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¿De qué hablamos cuando hablamos de cuchuflito y pindonga?

Tiempo estimado de lectura: 4 minutos Distorsión de la realidad, mentira institucional y supuestos alimentos marca cuchuflito y pindonga. Cómo y de qué modo los argentinos son estafados a diario.

Tiempo estimado de lectura: 4 minutos

Por Nora Mazzini (mazzini.press@gmail.com)

La ex presidenta y candidata a la vicepresidencia de la Nación, Cristina Fernández de Kirchner nombró “cuchuflito” y“pindonga” al referirse a los productos que se ofrecen en supermercados correspondientes a marcas desconocidas y -fundamentalmente- a productos inclasificables, entre los que la “no leche” y el “no queso” son los más representativos.

Economistas y dueños de pymes salieron a defender a las pequeñas empresas que se dedican a la producción de alimentos que las grandes cadenas de supermercados venden a precios más bajos con sus propias marcas.

Algunas de estas empresas utilizan el nombre del mismo mercado, o lo recrean. Tales son los casos de Carrefour, Jumbo, Vea o Día (con su marca ídem), WallMart (marca Great Value) y Coto (Ciudad del Lago, Cristal del Lago, Escudo de Oro y Coto), por nombrar a los más conocidos. 

Las palabras que desnudaron la existencia de una estafa en los supermercados
“Rallado”, pan saborizado a queso rallado junto a los quesos. (Foto: Nora Mazzini)

Hay palabras que tienen la cortesía de decir qué significan apenas dichas. Son los términos que no necesitan de un contrato social para entender que “mesa” quiere decir “mesa”. Y tampoco son onopatopeyas que se conforman por el sonido que representan: “maullido”, “mugido”, “bomba”.

Así fue como dos antiguas palabras que quienes tienen más de cincuenta años conocen, pocos dicen y los millennials jamás escucharon, desataron un terremoto político, económico y semántico en plena campaña electoral.

“Casi vergonzante”

Para el argentino medio puede ser casi vergonzante tener que elegir sucedáneos entre estas marcas de segunda calidad a la hora de efectuar compras en el supermercado en medio de la crisis y la inflación que en estos últimos tiempos vive el país.

La estrategia no es nueva. Nació hace 130 años de la mano de la empresa londinense Sainsbury, la aplicó Alemania en la posguerra, Estados Unidos la popularizó y Carrefour creó su primera marca propia.

En Argentina hubo un antecedente lejano con la marca de la ya extinta Cooperativa El Hogar Obrero, SuperCoop. La francesa Leader Price desembarcó con supermercados exclusivos de su sello a fines de los ‘90, y después la absorbió Carrefour.

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“Bebida láctea”, leche que no es leche. (Foto: Nora Mazzini)

Mercas blancas

Argentina importó, tarde, un sistema ya viejo y de amplia aceptación en toda Europa. Y su nombre técnico es “marca blanca”. Así como los argentinos conocemos las estaciones de servicio de “bandera blanca”, es decir aquella que no pertenece a una refinería ni asegura el origen del combustible que expende salvo su calidad, estas marcas se llaman “marca blanca” y tienen la característica que no hacen el gasto publicitario que las impuestas en el mercado, sino que se posicionan por el respaldo de la empresa que las pone en sus góndolas.

Tampoco es nuevo, pero “cuchuflito” y “pindonga” puso en el verdadero ojo de la tormenta las falsas marcas blancas, los falsos productos en una época de apogeo de las fake news, noticias… falsas. Es lo que tiene vivir en tiempos de mentira institucional, distorsión de la realidad y falsedad.

Falso queso rallado que tiene un paquete igual al queso rallado que comparte góndola con los verdaderos quesos rallados. Queso rallado disfrazado de queso rallado, que no dice en su paquete que no es queso rallado, y que no dice la palabra “queso” en su paquete.

Falsa leche disfrazada de leche con el traje de “bebida láctea”.

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“Bebida a base de yogur” en letra chica. (Foto: Nora Mazzini)

Vino que no dice “vino” en su etiqueta, y que en la contraetiqueta aclara que es un “cóctel” con “aromatizantes”. Y se presenta como un vino boutique.

Esto significa un grave problema ético: si bien la información rotulada no es falsa y a priori es cierta, está expresada en términos, gráficos, colores y diseños de modo tal que confunde de manera explícita. Incluso en su ubicación en la góndola.

“Cuchuflito” y “pindonga” se proponen como un gran ahorro en la magra canasta familiar a la sombra de marcas, segundas marcas, marcas blancas, cuando en realidad son una estafa al comprador, en ingredientes y en calidad alimentaria.

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“Coctel de vino tinto con esencias naturales”, en la góndola de vinos boutiques.
(Foto: Nora Mazzini)

El sonido y la conjugación especial de las palabras “pindonga” y “cuchuflito” dejaron en su desnudez un timo, una trampa al consumidor más vulnerable, el hijo de la crisis, que cree que le está comprando a su niño un yogur económico y en realidad le está llevando una bebida láctea a base de suero.

Ser “marca blanca” o “low cost” no significa ser malo. Pero mentir, sí.

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