Germán Delfino, entre el árbitro y el periodista

Tiempo estimado de lectura: 8 minutos Germán Delfino, árbitro de la primera división del fútbol argentino, revoluciona las redes desde el rol de periodista con sus vivos de Instagram.

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Tiempo estimado de lectura: 8 minutos

Por Julio Jerusewich (jjerusewich@hotmail.com)

Germán Delfino, uno de los árbitros de primera división del fútbol argentino, inició un ciclo de entrevistas en formato de vivo en Instagram. Con un buen promedio de público, ya pusieron su cara frente al celular el comediante y conductor Sebastián Wainraich y los periodistas Juan Cortese, Tato Aguilera, Fabián Godoy y Ángela Lerena.

El mano a mano con Diego Díaz, conductor de Superfútbol en TyC Sports, superó las dos horas de duración. La atmósfera de soltura fue tal que se naturalizó el cambio constante de roles. De a ratos Díaz parecía el entrevistador, después el árbitro retomaba el mando con otra pregunta, a la que seguía una nueva repregunta.   

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Árbitro y entrevistador 

¿Cómo surgió la idea de hacer los vivos en Instagram?

Surgió de casualidad, pese a que yo estudié periodismo deportivo. No tengo el título porque me faltó rendir dos materias. Sucedió que Damian Siano, el traumatólogo con el que me atiendo, comenzó con sus vivos en Instagram y fue el que me influyó para arrancar. Hicimos uno y eso me terminó de motivar.

Di el primer paso con Claudia Umpiérrez, colega y amiga uruguaya que fue la primera mujer en impartir justicia en un Mundial de hombres en Sudamérica, certamen en el que fue mi compañera porque yo estuve en el VAR. Luego continué los mano a mano con mucha gente del ambiente con la que tengo buena relación.

¿Se lo preguntó mucho, tomando en cuenta los prejuicios que circulan en el ambiente del fútbol?

No me interesa si alguien le molesta o se ofende por lo que estoy haciendo. Es decir, a esta altura ya no me importa porque es un pasatiempo, no le hago mal a nadie. Charlo de la vida y, sobre todo lo disfruto, sin cuestiones polémicas. Tengo en mente hacer varios más.

Historias antes que polémica

A diferencia de lo que sucede en la cancha, acá los personajes se abren a contar muchas historias y surgen conceptos ricos.

Con muchos tengo buena onda, y por ende, confianza, aunque no soy amigo de ninguno, excepto de Juan (Cortese) y de Claudia (Umpiérrez). Creo que lo que entra en juego es el aprecio. Entiendo que esa es la razón para aceptar la conversación. También es clave que aún no sea tan masivo. Más allá de que hoy en día de cualquier lado pueden sacar un titular, todos se prestan para charlar de manera muy amena. Me parece importante escuchar a quien estás entrevistando y poder repreguntar. Requiere atención de mi parte y genera valoración por la repregunta, significa que estás escuchando. De hecho, es poca la cantidad de preguntas que preparo. Prefiero desandar la nota de manera espontánea.

Cuando dialogó con Fabian Godoy, mencionó Hablemos de Fútbol como uno de esos programas que solía mirar y admirar. ¿Es el perfil que busca con sus vivos?

Sí, lo que pretendo es cero polémica. Por ejemplo, en el vivo que hice con Diego Ripoll no le iba a preguntar por Cabito, sabiendo que entre ambos la relación terminó mal. Lo mismo en el caso de Marcelo Benedetto, tampoco le hubiera preguntado si Mariano Closs es mejor que Sebastián Vignolo. Buscar eso no tiene sentido. Más bien, pretendo hablar de las vivencias del fútbol. Cosas que la gente desconoce y le van a interesar.

Tuve la suerte de estar invitado en Hablemos de Fútbol en una oportunidad. Me gustó porque era un programa serio en el que se analizaba el juego al margen de alguna decisión arbitral, que no era el eje que trazaba el estilo que tenían. Hoy hay cada vez menos opciones como esas.

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Romance con el periodismo

Viajemos al Germán adolescente: ¿cómo nació la relación que tiene con la radio?

De chico escuchaba bastante. Uno de los programas que escuchaba era Por Deporte, que conducía Víctor Hugo los sábados (Radio Continental). Incluso atesoro el recuerdo de haberme ganado una bicicleta. Ya de grande tuve una pequeña participación en radio, en Banfield, cuando iba con un amigo de mi viejo que es fotógrafo y cubre canchas de zona sur.

Eso fue antes de empezar a cursar periodismo, que fue cuando conocí la dimensión de lo que era estar en una radio al tener nuestro programa. Se llamaba El semillero del círculo y se emitía por AM 1220. Conducía Anselmo Marini, nuestro profesor de radio por aquel entonces. En ese contexto conocí a Juan Cortese y también a Tato Aguilera, pese a que con él compartí menos por estar en diferentes cursos.

¿Alguna vez el árbitro le ganó al periodista en la decisión final?

El periodismo lo estudié, me gustaba mucho; pero en el arbitraje, al mismo tiempo, comencé con las prácticas enseguida, mientras estaba haciendo el curso. Iba a torneos y de alguna manera ya estaba dentro de la cancha. El arbitraje me fue envolviendo hasta convertirse en una pasión. El periodismo me significaba algo más teórico.

No obstante, me siento capacitado para ejercer periodismo. Sigo aprendiendo cada día, pero siento que tengo herramientas para poder desenvolverme. En un futuro será un camino que pueda tomar. Por lo pronto, esto de los vivos de Instagram me divierte mucho. Y como están dadas las cosas, con esta cuarentena que viene para largo, voy a tener que echar mano de periodistas amigos para que me pasen agendas de protagonistas.

El oficio de ser árbitro

Horacio Elizondo señala en Un hombre justo (Ediciones al arco, 2010), el libro de Marcelo Maller, que en su grupo de trabajo, al final de cada partido cabían los reproches, con dureza en caso de equivocaciones, si bien luego se suavizaban hablando. ¿Qué dice su experiencia al respecto?

Jamás me agarré de esa forma con un asistente. Sí te puedo decir que hay mucho diálogo, hay cada vez más planificación. Lo que pasa es que el error forma parte del juego. A nadie le gusta equivocarse; ni a mí cobrar un penal inexistente, ni a ellos pasar por alto un fuera de juego.

Tengo una excelente relación con mis equipos. Trato de ser lo más compañero posible para crear una confianza que nos permita comunicarnos permanentemente. Excepto en alguna situación que estén distraídos, hay algún que otro pedido de atención tanto de mí hacia ellos como de ellos hacia mí, pero es extraño dado el alto nivel de tensión con el que trabajamos.

En el mismo libro, Elizondo cuenta que siempre se valió de sus méritos para llegar a sus logros, descartando de plano cualquier injerencia extra. ¿Qué hay de cierto en eso del 50 y 50, acerca de cómo deben manejarse entre su nivel y las relaciones políticas?

Mi carrera la construí dejando todo en cada entrenamiento, en cada partido, aprovechando cada momento con las enseñanzas de los profesores de turno. A mí me tocó un momento bravo en la B Metropolitana (tercera categoría de AFA). Estaba Jorge Romo al frente del Colegio de Árbitros, y era él quien designaba los partidos. En ese momento, yo expulsaba muchos jugadores, e imagino que muchos dirigentes no estarían muy contentos, pero la realidad es que tenía un estilo. Pienso en eso, que se precisa todo estilo de árbitros. Ellos consideraban que estaba medio loco, pero no me importaba nada. Con el paso de los años, cada uno escribe su historia.

Para disputar competencias internacionales de la magnitud de un Mundial, dependés de muchos factores: la suerte de estar en el momento justo, que la selección argentina no avance, que se den los cruces indicados, que no haya duelos entre países involucrados que puedan levantar sospechas. Por caso, un árbitro argentino, en principio no podría dirigir a Inglaterra, y un árbitro inglés no podría estar jugando en un partido de nuestro país, por esas cuestiones políticas que están en juego.

¿Hasta qué punto en un partido existen jugadores que puedan tirar más de la soga a partir de sus personalidades? Como Brian Sarmiento, que en un partido contra Boca le reclamó a Néstor Pitana que pare de cobrarle faltas cerca del área, insulto añadido mediante.

Siempre preparamos los partidos atendiendo ítems como jugadores con mayor trayectoria, que son más complicados de llevar. Aquellos con los que tenés más relación. Después, dentro del campo de juego, depende de cómo se den las acciones. Si me pasa una situación así, no insulto a nadie. Si escucho una puteada y lo engancho, no lo perdono. Subrayo lo de captar en el momento justo el insulto porque resulta difícil a veces entre lo que se habla por el intercomunicador y el ambiente de las tribunas.

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Soy un árbitro que se puede enojar pero de ninguna manera faltar el respeto porque no hablo así, por lo que el jugador no tiene abierta esa puerta para hablar con esos modos. He sacado unas cuantas rojas por insultos, porque tengo un oído casi biónico, y cuando percibo un insulto no suelo pasarlo por alto.

El VAR en la región

¿Cómo evalúa la inserción del árbitro asistente de video (VAR, por sus siglas en inglés) en Sudamérica?

Soy recontra pro VAR. Me parece una herramienta fantástica. Tuve una capacitación el año pasado, antes de la Copa America (Brasil), que continuó en Chile. Luego me tocó estar en la Copa Libertadores desde la cabina del VAR. Después, por suerte, toda esa intensidad tuvo sus frutos, porque fui designado para el Mundial masculino sub 17 del año pasado en Brasilia.

¿Qué falta para dinamizar el juego de manera que no haya tanta demora en las resoluciones de las jugadas?

Hay que entender que hablamos de una innovación. En Europa, las ligas lo tienen hace un largo tiempo, por lo que gozan de más horas de vuelo, y es allí donde radica la diferencia. Tampoco se pierde tanto tiempo en Sudamérica. Pasa que a veces hay jugadas complejas que no son fáciles de resolver y requieren más detenimiento en el análisis, tomar en cuenta el protocolo, hasta encontrar la evidencia como para que el árbitro tome una decisión justa.

Se va ir puliendo con el tiempo. Es a través de la práctica que los árbitros de VAR serán más rápidos y más precisos, pese a que esta herramienta no garantiza el cien por cien de eficacia porque hay muchas acciones que quedan libradas a la interpretación. Hay mucha subjetividad, pero los errores groseros, como goles con la mano, goles en off side, expulsiones groseras, muy rara vez van a suceder con el VAR como respaldo.

Bonus track

¿Qué metas tiene de cara al futuro?

Me hubiese gustado haber aprendido mucho mejor el inglés. No le di mucha cabida durante el secundario. El año pasado fui al Mundial sub-17, que fue mi primera vez en una competencia FIFA, y allí me percaté de que saber inglés es clave, más allá de que el del arbitraje es básico y aplicado al reglamento. Entendí mucho porque antes estuve estudiando de forma particular, pero no me sentí con la fluidez para mostrarme un poco más. Ojalá algún día me ponga las pilas y lo aprenda, porque es útil para los viajes, por ejemplo.

Por otra parte, me atrapa la parte docente de mi profesión. Hasta el año pasado estaba en la escuela de nuestro sindicato (AAA) dando clases de práctica de arbitraje. Me siento bien transfiriendo mis experiencias, aportando mi grano de arena a la nuevas generaciones.

¿Hay alguna historia escondida que merezca ser contada?

Cerca de 1998, cuando daba los primeros pasos en la profesión, fui a arbitrar junto con un compañero una final de los Juegos Bonaerenses en la cancha de Villa Dálmine, en Campana. Habíamos estado todo el torneo, que se había jugado en distintas canchas de los barrios, pero por una cuestión de seguridad, la final se jugó allí.

Al finalizar el partido, uno de los jugadores me aplaudió en la cara, y en ese momento lo sentí como un acto ofensivo. Le saqué roja directa y él me lanzó una piña, entonces tuve una mala reacción y, lógico, se armó la famosa hecatombe. Además, el padre, que era el DT de su equipo, había saltado desde la platea porque también lo había expulsado antes. Por suerte, no hubo nadie lastimado de manera grave. Éramos muy pibes. Ese chico habrá tenido entre 17 y 18 años, y yo, 20. En ese momento estaba convencido de haberle sacado la roja, aunque la realidad es que nunca sabré la verdad.

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