrada con asombro y no poca incredulidad. Las barreras del prejuicio comenzaron a levantarse y lo que de entrada se asemejó a una etapa experimental, hoy en día se transformó en un símbolo de socialización comunitaria que no para de crecer.

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El equipo de hockey de mujeres en la cancha de tierra.

El Club de Hockey de Montaña Uspallata es un espacio integrador, contenedor y que representa un ejemplo de convivencia para el valle uspallatino. No cuenta con una cancha propia y ni siquiera hay una estructura de material que permita albergarse. La esperanza es que alguna vez se pueda escriturar un terreno, pero las posibilidades reales de concretarlo actualmente son mínimas.

De ahí que el municipio del departamento Las Heras les permite utilizar unas canchas de sintético para entrenarse y jugar cuando se organiza un torneo corto. Las chances de competir se reducen y cuando se concerta alguna actividad deportiva en calidad de visitante, queda sujeta a de qué manera se reúnen los medios económicos para comprar el pasaje o conseguir movilidad colaborando con los gastos de combustible -las rifas y las ventas de comidas ayudan al efecto- .

El Café Diario compartió estas vivencias producidas en la villa uspallatina, ubicada a unos 110 kilómetros de Mendoza Capital y a cerca de 60 kilómetros del cruce a Chile por la Ruta internacional 7. Los cinco testimonios pertenecen a quienes se hallan directamente involucrados con la actividad de la entidad. Sirven como ejemplo, además, de cómo ha germinado esta disciplina deportiva en un ámbito inusual a lo acostumbrado.

«El club y su finalidad comunitaria»

Adrián Sidán, presidente del Club de Hockey de Montaña Uspallata, dice que forma parte de un club social «cuyo objetivo prioritario es ayudar a todos los niños, niñas, adolescentes y adultos que no cuentan con un espacio para prácticas deportivas de hockey, formando equipos en diferentes categorías e inscribiéndolos en certámenes provinciales».

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Adrián Sidán, presidente del club.

Sidán asegura que la vida en el pueblo es dura por muchos aspectos. «Su clima y geografía particular hacen a su idiosincrasia. Lo deportivo por el aspecto natural puede ser una ventaja: el invierno como la altura son condicionantes para la mente y el cuerpo».

El presidente del club recuerda que al momento de la fundación querían que los jóvenes tuvieran una opción de vida, con miradas y oportunidades diferentes desde lo deportivo, cultural y humano. «Hoy este club no sólo tiene la finalidad deportiva sino también la comunitaria», dice. «Está basado en la importancia del desarrollo sociocultural de la comunidad del valle de Uspallata. Lo hace a través de la inclusión y priorizando la atención a la niñez y la adolescencia mediante la formación y el acompañamiento deportivo. Se trabaja desde la óptica de la igualdad de oportunidades y la lucha contra la discriminación por edad, condición física, género o socioeconómica».

Sidán agrega que «los y las fundadoras del club procuramos ofrecer los apoyos que necesita cada persona, aunque nos encontramos muchas veces muy limitados para llegar como quisiéramos. Sucede que la estructura del club está compuesta por familias y deportistas ya que surgió como una necesidad de varios grupos familiares de la zona. El radio de acción cubre nuestro valle entre 15 a 20 kilómetros e intentamos llegar a toda Alta Montaña, al menos hasta Polvaredas -a unos 55 kilómetros-, donde tenemos algunas jugadoras».

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Eliana Mestre, entrenadora, sacando piedras con escoba en los
primeros tiempos del club.

Según Adrián, las demandas prioritarias del Club son mejorar el equipamiento de entrenamiento, conseguir fondos para tener entrenadores/as para las distintas edades, y seguro de jugadores. «Se ha tratado de conseguir subsidios a través de la subsecretaría de Deportes de la provincia pero aún no hemos tenido respuestas favorables. También necesitamos nuestro lugar propio para el club. Tenemos 60 jugadores en diferentes categorías. Los peques (desde los 4 años), juveniles y mamis hasta más de 50 años».

Sidán asegura que la meta a corto plazo es lograr que sus equipos puedan competir en diferentes campeonatos para sumar experiencia y también consolidar al club en la provincia. «A mediano plazo, el gran objetivo es lograr nuestro espacio: se presentó un proyecto en tierras fiscales de la provincia, fue recibido con buenos ojos y ya se han realizado algunos acuerdos. Estamos ansiosos a la espera de las resoluciones de esa entidad. A largo plazo, nuestro mayor sueño es la cancha propia en altura. Y que ésta se pueda ocupar por quien lo desee como un lugar de entrenamiento de alto rendimiento».

El presidente del club afirma que «lograr el hockey social en la provincia fue algo que tomamos como bandera del club. La premisa es conseguir la integración de los sectores sociales vulnerables y seguimos luchando por ese fin, para lo cual hemos mantenido reuniones desde hace ya bastante tiempo con más de 25 clubes sociales de la provincia. Son muchas las necesidades de muchos equipos que trabajan intentando surgir de la nada y con nada. Además escuchados por nadie y con la sola intención de darle la oportunidad de este deporte a grupos sociales que de otra manera no podrían acceder».

«El hockey es un alivio para el alma»

Eliana Mestre es jugadora de hockey y entrenadora en Uspallata desde hace unos años. «Desde que empecé noté el entusiasmo que tenían todos, desde los más más peques hasta las personas adultas, pero también se hizo visible que había muchas personas a quienes les faltaban los medios económicos para participar. Muchas veces nos dimos cuenta de que había chicos mirando cómo jugaban los demás y los invitamos a jugar. El resultado fue fantástico. Ver el entusiasmo en sus caritas te reconforta el corazón», afirma.

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La entrenadora Eliana Mestre con los peques.

La entrenadora dice que para ella el hockey es «un alivio para el alma». «La alegría es por compartirlo con mi gente, que pasa sin que te des cuenta a ser parte de tu familia. Es compañerismo, trabajo de equipo. Es una pasión, mi cable a tierra. Es el espacio donde podemos compartir el deporte pero también nuestras alegrías y tristezas, además», se emociona.

Según Mestre, «como deporte social, el hockey representa darle el espacio a todos para que tengan la oportunidad de integrarse sin ser discriminados por su condición física, social o por pensar de manera distinta».

Los entrenamientos se realizan tres veces por semana, y dos sábados al mes el equipo viaja a Mendoza para participar de los distintos torneos que se realizan. «Muchas veces se nos complica porque no contamos con recursos económicos para pagarnos los viajes, lo cual hace que ese trabajo en equipo sea organizar ferias o ventas de comida para juntar el dinero que nos hace falta», asegura la entrenadora.

Los obstáculos económicos están, pero también está la fuerza y la energía para lograr los objetivos. «Como club hemos logrado integrar e incluir deportivamente a cualquier persona que quiera jugar al hockey. Intentamos, dentro de las limitaciones que tenemos, dar la contención necesaria a todas aquellas personas que lo necesitan», agrega Eliana. «La balanza siempre se inclina hacia lo positivo. Hemos logrado mucho en lo humano. Se prioriza a todas las personas por igual. Todos tienen un trato especial. Hoy, en Uspallata, el hockey es uno de los deportes que más se practican».

Las metas deportivas son las que todo club quiere: ganar campeonatos. «A largo plazo el objetivo es poder cumplir nuestro sueño de una Liga de Hockey social, conformada por más de 25 equipos. Y lograr que se tenga un espacio para este deporte, donde se prioriza la inclusión y la integración. Como jugadora lo hacía en Murialdo hasta que me fui a vivir a Uspallata y me llamaron para ser entrenadora. Hago entrenamientos con todas las categorías y me pongo a jugar en los campeonatos cuando noto que el equipo necesita apoyo», dice la entrenadora.

Mestre recuerda que «de entrada me vi barriendo lugares de tierra porque no teníamos cancha. Muchas veces nos dieron espacios en un playón detrás del cámping, pero como había muchas piedras nos llevábamos escobas y armábamos la canchita allí».

Y agrega que «lo más destacable es la solidaridad del corazón. Nos acompañamos en nuestras adversidades y ésto nace del amor y la amistad en el grupo. El abrazo de los peques y adolescentes es impagable. Es muy bello sentir que esas pequeñas cosas pueden reconfortar el alma».

Madre e hija unidas por el deporte

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Madre e hija, María del Carmen Rolón y Chantal Alexandra Román.

María del Carmen Rolón y su hija Chantal Alexandra Román comparten la misma pasión, ambas juegan al hockey. «Éramos nuevos en Uspallata, salimos a conocer la zona, vimos chicas entrenando, me acerqué y pregunté. Fue genial porque conocí gente, me hice de amigas y me potencié como jugadora, pero con el respeto y la amistad por sobre todas las cosas», dice María del Carmen.

Y agrega que«el hockey es un deporte pero no sólo de competición. Te ayuda a socializar. Hay que tratar de adecuarse a los distintos pensamientos de cada jugadora no sólo en el juego sino por su forma de pensar. El rol que tiene es adaptarse a lo que es un grupo de compañeras y en algunos casos de amigas».

Con respecto a la experiencia de jugar junto a su hija de 14 años, María del Carmen afirma que es algo «único». «Me encanta estar en la cancha con ella y lo compartimos desde hace dos años. Por su corta edad se dedica mucho al hockey. Es una de sus pasiones y lo demuestra tanto en la cancha como en el grupo», dice.

Y agrega: «tengo 33 años y a mediano plazo me encantaría salir, seguir compitiendo. Sé que vamos avanzando día a día, aprendiendo cosas nuevas y quiero demostrarlo ante otros equipos. Nos ha pasado que vienen chicas que gustan del hockey pero que no se animan por el miedo de golpearse o de fracturarse. Siempre les digo que van a encontrar golpes y lastimaduras en todos los deportes. Y ésto también es en la vida. Vení, probá, traé tus canilleras, tu protector bucal y todo lo necesario para estar cómoda. Animate, que te va a encantar. Y a las que miran desde lejos, les digo: sumate».

«El deporte en equipo genera lazos»

Cristina Repetto es jugadora del club e integra una de las familias fundadoras. «Respecto del hockey en Uspallata me enteré hace siete años cuando mi hija de 4 años quería hacer deporte pero la única oferta era fútbol masculino. Hasta que di con un grupo de mujeres, mamis, niñas y niños que proponían otra alternativa: hockey. Sin mucho conocimiento del deporte, pero con mi hija, que agarró el palo y parecía haber nacido con él, es que iniciamos el camino de acompañar. En ese acompañamiento fuimos aprendiendo y dándole identidad al club», recuerda.

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Cristina Repetto (con campera rosa), jugadora e integrante de una de las familias fundadoras.

Cristina asegura que sus expectativas se van cumpliendo de acuerdo al esfuerzo y las ganas que le ponen al club. «Desde que iniciamos hasta ahora, que estamos cumpliendo dos años, el hecho de tener personería jurídica es una expectativa cumplida muy grande. Sólo conocía el hockey como algo lejano o un deporte exclusivista, pero me di cuenta que cuando gusta y hace bien no hay más exclusividad. Por eso, que llegue a la mayor cantidad de gente posible: el deporte en equipo genera lazos, sentimientos y valores que sirven a la convivencia en sociedad».

Según esta jugadora, todo deporte es un factor socializador. «Nosotros le tomamos amor al hockey y hasta hubo un tiempo en el que todos en la familia jugábamos. Siempre buscamos que el deporte sea la excusa para llegar a las familias, sobre todo. Y se vea que en la diversidad se puede llegar a un punto en común y haya luchas por esos intereses en común. Lo primero es lo social, aunque lo deportivo juega y también se quiere ganar», dice.

Y agrega que «si la mira está puesta en el partido, el objetivo es ganarlo. Si lo está en la institución, es sostenerla para hacerla visible, que tenga espacio físico y que niñas, niños y jóvenes tengan la oportunidad de hacer algo más que estar sentados viendo una pantalla. Lo ideal es que la persona que se sume esté convencida. Así se convencerá de luchar por el bien común, no sólo del club sino también traspasarlo a la sociedad. Que se acerque, mire y juegue. Que el jugar despeja la mente. Que acompañar a la institución es apoyar la apertura de mentes, tener empatía y agitarse por un objetivo».

«El hockey integra y no discrimina»

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 Los varones. Tomás Jofré en cuclillas, a la izquierda.

Tomás Jofré Torres (20) es jugador de hockey. Dice que se fue enterando «de a poco» de la existencia del club y que lo primero que vio fue un potrero. «Me invitaron y entré. Fue muy bueno para mí. Conocí mucha gente y me ayudó a dar con un estilo de vida diferente».

Tomás afirma que antes sólo iba de la escuela a su casa, y que entrar al club lo ayudó a organizarse en la vida. «Ahora trabajo como sereno en un hotel de Uspallata. Para mí, el club es mi segunda familia. Es un sentimiento. Se lo recomendaría a cualquiera. El hockey integra y no discrimina».

El jugador agrega que ahora es revisor de cuentas en el club y que dentro de la cancha jugó en todas las posiciones, «primero en la defensa, después como delantero y más tarde de arquero, ya que fui a una clase y me gustó», dice.«Entrenamos en el Gimnasio Municipal, en la cancha de sintético. Es una experiencia muy buena y nos permite participar de algún mini torneo o tomar una invitación contra equipos de Mendoza que no son de la altura. Esto de conocer gente de otros lugares también es muy importante y nos permite seguir creciendo».

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