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Hacia una maternidad con permiso para la queja. Foto de Kelli McClintock/Unsplash

Maternidad del siglo 21, con permiso para la queja

Tiempo estimado de lectura: 3 minutos Con timidez pero determinación, las mujeres comienzan a expresar que la maternidad produce sentimientos encontrados de frustración, agotamiento y desconcierto.

Tiempo estimado de lectura: 3 minutos

Por Bárbara Guerschman (elcafediariopuntocom@gmail.com)

La maternidad, a debate. En 2008 la socióloga israelí Orna Donath inició su investigación entrevistando a un grupo de madres que vivía en Israel. En el libro, que fue publicado en 2015, la autora analiza el arrepentimiento maternal como un fenómeno social. Si bien estas mujeres afirmaban amar profundamente a sus hijos, señalaban que, de tener la oportunidad de volver el tiempo atrás, no los hubieran tenido.

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La portada del libro de la socióloga Orna Donath.

La publicación del libro ‘Madres arrepentidas’ generó una lógica controversia y acusaciones dirigidas hacia ellas tildándolas de “crueles”, “egoístas” e incluso “inhumanas”. Del mismo modo, a la propia Donath se le criticó su decisión de no tener hijos, e irónicamente se le advirtió que se iba a “arrepentir”. Más allá de esto y tras la publicación señalada, la autora recibió el testimonio de otras mujeres que admitían sus propios sentimientos de frustración y descontento.

Sinsabores maternales criollos

Mientras que en Israel Donath reveló estos testimonios, en Argentina se han publicado libros y se han difundido blogs orientados a explicitar los sinsabores de la maternidad, su lado oscuro y la no tan glamorosa experiencia de criar hijos. En esos escritos se hacen evidentes los ocasionales miedos, la angustia y el fastidio que implica atravesar un embarazo, el periodo de puerperio, los primeros años de la infancia, el ingreso a la vida escolar y el proceso de socialización. Estos sentimientos combinan el hecho de convivir con ese ser o seres por los cuales se será responsable durante toda la vida con las demandas sociales que, a modo de yunques, se imponen sobre los padres.

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Una escena de la comedia australiana sobre maternidad ‘The Letdown’, disponible en Netflix.

Como señalan Ingrid Beck y Paula Rodríguez en su serie de libros ‘Guía (inútil) para la madre primeriza’, el mundo está lleno de “opinators” que pontifican con ligereza acerca de la forma de parir, llevar a cabo la lactancia, mandar a no al niño/a a una guardería o tener un segundo hijo. Al mismo tiempo, en el blog de Instagram ‘Cansadas con hijos’, sus creadoras expresan con humor el agotamiento, la falta de tiempo y el desconcierto frente a los berrinches y los cambios que las madres experimentan en su cuerpo y psiquis.

¿Recinto sagrado?

Finalmente, y en formato de plataformas streaming, la serie canadiense ‘Workin’ moms’ y la serie neo-zelandeza The letdown’, muestran que el agotamiento no es solo argentino, ni la alegría es solo brasilera. Los matices acerca de la maternidad son globales y ambas series describen una realidad: cómo combinar el hecho de ser mamá con el trabajo.

Trailer de la serie ‘Workin’ Moms’.

¿Cómo interpretar este resquicio a partir del cual se ha habilitado socialmente la queja? Las personas se quejan de la carga cotidiana que supone el trabajo, las relaciones conyugales o el sostenido aumento de las tarifas, pero la maternidad parece ser un recinto sagrado exento de esa posibilidad, fundada en el argumento indicado por Donath: “Fue tu elección, a bancársela”.

Iniciado el siglo XXI, es posible sugerir con suma timidez que la maternidad no sea la experiencia que se esperaba, ¿pero expresar el agotamiento maternal equivale al hastío por otro tipo de relación humana? La respuesta es negativa, porque ser madre es una experiencia sui generis ligada inevitablemente a la abnegación. La maternidad aún es considerada un valor sagrado; un panteón intocable femenino asociado a lo instintivo, como si estuviera inscrito en nuestro cuerpo. Es lógico, entonces, que la queja y el lamento aún no tengan la mejor prensa, aunque sean complejas emociones humanas como el amor y la alegría. Cabe señalar que estas emociones incluyen dosis variables de satisfacción y frustración que tímidamente se expresan en series, libros y blogs.

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Bárbara Guerschman es Antropóloga Social (UBA) – Instituto de Desarrollo Económico y Social (IDES)

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