Germán Chiodi: “Logramos derribar el prejuicio sobre los neuropsiquiátricos”

Mediante la proyección del material audiovisual creado en el taller, la comunidad descubre el lado humano, artístico y desconocido de los internos.

Por Mirtha Caré (eme.elcafediario@gmail.com)

En esta segunda parte continuamos conversando con el cineasta, quien nos relata detalles de su trabajo en Open Door.

¿Qué es lo que se trabaja en el taller?

Trabajamos todas las áreas de la producción audiovisual, que son la preproducción, dónde se construye el guión, dónde se graba el rodaje, cómo se hace la posproducción, qué es la edición, y como producto final tenés la exhibición. La exhibición también es parte del proceso, entonces hay que proyectar lo que se hizo, ya sea en un cine en Luján, en Open Door, o en el mismo hospital, para que el público lo vea y ellos se vean.

Los primeros años, cuando hacíamos esas proyecciones, teníamos mucha repercusión tanto por parte de los profesionales de la salud como de los mismos hacedores, eso hizo que se apueste a una película. Cada vez que presentamos una escena de la película, gusta más.

Escena a escena

O sea que se va presentando por escenas…

De entrada hicimos un videoclip, un programa de cocina, y eso lo compartimos con la comunidad hospitalaria. Después hicimos proyecciones en otros lugares, en las comunidades, en plazas públicas… y la comunidad se interesa, pregunta, cuestiona; porque el hospital Open Door no está bien visto. Cuando uno dice “es un neuropsiquiátrico”, hay mucho imaginario.

La exhibición del trabajo que realizamos junto a los pacientes también es parte del proceso, por eso hay que proyectar lo que ellos han podido hacer y lo que hemos hecho junto a ellos”

Yo he transitado por varios neuropsiquiátricos por las prácticas de psicología y me parece que son todos iguales, porque es una dinámica que se repite como institución de encierro. Y en ese sentido, como dispositivo de encierro… La cárcel de acá es la misma que la de allá, lo que sucede adentro también y Open Door es eso, es lo mismo que otros neuropsiquiátricos, aunque no sé si es tanto como el imaginario popular lo presenta.

¿Por qué cree usted que es así?

A veces falta presupuesto para sostener tremenda edificación y ahí obviamente se empobrece el ambiente, el clima, se torna todo mucho más hostil y difícil de contener.

Pero lo que hemos notado es que a través del audiovisual, de las proyecciones en la comunidad, hemos podido registrar un neuropsiquiátrico diferente, otra faceta de Open Door, no sé si el otro lado –porque no tiene sólo dos lados, depende de dónde lo mires–, pero hemos mostrado otro lugar donde el paciente no es el violento. Y que la psicosis no es peligrosa, violenta…

A través del producto audiovisual, de las proyecciones que se van realizado en la comunidad, hemos podido registrar un neuropsiquiátrico diferente al que evoca el imaginario popular”

Digo, es como todo, la neurosis. En las sociedades neuróticas también hay violentos, asesinos, y perversos. En la calle, gobernando… Y un montón de cuestiones. A medida que nosotros vamos proyectando en la comunidad lo que producen los compañeros en el hospital, se puede ver otra cara, muchísimo más humana.

La paradoja del arte y la psicología

Antes mencionó que la relación entre la psicología y el arte a veces se torna paradójica, ¿cómo es eso?

Lo que pasa es que, por un lado, tenemos que externar pacientes, pero por el otro, el objetivo del taller es hacer una película. Esto lo cuento en un artículo que escribí para un libro que se llama ‘Después de los manicomios, clínicas insurgentes‘, que son relatos surgidos de las experiencias y trabajos que el equipo de salud fue realizando en el hospital. Esta compilación fue supervisada por el Licenciado en Psicología Marcelo Percia, impulsor del programa.

Ahí yo cuento una experiencia sobre esta relación que a veces se torna paradójica. Un jueves, cuando llegamos al hospital, nos estaba esperando el psiquiatra del pabellón para decirnos que habían externado al protagonista, esto significaba que nos quedábamos sin película.

Todavía faltaban grabar escenas y no podíamos decirle al paciente que vuelva al hospital cuando nosotros estamos trabajando para que se vayan. Esto me enojó bastante pero no podía hacer nada. Está bien, hay que externar al paciente.

Nos ocurre que por un lado tenemos que externar pacientes, pero por el otro, el objetivo del taller es hacer una película”

¿Qué pensó entonces?

Cuando salí me puse a reflexionar y recordé los primeros años del taller; cuando planteábamos la actividad íbamos con música y demás, y cuando terminábamos muchos se nos acercaban y nos decían que nosotros al final los veníamos a divertir y nos íbamos. Y claro, nosotros nos íbamos y ellos se quedaban internados y ese reclamo estuvo en varios pabellones.

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En la puesta en escena se unen todas las subjetividades y las responsabilidades para construir algo en común

Y ese día, cuando recibí la noticia, lo primero que recordé fue que, desde que iniciamos los talleres, lo primero que hacemos es entrar al pabellón y empezar a despertar a los compañeros, porque están tirados por la medicación o porque tuvieron una noche complicada, entonces, los levantamos y los invitamos a participar.

Sandro y los de Fuego

¿Tiene alguna anécdota para contar?

Recuerdo que una vez entré y me encontré con varios a los que tenía que levantar, pero el protagonista de la película estaba en el baño peinándose y cantando una canción de Sandro –porque la película trata de Sandro y demás–, y con ropa nueva; eso me llamó la atención.

Detrás de él también había otros participantes que se estaban arreglando, preparándose para el taller; cuando yo vi esa escena me di cuenta de que se estaban empezando a despertar las subjetividades.

Una vez me encontré con varios compañeros a los que tenía que levantar, pero el protagonista de la película estaba en el baño peinándose y cantando una canción de Sandro y con ropa nueva; cuando vi esa escena me di cuenta de que se despertaban las subjetividades”

Recuperar e incluir. Más importante que entretener…

Cuando salí de aquella reunión en la que me dijeron que habían externado al protagonista, recordé este reclamo de que los divertíamos y después nos íbamos. Y lo primero que se me cruzó fue esto, que ahora los que se van, habiéndose divertido o no, son ellos, y los que nos quedamos adentro somos nosotros…

Y ahí es donde yo me puse pensar: ¿estaremos entreteniendo a los pacientes? Y con ese interrogante mismo es con el que siempre nos cuestionamos nuestro rol, para no caer en el asistencialismo ni en el entretenimiento, porque me parece que va más allá.

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