Georgina Orellano: «Visibilizo el trabajo sexual para ayudar a mis colegas»

Tiempo estimado de lectura: 4 minutos Georgina Orellano muestra la trastienda del trabajo sexual en Instagram y responde preguntas sin pudor. La repercusión que tiene al difundirlo es masiva.

Tiempo estimado de lectura: 4 minutos

Por Sabina Nallim (rnallim@hotmail.com)

Georgina Orellano lleva 15 años ejerciendo el trabajo sexual y milita por los derechos de lxs trabajodorxs sexuales. Se define como «puta, feminista y peronista». Además, es madre y Secretaria General Nacional de AMMAR (Asociación de Mujeres Meretrices de Argentina). Exige a los abolicionistas que el trabajo sexual sea debidamente regulado, y sostiene la necesidad de diferenciar la autonomía del sexo, de la trata de personas con fines de explotación.

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Georgina Orellano extiende su lucha por el trabajo sexual a las redes sociales.

Instagram como plataforma de acción

En sus historias de Instagram se puede ver el día a día del trabajo de Georgina Orellano. Desde que llega a la esquina, las conversaciones que sostiene con los clientes, los hoteles a los que acude, e incluso cómo es planear la economía familiar con un sueldo inestable. Busca generar empatía y muestra que su rutina es más normal de lo que se suele creer: ella también se detiene a tomar café, va al supermercado después del trabajo y le cocina a su hijo.

Inicialmente planeaba mostrar sólo unos pocos momentos de su vida, pero la repercusión que tuvo fue tal, que decidió aprovechar la oportunidad. A las historias destacadas de su perfil, agrupadas en ‘Días de putas’ les sumó, entre otras, «Trabajo sexual y maternidad», «Putas y discapacidad» y «Puta contesta». En esta última, expone las preguntas que le llegan por mensaje privado. Todas se pueden ver en su perfil.

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Lxs trabajadorxs sexuales exigen salir de la clandestinidad.

Georgina cuenta que, desde que publica sus historias en Instagram, mucha gente la contacta para preguntarle qué puede hacer para ayudar a lxs trabajadorxs sexuales en sus barrios. Señala que también ha servido de motivación para que otras compañeras que realizan distintas modalidades de trabajo sexual (o que trabajan en otras zonas) compartan su realidad: «ellas entendieron que se puede hacer activismo desde las redes sociales».

Hace pocos días, como descripción de una foto, escribió: «quién iba a decir que iba a poder mostrar mi trabajo y contar públicamente que soy trabajadora sexual».

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En Instagram, Georgina Orellano, defensora del trabajo sexual, comparte su vida.

Georgina Orellano cuenta en diálogo con El Café Diario cuál es su labor y qué tipo de respuesta recibe.

¿Por qué siente la necesidad de mostrar el trabajo sexual en las redes sociales?

La necesidad surge como una herramienta para deconstruir el imaginario social que hay alrededor de nuestro trabajo y dejar de demonizarlo. Quiero llevar una cuota de realidad que acerque a las personas desde un lugar de empatía, para que entiendan que somos trabajadores y trabajadoras como el resto de la clase obrera. Nuestro trabajo es mayormente desconocido y es tabú; genera morbo en muchos sectores.

«La pandemia dejó en evidencia nuestra precarización laboral y la falta de políticas públicas en nuestro sector, junto con la ausencia del Estado»

La reacción del público

¿Cuál es la reacción de la gente?

Es mayormente positiva. Recibo un montón de mensajes de gente que me agradece la información. También despierta mucho interés y me llegan varias preguntas al respecto. Trabajadores de otros rubros me cuentan sobre sus condiciones de trabajo: que son explotados, que no llegan a fin de mes… Y ahí se ve que el imaginario de la trabajadora sexual explotada no es correcto. Las malas condiciones laborales nos atraviesan a todos.

«El imaginario de la trabajadora sexual explotada no es correcto, las malas condiciones laborales nos atraviesan a todos»

¿Cómo ha repercutido la pandemia en lxs trabajadorxs sexuales?

La pandemia ha dejado en evidencia nuestra precarización laboral y la falta de políticas públicas en nuestro sector, junto con la ausencia del Estado. Al no poder trabajar, no contamos con ingresos económicos, de ahí la imposibilidad de pagar un alquiler o comprar comida. La pandemia nos acorraló en una situación desesperante. Desde AMMAR tuvimos que afrontar las demandas que nos llegaban todos los días. Compañeras que no tenían para comer o que eran desalojadas, trabajadorxs sexuales que son población de riesgo y tenían que hacer fila en un comedor comunitario para poder comer una vez por día, etcétera.

«Como colectivo, exigimos el reconocimiento del trabajo sexual como trabajo; si bien no es un delito, los ambientes donde trabajamos son sumamente hostiles»

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Como colectivo, AMMAR insiste en que el trabajo sexual sea reconocido como trabajo.

¿Cuáles son las principales demandas de las trabajadoras sexuales?

Como colectivo, exigimos el reconocimiento del trabajo sexual como trabajo. Si bien no es un delito, los ambientes donde trabajamos son sumamente hostiles. Hay normativas punitivas que lo único que logran es que nos hostiguen o tengamos que pagar coimas para poder trabajar tranquilas. El reconocimiento nos daría la posibilidad de tener un monotributo, una obra social, aportes jubilatorios y tener una herramienta legal para salir de todas estas situaciones que atravesamos día a día.

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