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Gitanos, reyes de la adaptación frente a la incertidumbre

Tiempo estimado de lectura: 4 minutos Gitanos, por su forma de adaptarse, reyes en la incertidumbre propuesta por el mundo. Historia, usos, costumbres de una comunidad enamorada de su libertad.

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Por Pablo Kulcar (pablokulcar@hotmail.com)

Gitanos. Un pueblo sin fronteras, estigmatizado, que trata de situarse en donde puede y lo dejan, sin leyes, obedeciendo una tradición oral que se resiste a la globalización tecnológica, y adaptándose de forma constante a una sensación que se ha convertido en el mal de la época: la incertidumbre.

Reciben una educación familiar férrea e inquebrantable, y cargan con sanciones y consecuencias autorreguladas. Muchas de sus tradiciones y cultura los constituyen en una nación. El respeto y la obediencia a sus ancianos -, paradójicamente la franja social etaria más castigada por la pandemia del Coronavirus y por el neoliberalismo-, es su bandera. Esa tradición rige su propia identidad, aunque haya cierta corriente en la nueva generación que se plantee contemplar con algo más de laxitud otras que orientan la vida cotidiana. Su cultura es milenaria y su idiosincrasia, muy particular.

Expansión y llegada a Argentina

Hicieron sus primeras migraciones desde Meghawal (India), movilizándose en tres grandes diásporas, de las que empezaron a llegar a Argentina -a Europa arribaron mucho antes- en la segunda y la tercera, después de los intentos de la Alemania nazi para extinguirlos durante la Segunda Guerra Mundial. Instalaron sus tradicionales carpas y automóviles en lugares al aire libre o cerca de asentamientos donde les permitieron establecerse, y se estima su población en 300 mil personas sumando las zonas de Ciudad Aútonoma y Provincia de Buenos Aires, Salta, Mar del Plata, Necochea, Rosario, Córdoba y Comodoro Rivadavia.

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La cantidad en el Conurbano bonaerense es de alrededor de 50 mil y la mayoría son nativos del país. Tienen su origen marcado en apellidos que remiten a Hungría, Moldavia, Rusia y España. Arrastran una discriminacion y soportan prejuicios tan viejo como los de su existencia. Se los llamó “los que no tienen lugar en el mundo”, y han sido un pueblo peregrino sin espacio geográfico reconocido.

Durante el primer gobierno del General Juan Domingo Perón su congregación aceptó las leyes de la nación que los obligó a dejar su tradición nómada, para instalarse definitivamente bajo la amenaza de exiliarlos a la fuerza. Durante la dictadura militar la violencia se hizo constante.

Educados en el seno familiar, los gitanos no acostumbran a mandar a sus hijos a la escuela pública ya que no consideran necesario ese conocimiento para la idea de vida que tienen para ellos. Casi limitan el aprendizaje a la matemática básica, que sí sienten indispensable para sus futuras tareas. Parece surrealista en estos tiempos, pero consideran la escritura y la lectura como aspectos de segunda necesidad. Se refieren a la palabra como elemento suficiente para generar confianza y respeto, sin necesidad de papeles ni firmas. Suelen dedicarse al arreglo y la venta de automóviles, y la idea que se tiene de ellos en este rubro dista de ser la mejor. También comercializan paseos en ponys en plazas del país. El rol de la mujer ha sido siempre cuidar del hogar, pero hoy en día se dejan ver como vendedoras ambulantes.

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Casamientos acordados

Respecto al matrimonio, lo consuman dentro de su mismo grupo étnico y todavía hoy, muchas veces es acordado por los padres. La preservación de la virginidad femenina antes del casamiento es fundamental. Si de todos modos esto no ocurriese, la involucrada no puede lucir el característico pañuelo, ni llevar las polleras coloridas que tanta identidad le proporcionan al grupo.

Las mujeres gitanas no deben tener trato con lo que ellos llaman “criollos”, se debe evitar que establezcan lazos amorosos que luego no se puedan cortar, pero los hombres sí pueden tomar en matrimonio a una mujer que no es gitana, a la que llaman “paya”, siempre y cuando ella se incorpore a la vida y costumbres de su esposo.

Su cultura enmarca los lazos de pareja dentro de lo que se llama linaje o afiliación patrilineal, es decir, siempre de la mano y a sugerencia o aceptación del padre. Antes que la familia de la mujer conceda a su hija a manos de su futuro marido, éste debe pagar una dote o dinero, que se la considera una indemnización por haberse llevado a la respectiva novia.

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Manos «mágicas»

Durante siglos se ha relacionado a las mujeres gitanas con el ámbito esotérico, la magia, las maldiciones y los rituales en forma de brujería. Aún hoy muchas de ellas insisten en estas prácticas y se presentan como poseedoras de poderes. Conjuros, trabajos para conseguir o sostener el amor de una pareja y, sobre todo, la perla del postre, adivinar el futuro con la lectura de las manos” son todavía resabios de tiempos en que las gitanas se empoderaban como hechiceras.

El deseo profundo de quién lo practique, cuanto más intenso sea, más posibilidad habrá de que el hechizo se concrete. Utilizan para ello elementos naturales, no objetos transformados, porque juzgan que la naturaleza de los elementos a utilizar es fundamental para obtener los resultados deseados.

Si bien con el tiempo fueron obligados a dejar sus carpas por casas para poder vivir, nunca han abandonado la costumbre de tener pocos muebles y sentarse en almohadones en lugar de en sillas, o de dormir tendidos en el suelo, ni de sentarse en bancos que construyen en sus casas para quedarse allí e interactuar con los vecinos desde sus respectivas puertas.

Hace mucho tiempo que se encuentran insertados en el país y se consideran una comunidad libre, sin dependencia laboral, sin leyes que los limiten, ni fronteras que los contengan. Jamás renunciarán a aquello que el mundo les critica: su libertad extrema y utópica. Son y serán un pueblo que en su inconsciente colectivo todavía se define nómade, y sigue instalando y levantado carpas por todo territorio que los cobije, a cambio de más no sea que una “lectura de manos” .

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